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"No recuerdo quién preguntó en una ocasión a Maurice Barrès, ya viejo, qué deseo pediría si pudiese.
-Tener veinte años y viajar a Italia por primera vez -contestó.
El viaje a Italia, como todas las cosas vivas, está sujeto a acciones y reacciones. A veces se pasa un poco de moda... Después, sin saber bien por qué, vuelve a saltar al primer plano de la actualidad. Estos cambios serán tan absurdos como queráis, pero son reales.
Con todo, considero que la respuesta de Barrès es justa y cabal. Italia es el país de los placeres de la sensibilidad. Mientras el mundo exista el viaje a Italia será una de las obras más nobles que el hombre podrá llevar a cabo."
...
"Lo he escrito otras veces: me ha gustado y me gusta aún recorrer mundo. Llegar a una ciudad desconocida, dirigirme al hotel, tomar un baño, vestirme y salir a la calle al azar, a curiosear y a hacer de franco forastero, ha sido para mí una de las prácticas más agradables de la vida. En Italia, el método puede aplicarse sin riesgo de perder el tiempo, porque la cantidad de maravillas que contiene, en los lugares más insospechados, inesperados y recónditos, es formidable. Después, al anochecer, pienso en lo que he visto y lo describo lo más clara y sencillamente que puedo, como quien escribe a un amigo o a la familia. Y aquí lo tenéis..."
Cartas de Italia
Josep Pla
"La condesa se dedicó a recorrer de nuevo con Fabricio todos aquellos encantadores lugares de las cercanías de Grianta, tan celebrados por los viajeros: la villa Melzi, a la orilla opuesta del lago, frente al castillo y que le sirve de mirador; más arriba, el bosque sagrado de los Sfondrata, y el atrevido promontorio que separa las dos partes del lago, la de Como, tan voluptuosa, y la que corre hacia Lecco, tan severa: panorama sublime y placentero que el lugar más renombrado del mundo, la bahía de Nápoles, iguala, pero no supera. La condesa revivía con embeleso los recuerdos de su primera juventud y los comparaba a sus sensaciones actuales. El lago de Como, se decía, no está rodeado, como el de Ginebra, de grandes extensiones de terreno bien cercadas y cultivadas con arreglo a los mejores métodos, cosas que recuerdan el dinero y la especulación. Aquí no veo sino colinas de desigual altura cubiertas de arboledas plantadas al azar y que la mano del hombre no ha estropeado aún forzándolas a producir. En medio de esas colinas de formas admirables y que se precipitan hacia el lago en pendientes tan singulares, puedo revivir toda la ilusión de las descripciones de Tasso y de Ariosto. Todo aquí es noble y tierno, todo habla de amor, nada recuerda las fealdades de la civilización. Los pueblecillos situados en las faldas de las colinas quedan ocultos por magníficos árboles, sobre cuyas copas asoma la deliciosa arquitectura de sus bellos campanarios. Si alguna parcela cultivada, no más extensa de cincuenta pasos, interrumpe de trecho en trecho las arboledas de castaños y de cerezos silvestres, los ojos, complacidos, creen ver en estos sembrados plantas más vigorosas y más lozanas que las de otros lugares. Sobre las colinas, en cuyas cumbres aparecen ermitas que cualquiera elegiría por morada, los ojos asombrados vislumbran los picos de los Alpes, con sus nieves eternas, y su severidad austera es una oportuna imagen de las tristezas de la vida que intensifica el gozo de la voluptuosidad presente. La imaginación se siente acariciada por un tañer lejano de campanas que viene de una aldea escondida bajo los árboles; atenuada al pasar sobre las aguas, esta música cobra un matiz de dulce melancolía y de resignación, y parece decir al hombre: La vida huye: no te muestres tan difícil a la felicidad que se presenta; date prisa a gozarla. El lenguaje de aquellos parajes maravillosos, sin igual en el mundo, devolvía a la condesa su corazón de dieciséis años. No se explicaba cómo había podido pasar tanto tiempo sin contemplar el lago. «De modo que la felicidad ha venido a refugiarse en los comienzos de la vejez», se decía."
La cartuja de Parma, obviamente...

Cuenta don Juan Andrés, acerca del Milán ilustrado, lo siguiente:
“Te hablaré en lugar de éstos de otro, que aunque tal vez pensado por fines políticos y de propio interés, no deja de ser útil al público, y contribuir a la educación y al provecho de los pobres, y por ello puede de algún modo entrar entre los piadosos. Cuando por las nuevas disposiciones del emperador José II quedó vacío el antiguo esgástulo, pensó un fabricante de Como en aprovecharlo, y lo obtuvo del gobierno para establecer allí sus fábricas según el método que había ideado. En él mantiene siempre en ejercicio unos cuarenta telares de ropas de seda, y algunos otros ociosos ahora, que tal vez con el tiempo podrá emplearlos. Para trabajar en estos telares y en algunas otras obras análogas, mantiene niños y niñas, que si mal no me acuerdo eran más de cuarenta los niños, y las niñas cerca de ochenta. Éstas tienen sus directoras y maestras, y dormitorios grandes y con mucha limpieza; como también tienen los suyos aparte los niños, y sólo se juntan para algunos ejercicios de religión, y alguna rara vez para alguna labor. Las ventajas que consiguen los niños y niñas son alojamiento y mantenimiento, aprender un arte u oficio, y lograr educación cristiana y civil. Los gastos del dueño de la fábrica son grandes, como podrás figurarte, en camas, víveres y tantas cosas que lleva consigo el mantenimiento de dos comunidades semejantes. Con todo, como él me decía, no faltan ventajas que los compensen: las manos de tantas personas dirigidas y gobernadas a su modo, el ahorro de tiempo de éstas, no teniendo que perderlo en ir y volver a sus casas y desviarse del trabajo, la facilidad y comodidad de aprovechar todos los días por lluviosos y malos que sean, y varias otras que la experiencia le enseña, le compensaban abundantemente los gastos, cuidados, fatigas y penas que lleva consigo un establecimiento semejante, y se daba por muy contento, y esperaba que de día en día fuese prosperando más y más, y produjese mayor ganancia a su fábrica y más provecho al público. ¡El señor le bendiga y dé todo cumplimiento a sus deseos! Cuanto contribuye a educar y emplear el pueblo bajo, y a librarlo de la mendiguez y ociosidad, jamás se podrá alabar como merece: la mendicidad proviene casi siempre de la falta de educación, de la flojedad, poltronería, desaplicación y pereza en los primeros años, y a veces también del desamparo y falta de auxilio y medios en los que tal ve se hubieran aplicado a aprender algún oficio para ganarse el pan y vivir honradamente sin envilecerse a pordiosear.”
No aclara don Juán cómo se organizaba la alimentación de semejante tropa. Sospecho que se comían a los que no podían resistir hasta el final de la jornada... Pero bueno, hay que reconocer que, al margen de lo acertado de los elogios a este Henry Ford ilustrado, no deja de soltar don Juan Andrés alguna perla de las suyas:
“Y quien asista y dé medios para esta educación de la gente pobre merece más elogios, premios y estatuas que tantos políticos y militares que no tienen otro mérito que el de haber saqueado los pueblos, haber muerto millares de hombres y haber deshonrado a la humanidad. “
Cartas familiares del abate D. Juan Andrés a su hermano D. Carlos Andrés, dándole noticia del viage que hizo a varias ciudades de Italia en el año 1791, publicadas por el mismo D. Carlos. Tomo IV. 1793
En Cartas Familiares (Viaje de Italia), vol. II. Juan Andrés. Ed. Verbum, 2004

Y recuerdo también la referencia, que conocí gracias a la edición de James O. Crosby (Cátedra) de la antología quevedesca, a cierto autor francés de quien nuestro paisano tomó quizá no pocas cosas:
Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome
Et rien de Rome n'apperçois,
Ces vieux palais, ces vieux arcz que tu vois,
Et ces vieux murs, c'est ce que Rome on nomme.
Voy quel orgueil, quelle ruine: et comme
Celle qui mist le monde sous ses loix,
Pour donter tout, se donta quelquefois,
Et devint proye au temps, qui tout consomme.
Rome de Rome est le seul monument,
Et Rome Rome a vaincu seulement.
Le Tybre seul, qui vers la mer s'enfuit,
Reste de Rome. O mondaine inconstance!
Ce qui est ferme, est par le temps destruit,
Et ce qui fuit, au temps fait resistence.
Joachim du Bellay (1522-1560)
Y ahora, gracias a un interesante artículo de Jordi Pardo Pastor, que encontramos en la Red, me entero de que...
"Aunque si afilamos un tanto nuestro juicio, podemos desvelar un nuevo parangón intertextual un tanto más alejado en el continuum temporis al soneto de Du Bellay: se me antoja que estos dos sonetos beben de una fuente anterior, de un epigrama latino de Janus Vitalis que recogeré para abrir un poco más el abanico comparativo:
De Roma
Qui Roman in media quaeris novus advena Roma,
et Romae in Roma nil reperis media,
aspice murorum, praeruptaque saxa,
obruptaque ingenti vasta theatra situ.
Haec sunt Roma: viden velut ipsa cadavera tantaae
urbis adhuc mundum, nixa est se vincere: vicit,
a se non victumne quid in orbe foret.
Nunc eadem in victa Roma illa sepulta est?
Atque eadem victrix, victaque Roma fuit.
Albula Romani restat nunc nominis index,
qui etiam rapidis fertur in aequor aquis.
Disce hinc possit Fortuna: immota labascunt,
et quae perpetuo sunt agitata manent."
Y en esta otra curiosa página web, alguien propone un interesante juego de traducciones, donde se mezclan Du Bellay, Don Francisco, Ezra Pound, Spenser, Lowell, rusos, etc., bajo este epígrafe de Czeslaw Milosz:
"At the turn of the sixteenth and seventeenth century, a Frenchman was able to read a poem on the ruins of Rome signed by Joachim du Bellay; a Pole knew the same poem as the work of Mikołaj Sęp-Szarzyński; a Spaniard, as the work of Francisco Quevedo; while the true author, whom the others adapted without scruple, was a little-known Latin humanist, Ianus [Janus] Vitalis of Palermo."
(P. 10 in “Starting from my Europe”, by Czeslaw Milosz (in The Witness of Poetry, Harvard, 1983, Norton Lectures, pp 1-21.)
Y ahora, habiendo hecho honor al refrán con creces (y habiendo encadenado tres haches tan rotundas), me voy a acostar.
Vale.
...
Pd.- Añado esta postdata a mi mensaje, porque justo cuando me iba a acostar ha emergido del maremágnum que a estas alturas es mi memoria, un punzante recuerdo que no hacía más que zumbar: "¡Monterroso! ¡Monterroso! ¡Monterroso!". Gracias a Gates, san Google me ha respondido con más generosidad de la acostumbrada, ofreciéndome este enlace a otro remoto punto de la blogsfera, que viene a cerrar el círculo y hacer volar un castillo de fuegos artificiales como sólo el gran guatemalteco (*), pirotécnico del lenguaje, sabe armar:
http://eduardoallende.blogspot.com/2005/08/janus-vitalis.html
Y dice Allende que dice Monterroso: "Para terminar, pues por ahora no quiero seguir anotando coincidencias…, coincidencias que sin duda vendrán solas como siempre que uno lee más de cinco libros al mismo tiempo…"
Cinco libros a un tiempo, como Unamuno.
Piolines, piolines, piolines.
Decididamente, me encanta este invento.

Me acaban de instalar un par de inventos, pequeños alephs tecnológicos, que permiten contemplar fotografías aéreas (o tomadas desde un satélite) de diversos lugares del mundo. Cada foto fue tomada en un cierto instante, y algunas capturaron detalles intriganes, o al menos sugerentes. Podemos hacer un pequeño repaso.
http://earth.google.com/
Por ejemplo: ese barquito que escapa a toda velocidad de la ciudad de Como, surcando el lago; ese que para los románticos era el lugar más hermoso del mundo.
¿A qué vendrán esas prisas?
...
"El lago Como, creo yo, roza el límite del pintoresquismo permisible..."
Aldous Huxley
Más allá del golfo de México
Vale.