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Curioso. El otro día comentaba aquella cita de Slavoj Zizek, en la que se preguntaba por el sentido de la ética en estos tiempos en que un fármaco puede hacer de nosotros seres más valientes, más lúcidos y más generosos. Un par de días después fallece un escritor llamado Stanislav Lem, yo me pongo a repasar los libros de este señor que conservo en mi biblioteca digital de libros robados, y me topo con este medicamento fantástico:
"ALTRUICINA: Preparado psicotransmisivo, destinado para todos los albuminosos. Produce la generalización de todas las sensaciones, emociones y vivencias de aquellos que las sienten en directo, encontrándose a una distancia no mayor de 500 codos de otras personas. Basado en el principio de la telepatía, no transmite, bajo garantía, ningún pensamiento. No actúa en los robots y las plantas. La intensidad de las sensaciones del individuo emisor se acrecienta gracias a su retransmisión secundaria por los receptores, siendo directamente proporcional a la cantidad de estos últimos. De acuerdo con el concepto de su inventor, la ALTRUICINA debe introducir en las sociedades el espíritu de fraternidad, comunión y amor, ya que los vecinos de una persona feliz son también felices, tanto más cuanto que lo es ella. Por lo tanto, desean a dicha persona una felicidad mayor todavía y, como lo hacen en su propio interés, sus deseos son fervientes y sinceros. Si alguien sufre, se precipitan a ayudarle para librarse a sí mismos de un sufrimiento inducido. Muros, paredes, hacinas y otros obstáculos materiales no debilitan la acción altruista. El preparado es soluble en agua; se lo puede introducir en la red de distribución urbana, ríos, pozos, etc. Un milimicrogramo es suficiente para una comunidad compuesta de cien mil individuos. No se asume responsabilidad alguna por resultados no coincidentes con las tesis del inventor. Por el representante de la Fase Sup. de Des.
Omnipotenciadora Ultimativa"
Esta droga la describe así Lem en su obra Ciberiada.
No llegan a tanto los fármacos de Zizek, pero yo me iría preparando. Poco puede sorprendernos ya la ciencia ficción: ha imaginado todo lo posible. De hecho, a veces parece que la realidad se haya convertido en un simple subgénero de la Sci-Fi. Pero volviendo a estas drogas literarias, es obligatorio recordar a Philip K. Dick, que también las imaginó en abundancia. Este asunto se lo dejo a mi amigo Portnoy, que es más ducho en estos temas. (Me refiero a ciencia ficción, no a las drogas. Vamos, creo...)
Vale.
"Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido y más generoso, ¿en qué queda la ética?"
Slavoj Zizek