Se muestran los artículos pertenecientes al tema Vila-Matas.

17/05/2008

Espejos

 


Animado por las palabras de Vila-Matas, me he decidido a (re)leer "El arte de la fuga", de Sergio Pitol. Aunque no es tan popular como otros autores latinoamericanos de su generación (o de la inmediatamente anterior), creo que casi ninguno tiene la vigencia y la influencia de este hombre. Al menos, en la literatura que hoy por hoy me parece más prometedora y la que más interesantes caminos puede abrir en un futuro próximo. "El arte de la fuga" se mueve en el ámbito de esa "no ficción" que tanto desconcierta a muchos contemporáneos. De él he leído que atraviesa una etapa de su carrera en la que ha abandonado la novela en favor de una combinación de autobiografía, ensayo y ficción, que repite el mismo libro, que es un excéntrico, un heterodoxo... (sin ir más lejos, los del Cervantes se lían al catalogar "El arte de la fuga" como ensayo y la "Trilogía de la memoria", que incluye a la anterior, como narrativa). Modestamente, creo que la suya es la novela del siglo XXI. O al menos abre caminos para los escritores del siglo XXI. No en vano entre sus "discípulos" (y perdón si la palabra no es la justa) se cuenta gente como Bolaño o Vila-Matas, para quien Pitol es "el mejor escritor vivo en lengua castellana". No sé si es exacto, pero leyendo "El arte de la fuga" lo parece.

Por cierto, Anagrama (cómo no) ha publicado su "Trilogía de la memoria" (El arte de la fuga , El viaje, El mago de Viena) en una asequible edición de bolsillo que espero acudáis a comprar en cuanto acabéis de leer estas líneas, si es que hay algún insensato que esté perdiendo el tiempo leyéndome a mí (qué lástima) en lugar de dedicar su tiempo a los Bolaños o Pitoles del mundo. 


Y entrando en el terreno de la anécdota, que mi frivolidad me impide eludir, he leído en ese libro un pasaje curioso que recuerda a cierto episodio narrado por don Enrique el lunes pasado

A finales de 1968 dejé la embajada de México en Belgrado, donde desempeñaba mi primer cargo diplomático. Me resistí a seguir colaborando con el gobierno mexicano después de Tlatelolco. Regresé a México y encontré la atmósfera irrespirable. Una amiga prometió ayudarme a obtener un trabajo en Londres como traductor en The Economist, que estaba por iniciar su publicación en español. Era casi seguro que comenzara a trabajar en octubre. Podría pasar el verano en Polonia invitado por Zofia Szleyen. La asistencia a un coloquio sobre Conrad, creía yo, me permitiría obtener la visa. Hice una escala en Barcelona para entregar la traducción de Cosmos, de Gombrowicz, a la editorial Seix Barral. La llevaba casi terminada; pensé que sería cosa de trabajar sólo un par de semanas más. El 20 de junio de 1969, a medianoche, llegué a Barcelona por la estación de Francia. Desconocía la ciudad. Le pedí a un taxista que me recomendara un hotel agradable de poco precio, me puso uno por la nubes que resultó ser un hostal en el rumbo de Escudillers. Pensaba esperar allí un dinero enviado de México para continuar mi viaje, así como también la invitación para el coloquio en Varsovia, o la privada de mi amiga Zofia, sin alguna de las cuales no podría recibir el visado polaco. En vez de las tres semanas que preveía pasar en Barcelona me quedé tres años[...]


Pitol estuvo en Barcelona hasta 1972, pajareando entre los ambientes literarios y la "gauche-divine", hasta que marchó a Varsovia como agregado cultural de la embajada de México. Al año siguiente, Vila Matas marchó a esa misma ciudad (como escala, dice, de un accidentado viaje a Alejandría que emprendió con una amante de Durrell) y, en un episodio similar al anterior, se quedó varado en la casa polaca de Sergio Pitol durante un tiempo que fue más que provechoso, como cuenta según la cita que recoge el Moleskine literario:

"Cuando conocí a Sergio, en Varsovia, yo tenía 25 años, y en España ningún escritor de su categoría me concedía un minuto ni me dedicaba tiempo para hablarme de literatura. Así que el magisterio de Sergio se dio, desde el primer momento, en la conversación en la sobremesa en su casa de Varsovia, a mi paso por esa ciudad (...) Fui a Varsovia inocentemente y me convertí en escritor gracias a Pitol y mi afición definitiva por la cultura la produjo el propio Sergio".


Empiezo a sospechar que Dios es Borges o vicecersa.


Vila-Matas, premiado, por Sergio  Pitol
Sergio, un escritor que baila en el abismo, por Enrique Vila-Matas

Cronología de Sergio Pitol
 

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17/05/2008 02:27 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Vila-Matas Hay 5 comentarios.

14/05/2008

Lo de menos es la trama




Ayer recordaba Vila Matas que, según Vonnegut (?), sólo hay un puñado de buenos argumentos en literatura*:

Alguien se mete en un lío y luego sale de él;
alguien pierde algo y lo recupera;
alguien es víctima de una injusticia y se venga;
Cenicienta;
alguien empieza a ir cuesta abajo y así continúa;
dos se enamoran, y mucha gente se entromete;
una persona virtuosa es acusada falsamente de haber pecado;
se cree que una persona pecadora es virtuosa;
una persona se enfrenta a un desafío con valentía, y tiene éxito o fracasa;
una persona miente,
una persona roba,
una persona mata,
una persona fornica.

(Saqueado de Máquina de coser palabras)

 

Claro que Vonnegut alteró la cita de Vila-Matas levemente (sí... ¿o fue Satie?) y le quitaba un "etcétera" final que para mi gusto sobra. De eso se trata.


---

*No sé si la cita de la cita es exacta, pero aquí jugamos todos.

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14/05/2008 00:02 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Vila-Matas No hay comentarios. Comentar.

13/05/2008

Es verdad: Vila-Matas no existe

 



A pesar de la brillante demostración que Portnoy planteaba hace un tiempo, lo cierto es que Vila-Matas no existe. Lo he comprendido esta tarde, tras haber escuchado al inexistente durante cerca de una hora en la fundación Juan March. Lleva meses conferenciando por las españas para demostrar su inexistencia, y hoy le tocaba Madrid, donde por casualidad y por vicio me encuentro. Mañana (¿hoy?) más. Dos charlas por una.

Es increíble los pocos entusiasmos que despierta este señor. Ni un aplauso a su llegada, ni una adolescente arrojándose desnuda en sus brazos al final, apenas cuatro o cinco espectadores grises en pos de una breve conversación de postre. Incomprensible, para ser el autor paisano que más se merece lecturas y relecturas. Será porque no existe. Suerte: no se cebarán en él los buitres. No hay mal que por bien no venga.

En realidad se llama Erik Satie, como todo el mundo. Ha titulado su conferencia "Intertextualidad y metaliteratura" para ahuyentar a ciertas almas, aunque no ha tardado en afirmar que eso de la metaliteratura no existe. Como Erik Satie. Claro, la literatura que no es metaliteratura lo es sin saberlo. No se construye de la nada. Cuando uno lo sabe, entonces es capaz de escribir como Satie. Aunque sea a costa de comprender que todos los recuerdos son literarios y la voz propia otras voces. Pero al saberlo uno hace suyas las citas, las transforma, funde su literatura con la de los otros y amplia el sentido de las palabras, sean de quien sean. La suya es, dice, una poética de la simulación.

A ver si esta tarde (¿mañana?) me entero de quién es el que ha estado disertando durante una hora.

Y si es cierto lo que anuncian los de la March ("audio disponible al finalizar el ciclo"), prometo traer la voz de Erik Satie. A ver si alguien descubre de quién se trata.

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13/05/2008 00:16 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Vila-Matas Hay 3 comentarios.

15/11/2007

Los libros malos



 

70) En el primero de los fragmentos que Derain me envía de Schopenhauer se dice que los especialistas jamás pueden ser talentos de primer orden. Entiendo que Derain cree que me considero un especialista en bartlebys y pretende minar mi moral. «Los talentos de primer orden —escribe Schopenhauer— jamás serán especialistas. La existencia, en su conjunto, se ofrece a ellos como un problema a resolver, y a cada uno presentará la humanidad, bajo una u otra forma, horizontes nuevos. Sólo puede merecer el nombre de genio aquel que toma lo grande, lo esencial y lo general por tema de sus trabajos, y no el que pasa su vida en explicar alguna relación especial de cosas entre sí.»

¿Y bien? ¿Quién teme a Schopenhauer? ¿Y quién ha dicho que yo pretenda ser especialista en síndromes de Bartleby? Así que para mí el fragmento de Schopenhauer es inofensivo. Es más, no puedo estar más de acuerdo con lo que expresa. De especialista no tengo yo nada, soy un rastreador de bartlebys. En cuanto al segundo fragmento que me envía Derain, lo mismo: le doy toda la razón al pensador. Es más, me concede la oportunidad de hablar de un mal de raíz opuesta a la del síndrome de Bartleby, pero no por ello menos interesante de tratar. Un mal en el que, por cierto, me parece que Schopenhauer era un buen especialista. Ese mal al que él se refiere es el que destilan los malos libros, esos libros horrorosos que en todas las épocas han abundado: «Los libros malos son un veneno intelectual que destruye el espíritu. Y porque la mayoría de las personas, en lugar de leer lo mejor que se ha producido en las diferentes épocas, se reduce a leer las últimas novedades, los escritores se reducen al círculo estrecho de las ideas en circulación, y el público se hunde cada vez más profundamente en su propio fango.

Bartleby y compañía. Enrique Vila-Matas


 

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15/11/2007 00:15 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Vila-Matas Hay 3 comentarios.

17/04/2006

Syllabus

"Uno de mis cuentos preferidos es Syllabus, breve narración de Juan Benet en la que se observan ciertas conexiones fortuitas con el paradigmático Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. En el cuento de Benet nos encontramos con el profesor Canals, brillante catedrático jubilado, que da un ciclo de conferencias a sus incondicionales y exhibe en ellas desparpajo, inteligencia y erudición, hasta que observa que algo está fallando en medio de su luminoso paseo triunfal: un joven prematuramente calvo y de pelo rubicundo que toma asiento siempre en una silla separada del resto del auditorio sigue sus disertaciones con un ademán de insolente desdén e indiferencia por lo que allí se dice. Poco a poco veremos cómo, en su afán de captar casi exclusivamente la admiración del joven insolente, el profesor Canals va adaptando su discurso al díscolo e indiferente oyente, que jamás cambia de actitud; es más, el joven abandona las conferencias antes de que éstas terminen. Un día, el de la última disertación del ciclo, el preocupado profesor Canals dirige todas sus ideas y palabras exclusivamente al joven impasible; es decir, traiciona todos sus saberes y, tratando de evitar que una vez más el indiferente abandone la sala antes de tiempo, lee y dicta lo que cree que el díscolo y silencioso joven quiere oír. Y el fracaso de Canals aún se hace mayor, más estrepitoso. Porque el joven acaba levantándose con flema y, tras dirigirle al profesor una mirada cargada con su mejor menosprecio, abandona el local sigilosamente en el momento en que el conferenciante se estaba incorporando en su asiento en un último e inútil intento de retener al implacable joven esquivo.[...]"

Enrique Vila-Matas

(Sigue en El país)

17/04/2006 08:37 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Vila-Matas No hay comentarios. Comentar.


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