Se muestran los artículos pertenecientes al tema El libro.

02/06/2008

Venimos de la feria...

 


Por suerte, en la feria del libro hay otras muchas cosas no zafonescas. Aunque ha sido una visita rara. Para empezar, no recuerdo cuándo fue la última vez que acudí a la feria con abrigo. ¡Qué frío! ¡Qué nubarrones! Las páginas de los libros estaban hinchadas y arrugadas por la humedad, y hasta las cubiertas de los peor editados (y no señalo a nadie) se combaban hacía arriba dejando las inocentes portadas a la intemperie. Algunos libros tienen, pobrecitos, más vergüenza que sus editores.

Este año ha habido algunas novedades: han retirado casi todas las casetas del margen izquierdo -según se entra- del primer tramo, con lo que desaparecen los atascos que se formaban el verano pasado. No obstante, la organización asegura que este año hay más casetas. Claro, pero son más pequeñas, de modo que el espacio que ocupan en total es bastante más reducido. Y puesto que la variedad de los libros es inversamente proporcional al tamaño de la caseta, parece que unos pocos títulos se repiten ad nauseam a lo largo de todo el recorrido. Pero la feria siempre depara sorpresas.

Cuento estas estupideces porque en lo que no he visto casi novedad alguna ha sido en los propios libros. Es curioso que, siendo este un país donde se edita sin freno, salgan cada año tan pocas novedades. Lo que está de moda son los volúmenes de relatos y ensayitos sueltos (en lo que técnicamente son folletos, y no libros -igual de caros-, por tener menos de cincuenta páginas), además de las recopilaciones y refritos de notas y papeles sueltos, trabajos inéditos y otras piezas de caza menor, las cuales no dan ni para un aperitivo. Pero ya comentaba el otro día algo al respecto...

Ha sido una visita algo decepcionante, a pesar de algún episodio entretenido. Por ejemplo, me he visto obligado a huir de la disertación sobre Schopenhauer que ha comenzado a lanzarme un librero de voz cazallera, cuando me ha sorprendido ojeando un volumen que ya había descartado en el acto por su letra microscópica. He dejado a ambos con la palabra en la boca y con un cabreo considerable. A saber cuándo volverá a caer en sus redes otro lector con curiosidad por Schopenhauer. Me ha recordado a una planta insectívora. Tened cuidado si vais a la feria, y sobre todo ya sabéis: nada de Schopenhauer.

En el extremo opuesto, un muchacho orondo y barbudo me ha respondido que no tenían nada de Star Trek cuando le he preguntado por la novela "En busca de Klingsor" de Jorge Volpi. ("¿Con B?" "No, con V." "Ah, pues tampoco." Lo que me ha dejado con la duda atroz de que exista otra "En busca de Klingsor" de un hipotético Bolpi, incógnita que he preferido no despejar porque siempre es bueno dejar que sigan existiendo según qué misterios insondables en el mundo. Así es más divertido. Más "Borgeano".)

Y poco más. Bueno, un argentino ha tratado de venderme "el último libro de Vila-Matas, que aún no se ha publicado en España": una recopilación sureña de artículos y conferencias. Y casi cuela. Curiosa la pasión que despierta Vila-Matas por aquellos pagos, a juzgar por las casetas institucionales (?) de Chile (todo Bolaño) y Argentina (Aira y los de siempre).

Al final he abandonado el Retiro con los viajes de Kapuscinsky, "No ficción" de Verdú, "El viento ligero en Parma" de Vila-Matas (curiosa edición, por cierto) y la ropa empapada por el tormentucho.

Después me he ido de librerías, a cazar libros criados en cautividad. A diferencia de los bichos, se conservan mejor si no ven la luz del sol ni han soportado en sus cubiertas el granizo y la tormenta. De éstos me he quedado con un sugerente libro llamado "Melancolía" de un húngaro de nombre impronunciable (László F. Földényi; ay, mis dedos), además de un par de libros de tema florentino.

Un dineral, vamos. ¿Quién dijo crisis? En fin, probablemente me pasaré los próximos meses encerrado en casa y leyendo a la luz de una vela. Debería cambiar de vicio, pero a ciertas edades el de los libros es el único asequible.

02/06/2008 02:21 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 2 comentarios.

29/05/2008

Vamos a la feria



Tengo ya preparadas las respuestas para las entrevistas periodísticas que me harán en la prensa, radio y tele. Querrán saber qué opino y cómo soy. Me mostraré ingenioso y espontáneo.

Tengo ya preparadas unas listas de personalidades importantes e incluso redactados ya los textos, muy agudos, de las dedicatorias.

Tengo ya preparadas las metáforas que servirán como brillante ejemplo o síntesis que aclare lo que exponga. Saldrán como galaxias de las páginas.

Y tengo preparada mi postura al sentarme o de pie, tono de voz, expresión de los ojos y la boca. Todo está preparado. Todo a punto. Puedo empezar, pues, a escribir mi libro.

J.M.Fonollosa


Empieza la Feria del Libro...

 .

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29/05/2008 20:04 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 3 comentarios.

07/03/2008

Bibliofilia criminal

07/03/2008 17:21 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro No hay comentarios. Comentar.

09/09/2007

Demasiados libros (2)




Saltando de blog en blog, tomo prestado de Microsiervos la siguiente cita, tomada a su vez de Nassim Taleb en The Black Swan:

Umberto Eco atesora una colección de unos treinta mil libros. Divide a sus visitantes entre los que preguntan "¡Guau! ¿Cuántos de esos se ha leído?", y los que entienden el punto de que los libros son herramientas de investigación: los ya leídos son menos valiosos que los que quedan por leer. Una biblioteca debería contener tantos libros sobre lo que no sabes como te permita tu economía, la hipoteca y el espacio físico de que dispongas.

 

09/09/2007 03:04 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 3 comentarios.

27/03/2007

La orgía de libros

 



Esto de los libros es como los vicios del chiste: uno lleva a otro, y este a otro, y este a otro... Acaba uno engolfado en una persecución, en una suerte de juego de la oca, saltando de libro a libro, y cuando por una de esas atisbamos lo que nos queda por delante, sentimos la angustia de no ser capaces de leer toda esa biblioteca. Cuento esto porque a los anaqueles atestados que comentaba el otro día se van sumando libros nuevos y recomendaciones que me hacen los amiguetes bibliófagos. Y eso que he logrado al fin librarme de las listas de novedades y de los suplementos literarios que, sábado sí, sábado también, nos meten por los ojos una media de treinta títulos, unos pocos de los cuales -sólo unos pocos- son reediciones. En 'El país' han tomado por costumbre publicar una breve nota de las obras que se presentan cada semana (creo que lo hacen los martes), y asombra cómo logran encapsular tanta ansiedad en una notita tan breve.

Por suerte, repito, una cita de Schopenhauer me curó de esta fiebre, y cuando entro en la librería me detengo poco tiempo en la fugaz mesa de novedades para dirigirme a las estanterías del fondo. La cita es esta:

"Los libros malos son un veneno intelectual que destruye el espíritu. Y porque la mayoría de las personas, en lugar de leer lo mejor que se ha producido en las diferentes épocas, se reduce a leer las últimas novedades, los escritores se reducen al círculo estrecho de las ideas en circulación, y el público se hunde cada vez más en su propio fango."


(Sobre la abundancia de letra impresa y los demasiados libros he dejado ya un par de mensajes en este blog: un relato de Cortázar y un fragmento de Gombrowicz.)

Pero sólo he logrado liberarme de la dictadura de la novedad. Lamentablemente me sigo dejando más de lo que tengo en librerías y sigo amontonando libros que no me dará tiempo de leer. Nunca me he parado a analizar esta manía, pero el otro día, mientras hacía limpieza en el atestado y viejo disco duro de mi ordenador, recuperé un texto que me envió en su día el añorado Robertokles. Es un fragmento de "La orgía de libros: apuntes sueltos, 1973-1984", de Elias Canetti:

 
"No lamento esas orgías de libros. Me siento como en la época de la expansión de Masa y poder. En aquel entonces, todo sucedía sólo por la aventura de los libros. En Viena, cuando no tenía dinero, gastaba todo lo que no tenía en libros. En Londres, en las peores épocas, logré siempre de algún modo, y de tiempo en tiempo, comprar libros. Nunca aprendí nada de un modo sistemático, como lo hizo tanta gente, sino en repentinas exaltaciones. Estas comenzaban siempre cuando veía un volumen que debía tener. El gesto de la apropiación, la alegría de dilapidar el dinero, el llevar el libro a casa o al próximo local: admirarlo, acariciarlo, olerlo, hojearlo, colocarlo en un lugar apartado del librero durante años, luego el tiempo de su redescubrimiento cuando necesitaba leerlo en serio —todo esto es parte de un proceso creativo, cuyas partes ocultas desconozco—. Siempre me ha sucedido así. Y hasta en el último momento de mi vida deberé comprar libros, sobre todo cuando estoy seguro de que nunca los voy a leer.

Creo que es también una parte de mi necedad de luchar contra la muerte. No quiero saber cuáles libros permanecerán sin leer. Antes del final, nadie puede decir cuáles serán. Tengo la libertad de la elección: entre todos los libros a mi alrededor puedo elegir uno en cualquier momento, y así tengo en mis manos el transcurso de la vida."


Viendo ayer la película "F for fake" de Orson Welles (gracias, DVD), me dejó embobado la parrafada que lanza el viejo director acerca de sus dudas sorbe la perdurabilidad del arte. O mejor dicho, sobre las dudas que atenazan a todo creador. Algo parecido a lo que temía el Virgilio de Hermann Broch. Quizá el temor de Canetti (y mío, modestamente) sea el reflejo de ese otro miedo en este lado del espejo: el del lector.

...


Por cierto, aquí dejo la transcripción de parte del monólogo de Welles. Eso sí, en inglés: no he podido dar con él en un idioma más civilizado: "Ours, the scientists keep telling us, is a universe which is disposable. You know it might be just this one anonymous glory of all things, this rich stone forest, this epic chant, this gaiety, this grand choiring shout of affirmation, which we choose when all our cities are dust; to stand intact, to mark where we have been, to testify to what we had it in us to accomplish. Our works in stone, in paint, in print are spared, some of them for a few decades, or a millennium or two, but everything must fall in war or wear away into the ultimate and universal ash: the triumphs and the frauds, the treasures and the fakes. A fact of life... we're going to die. 'Be of good heart,' cry the dead artists out of the living past. Our songs will all be silenced - but what of it? Go on singing. Maybe a man's name doesn't matter all that much."

Luego tiraré de diccionario o de amigos angloparlantes para traducirlo. De momento os dejo la recomendación de ver esa película. (Una película, sí, para variar: este Portnoy me debe de estar contagiando.)

 

27/03/2007 02:09 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 3 comentarios.

15/12/2006

La tragedia de las bibliotecas

 




“La ciudad de Herculano quedó enterrada por los ríos de ceniza que fluyeron de la erupción del monte Vesubio en el año 79 d.C. (la misma erupción que destruyó, y conservó, Pompeya). Las excavaciones del siglo XVIII revelaron una sala en la famosa Villa de los Papiros que contenía un revoltijo de fragmentos de rollos ennegrecidos por el fuego de la erupción. Aunque estaban demasiado quemados para poder leerlos, la distribución de la sala misma era un perfecto ejemplo de biblioteca romana, cuyos nichos en los muros eran los armarios donde estaban cuidadosamente instalados. [...] Un equipo de la universidad Brigham Young y de la Biblioteca Nacional de Italia en Nápoles, están usando técnicas de imagen digital para descifrar los restantes fragmentos. [...] Quedan diez mil fragmentos; los miembros del equipo creen que podrán descifrarlos todos.


Mucho antes de la caída de Roma, Platón y Aristóteles llegaron a la conclusión de que no hay ningún sistema político que no sufra la decadencia. Y como corolario a esta regla, podría añadirse que no hay biblioteca que no termine por desaparecer, dejando una laguna que las futuras generaciones habrán de rellenar. La tragedia de la Villa de los Papiros es la tragedia de la biblioteca a lo largo de la historia: al reunir los libros en un lugar, las culturas y los reyes los han sacrificado inevitablemente al tiempo. Así ocurre con la gran mayoría de las bibliotecas de la antigüedad, desde Asia Menor a España, desde Alejandría a Pérgamo. Los investigadores que trabajan en los fragmentos de Herculano ofrecen la tentadora posibilidad de hallar alguna de las muchas obras de la antigüedad perdidas entre los fragmentos. Pero incluso si el último de los caracteres carbonizados no ofreciera nada nuevo, una cosa sería cierta: la biblioteca primitiva más completa accesible a nosotros en la actualidad sobrevivió precisamente porque se quemó.”


Library, an unquiet history
Matthew Battles
Vintage, 2004


15/12/2006 03:51 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 1 comentario.

14/12/2006

Cómo reescribir la Historia quemando libros





“Míticos o reales, los bibiliocaustos tienen su explicación. A menudo son accidentales, como cuando Cesar quemó sus naves en el puerto de Alejandría. Las quemas de libros deliberadas son de dos tipos: puede tratarse de intentos de revisión, como la de Shi Huangdi [el primer emperador de China]; otro ejemplo viene del surgimiento del Islam, cuando los partidarios del Corán quemaban otros textos religiosos desautorizados. En este caso, la quema era una suerte de sacramento; los creyentes consagraban los libros a las llamas casi reverencialmente, por miedo a que ocultaran palabras verdaderas entre sus páginas llenas de errores. Los libros también pueden quemarse con el fin de borrar a sus autores y lectores de la Historia, como muestra la conquista de México.


Tras la caída de Tenochtitlán bajo Hernán Cortés, la conquista de México devino en una batalla de libros: concretamente, aquella entre las historias escritas de los mexica y la Biblia cristiana. La tecnología del libro había surgido en Mesoamérica(1) al menos mil años antes de la llegada de Colón, y había adquirido por esa época una sutileza y una sofisticación extraordinarias. En la escritura maya (probablemente el más complejo de los sistemas mesoamericanos) un signo podía ser un término del calendario, un nombre o incluso un símbolo fonético para una sílaba. Los materiales varían desde la piedra al cuero y otros. Los aztecas escribían sus libros en piel de ciervo especialmente preparada, o en un papel nativo hecho con fibras de pita; la escritura se pintaba con colores vibrantes mediante finos pinceles, y las cubiertas solían hacerse con piel de jaguar.


En los siglos posteriores a la conquista, los estudiosos han menospreciado la escritura jeroglífica de Mesoamérica, tachándola de “menos avanzada” que los jeroglíficos egipcios. Pero conforme siguen descifrándose los códices e inscripciones, está cada vez más claro que los antiguos críticos europeos se equivocaban. Por ejemplo, Gordon Brotherston dijo de la escritura icónica conocida en Nahuatl como “tlacuilolli”, que “funde en un enunciado lo que para nosotros son conceptos separados como letra, arte y matemáticas”. Conceptualmente, además, la escritura mesoamericana concilia su simplicidad aparente con sus profundidades ocultas. La mayoría de las historias aztecas, por ejemplo, se compusieron según el plan del más fundamental de todos los sistemas de ordenación mesoamericanos: el calendario. Pero estos calendarios incorporaban historia, adivinación, biografía y mitología, como un reflejo del mundo de la religión mesoamericana y las minucias de su historia. Asimismo existían otros géneros: entre el puñado de obras anteriores a la conquista que han sobrevivido, se encuentran un destacable herbario (libro que contiene nombres y descripciones de plantas útiles) y los estatutos fiscales aztecas. Pero las bibliotecas aztecas consistían principalmente en calendarios y anales, que eran reverenciados por el saber religioso y el poder adivinatorio que impartían.


Al reconocer la importancia de estos libros para los nobles y sacerdotes mexicanos, los conquistadores localizaron y quemaron todos los libros ilustrados aztecas que pudieron encontrar. Los escribas mexicanos sabían que su historia estaba en peligro. Continuaron produciendo códices en secreto; los españoles no erradicaron los últimos colegios de escribas en la montañosa Oaxaca hasta un siglo después. Pero los padres españoles encargados de la conversión de los mesoamericanos fueron implacables. Incapaces de separar el valor histórico de los libros aztecas de la amenaza religiosa que planteaban, quemaron libros dondequiera que los encontraron.


Les llevó sólo unos pocos años percatarse de su locura. Los libros perdidos aztecas contenían información sobre la historia, la etnografía y los idiomas de Mesoamérica, que demostrarían ser cruciales para cristianizar las culturas de México. Pocos años después de la conquista, según el historiador mexicano Miguel León Portilla, los misioneros comenzaron a enseñar a los nobles aztecas el uso del alfabeto latino para escribir en el idioma Nahuatl; unos pocos de los escribas que habían adiestrado siguieron colaborando con los europeos en la producción de libros que sintetizaran la escritura jeroglífica precolombina con la escritura fonética europea. La mayor de estas obras fue escrita por el franciscano Bernardino de Sahagún, cuya “Historia general de las cosas de Nueva España” es una vasta enciclopedia de la civilización mesoamericana, y trata la historia, etnobotánica, religión y medicina aztecas. Síntesis única de las tradiciones europeas y mesoamericanas del libro manuscrito, su mejor copia se conoce como el Códice Florentino, porque reside en la Biblioteca Lorenziana de Florencia, Italia, fundada por Cosme de Medici y diseñada por Miguel Ángel.


Pero los españoles no fueron los primeros en quemar libros en el Valle de México; los Aztecas habían descubierto por sí mismos cómo encuadernar libros y cómo destruirlos. Los ancestros de los gobernantes aztecas de Tenochtitlán habían sido los mexica, tribus nómadas que habían llegado del norte apenas mil años antes de la conquista de los españoles. Conforme los mexica cimentaron su control y empezaron a extender su influencia a lo largo de la región, sus sacerdotes se dieron cuenta de que las viejas crónicas de correrías y saqueos no contribuirían a ello. Los mexica se transformaron rápidamente en los aztecas, y crearon una nuevo orden aristocrático, nuevos impuestos y un nuevo sistema teocrático en el Valle de México. Tales transformaciones radicales requirieron asimismo basarse en una nueva historia. Y así los viejos libros serían reunidos y quemados. La decisión vino del propio Itzcoatl, primer emperador azteca, quien tomó parte en la composición de la nueva historia, escribiendo himnos al pasado azteca revisado. Los nuevos libros no dejaban duda sobre el origen remoto de los derechos aztecas sobre el ejercicio del poder. Tampoco sería ésta la última oportunidad de los escribas aztecas para revisar su historia. Cuando empezaron a colaborar con sacerdotes como el padre Bernardino en la recreación de las crónicas del imperio perdido, insertarían en sus historias presagios y oráculos retroactivos que “predecían” la venida de los conquistadores en términos mitológicos. Así satisfacían la vanidad de sus nuevos gobernantes, tal y como habían validado el poder de la compleja, brutal religión que habían sido obligados a abandonar.



(1).- DRAE: 1. adj. Perteneciente o relativo a Mesoamérica, región que los americanistas distinguen como de altas culturas, y cuyos límites se encuentran entre una línea que corre al norte de la capital de la República de Méjico, y otra que corta América Central por Honduras y Nicaragua.”


Library, an unquiet history
Matthew Battles
Vintage, 2004

Traducido por Settembrini (perdón...)



14/12/2006 21:48 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 2 comentarios.

03/09/2006

Demasiados libros

 

Witold Gombrowicz



"-Y allá está la Biblioteca- dijo Tomasz.

En efecto, la habitación vecina, un recinto amplio y cuadrado, estaba llena de libros y de manuscritos, amontonados en el suelo, como si hubieran sido Botados de unas carretillas; montañas que llegaban hasta el techo; y entre aquellas montañas, qué abismos, cimas y barrancos, valles, dunas, cráteres y nubes de polvo que producían escozor en las narices. Sobre las montañas estaban sentados unos Lectores flaquísimos dedicados a leer todo aquel material; debían ser unos siete u ocho.

-¡Ah, sí, la Biblioteca! ---dijo Gonzalo---, la Biblioteca pero, qué de problemas me da, qué de conflictos me produce. Contiene las Obras más preciosas, las más veneradas, escrita por los máximos genios, por los espíritus más selectos de la Humanidad; pero, de qué me sirven, Señores, si se muerden, se muerden una a otra, y también debido a su número excesivo se devalúan, su excesiva abundancia las Abarata, porque hay Demasiadas, Demasiadas, y cada día llegan más y nadie puede leerlas porque son Demasiadas, ay, demasiadas. Entonces yo señores, he debido contratar Lectores, y les pago un buen sueldo, porque me da vergüenza que todas estas obras se queden sin ser Leídas, pero son Demasiadas y estos hombres no pueden leer todo, aunque lean sin darse tregua el día entero. Lo peor es que los libros se Muerden como Perros, se muerden hasta darse Muerte. "


De Trasatlántico, de Witold Gombrowicz, Edición Barral Editores, pág. 103.

http://www.magma.ca/~elrey/literatura%20escritores.htm

03/09/2006 02:54 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro No hay comentarios. Comentar.

16/06/2006

22/04/2006

La templanza del escribidor

 



Leo en un tratado de historia medieval, que los monjes copistas solían incluir en los códices comentarios informales para dar gracias porque el trabajo hubiera llegado a su fin. Eran comentarios como estos:

Dentur pro penna scriptori pulchra puella

Que el autor traduce por: "Prémiese al copista con una hermosa chica", o:

Nunc scripso totum: pro Christo da mihi potum

"Aquí se acabó. Por Cristo, dame un trago."

Ora et labora.

Amen.

 

22/04/2006 01:03 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 1 comentario.

21/04/2006

La Galaxia Gutenberg en un papel

21/04/2006 10:27 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro No hay comentarios. Comentar.

13/04/2006

Pérfidos latines, nefanda gens scholarium y benditos libros

Después de una reciente conversación con algunos estudiantes, recordé aquello que decía Richard de Bury, algunos siglos atrás y en pérfidos latines, sobre la "gens scholarium" (Est enim gens scholarium perperam educata communiter et, nisi majorum regulis refraenetur, infinitis infantiis insolesat. Aguntur petulantia, praesumptione tumescunt; de singulis judicant tanquam certi, cum sint in omnibus inexperti), y regresé a su Philobiblon, donde vine a dar con esta otra bellísima cita, en la que el sabio nos habla de los libros:

"Hi sunt magistri qui nos instruunt sine virgis et ferula, sine verbis et cholera, sine pannis et pecunia. Si accedis, non dormiunt; si inquirens interrogas, non abscondunt; non remurmurant, si oberres; cachinnos nesciunt, si ignores. O libri soli liberales et liberi..." 

Por ahí circula, en nuestro latín degenerado, una versión algo libre y "moderna" del dicho: “Los libros son maestros que nos enseñan sin férula ni azotes, sin gritos ni enfados, sin vestiduras vanas y sin monedas. Si acudís a ellos súbitamente nunca los encontraréis durmiendo, si los interrogáis nunca disimulan sus ideas, si os habéis equivocado no murmuran, si cometéis una necedad nunca se burlarán de vosotros. ¡Oh libros! ¡Los únicos poseedores de la libertad, los únicos que nos permiten disfrutarla!”.



Vale.

13/04/2006 00:18 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro Hay 1 comentario.

28/03/2006

Camisas y barro

El otro día, mientras buceaba en este mar de ficciones que es la red, me alarmé al leer que Arthur Koestler había sido descatalogado y condenado a la guillotina, destino común de los grandes autores en estos días. Era mentira, claro (o yo lo entendí mal). Gracias a San Google, Koestler sigue vivo y coleando (es un decir), bibliotecas públicas aparte. Pero bueno, pasó el susto, y quedó la melancolía. Me acordaba de tantos descabezados por el hacha editorial -como aquellos sonámbulos de Hermann Broch (Anagrama, edita pro nobis)-, y de tantos libros que pasan de la librería a la guillotina, para terminar convertidos en pasta de papel, y ésta transformada en cartón, y éste en cajas; o peor, en papel reciclado, ese en el que se imprimen los libros pestilentes que maledita Punto de lectura, encuadernados en cartulina mal encolada a unos tristes pliegos de papel ceniciento. Y eso en el mejor de los casos, que también se fabrican con este pseudopapel impresos oficiales, panfletos, prospectos de pomada para curar las almorranas y, lo último, el ABC. Aunque hay que reconocer que bien tratado, el papel refrito puede acabar pasando por nuevo, tan limpito y perfumado como un viejo libro de texto. Demos gracias por el reciclado. Pobres árboles.

Pero, insisto, ¿no es inquietante pensar que esos ejemplares guillotinados de Proust, Joyce o Balzac pueden acabar sirviendo de soporte para las letras de un Dan Brown? 

Pensaba en estas parajodas existenciales, en estas puñetas de la vida, y recordaba al Lope más papelero. (Pero antes, recordad que hasta el siglo XIX el papel se fabricaba, en Europa, a base de trapos viejos: el trapero recogía ropa vieja -puros harapos- y la vendía al artesano quien, después de pudrirla, apalearla y martirizarla, la acababa reduciendo a pulpa; y así ésta, tras ser vertida sobre un bastidor y puesta a secar -simplificando mucho-, se convertía en aquel papel delicioso y mucho más longevo que el actual producto industrial, condenado a amarillear, quebrarse y reducirse a polvo por la acidez.) Vamos a Lope:


Toma ejemplo del papel,
que se hace de trapos viejos
y sube hasta los consejos
y a que escriba el rey en él.

¿Quién hay que aliento no cobre
viendo al papel que ha subido
a escribirle al rey, si ha sido
una camisa de pobre?

"Lo que ha de ser", Acto III


Y esto, a su vez, ¿no os recuerda las palabras de aquel taciturno príncipe danés? Sí, el hijo del primo inglés de Lope:


HAMLET
To what base uses we may return, Horatio! Why may
not imagination trace the noble dust of Alexander,
till he find it stopping a bung-hole?

HORATIO
’Twere to consider too curiously, to consider so.

HAMLET
No, faith, not a jot; but to follow him thither with
modesty enough, and likelihood to lead it: as
thus: Alexander died, Alexander was buried,
Alexander returneth into dust; the dust is earth; of
earth we make loam; and why of that loam, whereto he
was converted, might they not stop a beer-barrel?
Imperious Caesar, dead and turn’d to clay,
Might stop a hole to keep the wind away:
O, that that earth, which kept the world in awe,
Should patch a wall to expel the winter flaw!
But soft! but soft! aside: here comes the king.



O como alguien tradujo:


 HAMLET
¡En qué bajos usos podemos caer, Horacio! ¿No podría la imaginación rastrear el noble polvo de Alejandro y encontrarlo taponando un barril?
HORACIO
Sería una busca demasiado rebuscada.
HAMLET
No, nada de eso; habría que seguirle con mesura llevados de lo probable. Es decir: Alejandro murió, Alejandro fue enterrado, Alejandro se convirtió en polvo. El polvo es tierra, con la tierra se hace el barro, y con el barro en que se convirtió, ¿por qué no se puede tapar un barril de cerveza?
Muerto y hecho barro, el imperial César
rellena un boquete y el aire intercepta.
¡Ah, que aquella tierra que al mundo arredró
tape una pared y corte un ventarrón!


Siempre igual, en fin. Todos los caminos conducen a Will.


Vale. 

 

28/03/2006 00:53 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: El libro No hay comentarios. Comentar.


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