Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mann.

25/01/2007

Schiller según Mann

 



He encontrado en la Red este relato de Thomas Mann: Horas penosas. El protagonista no es otro que el poeta alemán Schiller, aunque asoma por ahí el fantasma del inevitable Goethe. No es la única vez que Mann recurrió a estos autores para novelar el drama del creador. Los encontramos, en especial al segundo, en "Doktor Faustus", que citábamos el otro día, y en especial en "Carlota en Weimar", novela que gira en torno a la figura de Goethe. Y digo bien, porque en ella asistimos a una serie de conversaciones protagonizadas por Carlota, en las que se va trazando la figura del gran poeta, en una suerte de espiral que va descendiendo y aproximándose cada vez más a él, pintando un retrato completísimo de forma indirecta y muy original. En este relato escoge un enfoque distinto, y se lanza directo hasta el poeta, hasta su conciencia, llegando a recordar en ciertos momentos al Virgilio de Broch. Claro que se trata de un relato más simple sin las complejidades de "La muerte de Virgilio", pero no deja de ser una visión interesantísima de la angustia del creador, de su insatisfacción, además de una aproximación a Schiller. 

Hay un fragmento que me ha llamado la atención: "Libertad... Probablemente, él entendía por libertad ni más ni menos lo mismo que ellos, cuando ellos se alborozaban. Libertad... ¿Qué significaba? ¿No sería un poco de dignidad como ciudadanos ante los tronos de los príncipes? ¿Pueden imaginarse todo lo que un espíritu se expone a decir con esta palabra? ¿Libertad de qué? ¿Libertad de qué, en último término? Tal vez, incluso de la felicidad, de la felicidad humana, esta cadena de seda, esta carga suave y dulce..."

Me recuerda a una conocida frase del Schiller real, que encierra una materia de reflexión casi inagotable: "La libertad existe tan sólo en la tierra de los sueños".

http://www.ddooss.org/articulos/cuentos/thomas_mann.htm 

 

 

25/01/2007 01:44 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann Hay 3 comentarios.

20/01/2007

Los anillos de Saturno, o El siete de Mann

 




Comenta Duquena una curiosidad acerca de "La montaña mágica", de Thomas Mann: la constante presencia del número 7 a lo largo de toda la novela.


En "El arte de la novela", Milan Kundera habla de su obsesión por este número, y de cómo forma parte de la arquitectura de sus novelas. Duquena se pregunta si será una mera casualidad que en Mann también aparezca este número (el número de las letras de los nombres de ciertos personajes, el propio nombre de mi tocayo, el tiempo que pasa Hans Castorp en el sanatorio -siete años-, los siete meses que tarda en declararse a Madame Chauchat, los siete minutos que tarda el termómetro en marcar la temperatura correcta, etc.) Pero, buscando información acerca de este asunto, he dado con un artículo de Sealtiel Alatriste en el que la presencia del siete en la obra de Mann se revela, quizá, como algo más profundo:


"Recuerda entonces un detalle nimio de
la novela con la que quiso cerrar su vida. Sobre
un piano alquilado Adrian Leverkühn
ha colgado un cuadrado de cuatro columnas
y cuatro líneas, que tiene un número diferente
en cada casilla. Era el cuadrado mágico
que aparece sobre la cabeza del misterioso
ángel de la Melancolía I de Durero. ¿Puede
todavía evocar el momento en que escribió
ese fragmento? Cómo va a olvidarlo, apenas
se le ocurrió la escena hizo que el narrador
dijera que la magia —o la curiosidad (de ese cuadrado)—
reside en el hecho de que, súmense
esas cifras como se quiera, de arriba a abajo,
de derecha a izquierda o diagonalmente,
se obtiene el mismo total de treinta y
cuatro.

No lo aclaró, pero esa cifra a su vez sumaba
siete, el número cabalístico que él imaginaba
que conectaba subterráneamente toda su vida.
Sus dos grandes novelas, para
no ir más lejos, pues si del número siete pendía
el destino de su Doktor Faustus, señalaba
al propio tiempo los siete días de una semana
que (había declarado en sus intenciones) no
serían suficientes para escribir la historia
de Hans Castorp, los siete meses que tampoco
le alcanzarían para terminarla, los siete
años incluso que, ¡Dios mío!, tampoco ser
ían suficientes para abarcar el mundo de
La montaña mágica. El siete daba razón
de los setenta años de nuestra edad, era el
siete veces siete de sus setenta y siete años,
una cábala contra el eterno dominio de los
anillos de Saturno.

Alguien lo habría notado, pero al igual
que en el grabado de Dure ro, aquel cuadrado
aritmético quería convertirse en un talismán,
en un objeto mágico que protegiera
a su héroe del poder maléfico de la melancolía.
Era una invocación de Júpiter. Aunque
Thomas Mann sospechaba que todos
esos antídotos eran un débil expediente
frente al destino real de la persona melancólica
—como Adrian Leve rkühn, como él
mismo— pues ésta se entrega, abnegada e
incondicional, a la voluntad del Mago Negro,
que de esta manera se convierte en la
principal y casi única opción para el intelectual,
el sabio, el artista."


Sealtiel Alatriste
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/1805/pdfs/104-106.pdf

 


 

 

20/01/2007 03:00 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann No hay comentarios. Comentar.

13/07/2006

Política




“-Sin embargo –contestó Augusto-, la política no es una cosa aislada, sino que se encuentra en cien relaciones con las que forma un todo y algo inseparable en el pensamiento, la fe y la opinión portadora de voluntad. Está contenida, ligada a todo lo demás, a lo moral, estético, a lo que en apariencia es sólo espiritual y filosófico; y felices los tiempos que, sin apercibirse de ella, permanecen en ese estado de inocencia en que nada ni nadie, fuera de sus estrictos adeptos, habla su idioma. En períodos tales, no políticos en apariencia, podría llamarlos períodos de latencia política, es posible amar y admirar lo bello con libertad e independencia de la política, con la que, sin embargo, se halla en una correspondencia tranquila, pero inquebrantable. Lástima que no ha sido nuestra suerte vivir en unos tiempos tan suaves y tolerantes. Los nuestros tienen una luz agria de claridad implacable, y en cada cosa, en cada cuestión humana, en cada belleza, hacen irrumpir y ponerse de manifiesto la política que le es inherente. Yo soy el último en negar que de aquí se desprende mucho dolor y pérdida, mucha separación amarga.”


Carlota en Weimar
Thomas Mann
Ed. Edhasa, 2006


...

"Carlota en Weimar surge de una anécdota en apariencia nimia, la llegada a Weimar del personaje que sirvió de inspiración a Goethe en Desventuras del joven Werther, y su posterior encuentro con el que fuera su apasionado adorador cuando éste cuenta ya setenta y siete años y se halla en la cima de su fama. Sin embargo, no son pocos los méritos y alicientes que ofrece al lector de nuestros días esta obra maestra. Por un lado, el ya célebre capítulo séptimo es recordado como uno de los más espléndidos monólogos interiores de todos los tiempos, que Francisco Ayala explicó como el buceo de Thomas Mann, "a través del alma de su criatura, en los problemas psicológicos y literarios de la creación poética" ("Prólogo" a Las cabezas trocadas). Pero además, esta novela, escrita ya en el exilio y publicada por primera vez en 1939 en Estocolmo, se ha leído a menudo como la respuesta de Mann ante la grave amenaza que para la cultura alemana suponía el totalitarismo hitleriano."


13/07/2006 23:32 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann No hay comentarios. Comentar.

11/07/2006

Una nueva generación

 




“-[...] Es grande y viejo y poco inclinado a permitir que se valore lo que viene después de él. Pero la vida continúa, no se detiene ni ante el más grande, y nosotros somos hijos de la nueva vida, una nueva generación, y no somos en manera alguna cabras sentimentales, sino más bien cabezas independientes y progresistas, con el valor de vivir su época y su gusto, y ya conocemos nuevos dioses. Conocemos y amamos pintores como los religiosos Cornelius y Overbeck, a cuyos cuadros él, yo misma se lo he oído decir, les dispararía de buena gana con la pistola, y el celestial David Caspar Friedrich, del que declara que podrían mirarse sus cuadros lo mismo al derecho que al revés. “¡Esto no prosperará!”, tronaba él, un auténtico trueno de tirano, no puede negarse, [...] dejemos que suene, con todo respeto, mientras que escribimos en nuestros libros de poesía versos de Uhland y leemos encantadas los cuentos soberbiamente fantásticos de Hoffmann.

-No conozco a esos autores –dijo Carlota fríamente-. No me dirá usted que, con toda su fantasía, alcanzan al poeta de Werther.

-No le alcanzan –replicó Adela [Schopenhauer]-, y sin embargo, ¡perdóneme la paradoja!, le superan, simplemente porque están más adelantados en el tiempo, porque representan un nuevo escalón, están más cerca de nosotros, son más nuestros análogos, porque tienen que decirnos algo más nuevo, más propio que una grandeza que se destaca con rigidez de roca ordenando y también prohibiendo a la nueva era. ¡Le ruego que no nos crea irrespetuosos! El tiempo es el que es irrespetuoso, al abandonar lo viejo y producir lo nuevo. Ciertamente que este tiempo aporta cosas más pequeñas después de lo grande. Pero son las adecuadas a él, y a nosotros sus hijos, las que viven y están presentes, las que nos afectan, y hablan con una inmediatez a la que es ajeno el respeto hacia los corazones y a los nervios de las suyas.”



Carlota en Weimar
Thomas Mann
Ed. Edhasa, 2006

 

11/07/2006 00:18 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann Hay 1 comentario.

10/07/2006

El Diletante

 




[Habla Goethe:] “El diletantismo es noble, y quien es noble es diletante. Por el contrario, es vulgar todo lo que significa gremio y especialidad y profesión. ¡Diletantismo! ¡Malditos filisteos! ¿Habéis sospechado siquiera que el diletantismo está en estrecho parentesco con lo demoníaco y con el genio, porque no se encuentra ligado y no está creado; ver una cosa con los ojos frescos, el objeto en su pureza, tal y como es, y no como quiere la tradición que uno lo vea, y no como lo ve la chusma, que de todas las cosas, tanto físicas como morales, tiene sólo una imagen de segunda mano? Porque yo pase de la poesía a las artes y de éstas a la ciencia, y la arquitectura y escultura y pintura me sean tan familiares como la Mineralogía, Botánica y Zoología, tengo que ser un diletante. ¡Déjalo! De joven deduje observando la catedral de Estrasburgo que habían pensado darle a la torre una coronación de cinco puntas, y el plano lo ha confirmado. ¿Y no iba a poder hacer iguales estudios en la Naturaleza? Como si todo no fuera un conjunto, el Todo; como si no comprendiera uno algo de esto que tiene unidad, y la Naturaleza no se abriera a uno que es, él mismo, una Naturaleza...”

Carlota en Weimar
Thomas Mann
Ed. Edhasa, 2006


10/07/2006 23:55 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann No hay comentarios. Comentar.

02/05/2006

Curioso Mann

En otro lugar discutía sobre Thomas Mann y su Aschenbach. Dejando aparte ese tema, o aplazándolo, dejo aquí cierta curiosidad que leí en un ensayito del gran novelista alemán:

«Un literato es, en pocas palabras, un inútil para cualquier actividad seria, un sujeto propenso al ensueño y la especulación, que no sólo no es útil, sino rebelde para con el Estado, y que ni siquiera tiene que poseer un entendimiento muy despejado, sino que puede ser tan lento y torpe como yo he sido siempre; aunque, eso sí, con alma infantil, inclinado al desorden, un cuentista sospechoso que no debería esperar de la sociedad -ni en realidad espera- más que un frío desdén. No obstante, la verdad es que la sociedad concede a esta clase de personas la posibilidad de alcanzar grandes honores y vivir espléndidamente.

»Yo no lo critico. Al fin y al cabo, me beneficia. Sin embargo, es contrario al orden. Esto tiene que fomentar el vicio y ser un amargo trago para la virtud.»

Thomas Mann, Sobre mí mismo


02/05/2006 12:58 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann Hay 1 comentario.


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