Se muestran los artículos pertenecientes al tema Genet.

18/01/2007

Esas personas inestables, soñadoras, ausentes de la realidad...

 




“Gracias a los caprichos del destino ha trabado amistad con muchas de esas personas inestables, soñadoras, ausentes de la realidad a las que se suele llamar 'poetas'”.


Informe de Henri Claude, psiquiatra, sobre Jean Genet
Genet
Edmund White
Ed. Debolsillo, 2005. Pag. 235

 

18/01/2007 00:31 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Genet Hay 1 comentario.

15/07/2006

La muerte y las moscas

 




Hace más de veinte años, el heterodoxo Jean Genet fue testigo de la matanza de los campos de Sabra y Chatila, en el Líbano. Poco después escribió un opúsculo llamado "Cuatro horas en Chatila", que puede encontrarse en cientos de lugares a lo largo y ancho de la red. Es descaradamente parcial, políticamente incorrecto, muy recomendable. Pero, sobre todo, es deprimente. Y más aún leída un cuarto de siglo después, cuando siguen tronando las bombas en el Líbano, en esa guerra infinita:

"A la vuelta de Beirut, en el aeropuerto de
Damasco, encontré jóvenes fedayines escapados del
infierno israelí. Tenían dieciséis o diecisiete años:
reían, eran parecidos a los de Ashlun. Morirán igual
que ellos. El combate por un país puede llenar una
vida muy rica, pero corta. Es la elección, recuérdese,
de Aquiles en la Ilíada."

(No interminable, "Que no tiene término o fin". Infinita: "Que no tiene ni puede tener fin ni término". Hay poetas en la RAE)


Pero esta obrita, pese a todo, es recomendable para comprobar que toda la fuerza de la imagen puede quedar en nada -una simple estampa sin vida- frente a un puñado de palabras bien tejidas:


"Una fotografía tiene dos dimensiones, la pantalla
de un televisor también, ni la una ni la otra pueden
recorrerse. De un lado al otro de una calle, doblados
o arqueados, los pies empujando una pared y la
cabeza apoyada en la otra, los cadáveres, negros e
hinchados, que debía franquear eran todos palestinos
y libaneses. Para mí, como para el resto de la
población que quedaba, deambular por Chatila y
Sabra se parecía al juego de la pídola. Un niño
muerto puede a veces bloquear una calle, son tan
estrechas, tan angostas, y los muertos tan cuantiosos.
Su olor es sin duda familiar a los ancianos: a mí
no me incomodaba. Pero cuántas moscas. Si levantaba
el pañuelo o el periódico árabe puesto sobre
una cabeza, las molestaba. Enfurecidas por mi gesto,
venían en enjambre al dorso de mi mano y trataban
de alimentarse ahí. El primer cadáver que vi era el de
un hombre de unos cincuenta o sesenta años.
Habría tenido una corona de cabellos blancos si una
herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto
el cráneo. Una parte ennegrecida del cerebro estaba
en el suelo, junto a la cabeza. Todo el cuerpo estaba
tumbado sobre un charco de sangre, negro y coagulado.
El cinturón estaba desabrochado, el pantalón
se sujetaba por un solo botón. Las piernas y los
pies del muerto estaban desnudos, negros, violetas y
malvas: ¿quizá fue sorprendido por la noche o a la
aurora?, ¿huía? Estaba tumbado en una callejuela
inmediatamente a la derecha de la entrada del campamento
de Chatila que está frente a la embajada de
Kuwait. ¿Cómo los israelíes, soldados y oficiales,
pretenden no haber oído nada, no haberse dado
cuenta de nada si ocupaban este edificio desde el
miércoles por la mañana? ¿Es que se masacró en
Chatila entre susurros o en silencio total?
Las fotografías no captan las moscas ni el olor
blanco y espeso de la muerte. Tampoco dicen los saltos
que hay que dar cuando se va de un cadáver a otro. "


Es curioso. El periodista Robert Fisk escribió un memorable artículo acerca de la guerra de Irak, en el que también busca la clave del horror en las moscas y en el olor de la muerte. Es una metáfora de aquello que no puede darnos ni la imagen ni la palabra. Lo que nos llega a través de la fotografía, de la televisión o de la literatura tiene siempre algo de ficticio. Puede ser una explicación. Si no...

...

Pero no acabaré así este sábado. Que nos salve el pequeño filósofo guatemalteco:


"Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres. Hace años tuve la idea de reunir una antología universal de la mosca. La sigo teniendo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que era una empresa prácticamente infinita. La mosca invade todas las literaturas y, claro, donde uno pone el ojo encuentra la mosca. No hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema, una página, un párrafo, una línea; y si eres escritor y no lo has hecho te aconsejo que sigas mi ejemplo y corras a hacerlo; las moscas son Euménides, Erinias; son castigadoras. Son las vengadoras de no sabesmos qué; pero tú sabes que alguna vez te han perseguido y, en cuanto lo sabes, que te perseguirán para siempre. Ellas vigilan. Son las vicarias de alguien innombrable, buenísimo o maligno. Te exigen. Te siguen. Te observan. Cuando finalmente mueras es probable, y triste, que baste una mosca para llevar quién puede decir a dónde tu pobre alma distraída. Las moscas transportan, heredándose infinitamente la carga, las almas de nuestros muertos, de nuestros antepasados, que así continúan cerca de nosotros, acompañándonos, empeñados en protegernos. Nuestras pequeñas almas transmigan a través de ellas y ellas acumulan sabiduría y conocen todo lo que nosotros no nos atrevemos a conocer. Quizá el último transmisor de nuestra torpe cultura occidental sea el cuerpo de esa mosca, que ha venido reproduciéndose sin enriquerecerse a lo largo de los siglos. Y, bien mirada, creo que dijo Milla (autor que por supuesto desconoces pero que gracias a haberse ocupado de la mosca oyes mencionar hoy por primera vez), la mosca no es tan fea como a primera vista parece. Pero es que a primera vista no parece fea, precisamente porque nadie ha visto nunca una mosca a primera vista. A nadie se le ha ocurrido preguntarse si la mosca fue antes o después. En el principio fue la mosca. (Era casi imposible que no apareciera aquí eso de que en el principio fue la mosca o cualquier otra cosa. De esas frases vivimos. Frases mosca que, como los dolores mosca, no significan nada. Las frases perseguidoras de que están llenas nuestros libros.) Olvídalo. Es más fácil que una mosca se pare en la nariz del papa que el papa se pare en la nariz de una mosca. El papa, o el rey o el presidente (el presidente de la república, claro; el presidente de una compañía financiera o comercial o de productos equis es por lo general tan necio que se considera superior a ellas) son incapaces de llamar a su guardia suiza o a su guardia real o a sus guardias presidenciales para exterminar una mosca. Al contrario, son tolerantes y, cuando más, se rascan la nariz. Saben. Y saben que también la mosca sabe y los vigila; saben que lo que en realidad tenemos son moscas de la guarda que nos cuidan a toda hora de caer en pecados auténticos, grandes, para los cuales se necesitan ángeles de la guarda de verdad que de pronto se descuiden y se vuelvan cómplices, como el ángel de la guarda de Hitler, o como el de Jonhson. Pero no hay que hacer caso. Vuelve a las narices. La mosca que se posó en la tuya es descendiente directa de la que se paró en la de Cleopatra. Y una vez más caes en las alusiones retóricas prefabricadas que todo el mundo ha hecho antes. Pues a pesar tuyo haces literatura. La mosca quiere que la envuelvas en esa atmósfera de reyes, papas y emperadores. Y lo logra. Te domina. No puedes hablar de ella sin sentirte inclinado hacia la grandeza. Oh, Melville, tenías que recorrer los mares para instalar al fin esa gran ballena blanca sobre tu escritorio de Pittsfield, Massachussetts, sin darte cuenta de que el Mal revoleteaba desde mucho antes alrededor de tu helado de fresa en las calurosas tardes de niñez y, pasados los años,sobre ti mismo en el crepúsculo te arrancabas uno que otro pelo de la barba dorada leyendo a Cervantes y puliendo tu estilo; y no necesariamente en aquella enormidad informe de huesos y esperma incapaz de hacer mal alguno sino a quien interrumpiera su siesta, como el loquito Ahab, ¿Y Poe y su cuervo? Ridículo. Tú mira la mosca. Observa. Piensa."

Augusto Monterroso


15/07/2006 20:48 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Genet Hay 1 comentario.


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