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Hoy he vuelto a toparme con unos versos de Virgilio de los que se saborean con placer:
Hos ego versiculos feci, tulit alter honores:
sic vos non vobis mellificatis, apes;
sic vos non vobis fertis aratra, boves;
sic vos non vobis nidificatis, aves;
sic vos non vobis vellera fertis, oves.
Me ha recordado aquellos fragmentos de la novelita "Helena o el mar de verano", del no tan bien conocido como merecería don Julián Ayesta:
"¡Qué lástima de Virgilio! Había empezado a traducir a Virgilio aquel invierno, y gracias a la ineptitud del profesor y a mi falta de voluntad no había conseguido casi nada. Sin embargo, reconocía que era un buen poeta. Por eso el bosque me lo recordaba.
Fortunate senex! Hic inter flumina nota
et fontes sacros frigus captabis opacum...
¿Qué quería decir? Cualquiera lo sabe, pero fuese lo que fuese era encantador. En la clase somnolienta de las tres de la tarde había gustado aquellas fontes sacros, y sobre todo aquel frigus tan insólito y delicioso en aquel bochorno de voces y moscas. Yo no sabía lo que era frigus, pero aun sin saberlo me refrescaba... ¡Frigus! No era ni "frescura" ni "fresco" ni "frío" ni nada de lo que el diccionario traía; era "frigus". Frigus, i más u, ese salto refrescante i-u, sin ninguna sílaba más, completamente solo en medio de los pupitres recalentados y los moscones zumbando en los cristales. Y luego esa s final como una fuente al borde del hielo, como ese ruido que hacemos ante los helados para prepararnos a su degustación. El bosque, evidentemente, estaba frigus. "Frescura" era muy largo, "fresco" poco expresivo. Estaría fresco más tarde, pero ahora todavía no. Aún quedaba rocío en los helechos y en las barrancadas orientadas al norte. Las hojas secas aún sonaban a escarcha. Sí, frigus era la palabra ideal."
[...]
"Hinc tibi, quae semper, vicino ab limite saepes
Hyblaeis apibus florem depasta salicti
saepe levi somnum suadebit inire susurro...
¿Qué es? ¿Qué importa? ¿Hace falta saber latín para no adormilarse dulcemente al inire susurro? ¡Qué ancho y qué profundo está el bosque así! Apetece vivir eternamente tumbado, muy estirado y desnudo, y que todo suceda muy lejos..."
...
Volviendo a nuestro Virgilio, copio la traducción:
"Hos ego versiculos feci, tulit alter honores:
sic vos non vobis mellificatis, apes;
sic vos non vobis fertis aratra, boves;
sic vos non vobis nidificatis, aves;
sic vos non vobis vellera fertis, oves."
“Estos versos los hice yo; otro se llevó los honores:
Así vosotras, no para vosotras, hacéis la miel, abejas;
así vosotros, no para vosotros, lleváis los arados, bueyes;
así vosotras, no para vosotras, hacéis los nidos, aves;
así vosotras, no para vosotras, lleváis los vellones, ovejas».
Dicho así, podría tratarse del himno del "negro" literario... Esta anécdota la relata y comenta Antonio Ruiz Elvira en cierto artículo cuya versión digital nos ofrece la Complutense.
(Una curiosidad, que se comenta por sí sola: "sic vos non vobis ha sido durante cerca de siglo y medio el lema del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos".)
...
Por cierto, otro que recurre a estos versos virgilianos, esta vez para mostrar unas soprendentes preocupaciones "sociales", es nada menos que el padre Feijoo, en su Teatro Crítico Universal:
"41. ¡O Cuán diferente es este siglo de los pasados! Sino es que digamos, que es muy diferente España de los demás Reinos, respecto de la Agricultura. [...] ¿Pero hay hoy gente más infeliz, que los pobres Labradores? ¿Qué especie de calamidad hay, que aquéllos no padezcan? [...] Lamentaba el gran Poeta la infausta suerte de los bueyes, que rompen la tierra con el arado sólo para beneficio ajeno: Sic vobis fertis aratra boves. Con igual propiedad podemos hoy lamentar la suerte de los hombres, que para romper la tierra usan de los bueyes; pues apenas gozan más que ellos los frutos de la tierra que cultivan. Ellos siembran, ellos aran, ellos siegan, ellos trillan; y después de hachas todas las labores, les viene otra fatiga nueva, y la más sensible de todas, que es conducir los frutos, o el valor de ellos a las casas de los poderosos, dejando en las propias la consorte, y los hijos llenos de tristeza, y bañados de lágrimas, a facie tempestatum famis."
Si se descuida se nos pone a hablar de las plusvalías, el pater, y nos monta una revolución. Pero no hay peligro, lamentablemente: el texto continúa por los derroteros de la Caridad, Lucas mediante, y la cosa queda en nada.
Pues eso, currantes. Sic vos, non vobis. En fin...
Vale.