Se muestran los artículos pertenecientes al tema Chateaubriand.

08/08/2007

Tasso et al.



Termino ya con las Memorias de ultratumba. Esta edición completa del Acantilado confirma que debemos colocar a estos señores en nuestro santoral particular, reservado a los editores heroicos, bravos y voluntariosos, capaces de publicar a Hermann Broch o a Chateaubriand sin miedo a terminar en la miseria. Mil gracias, porque nos dan bien de leer.

En cuanto a las Memorias, qué decir, más que su calidad crece y crece conforme nos acercamos al final. Chateaubriand las fue escribiendo a lo largo de más de treinta años, de manera que su evolución se va reflejando en la obra, en estas memorias escritas sobre la marcha, en vivo. Y va ganando en maestría conforme pasan los años. El libro cuadragésimo es en el que su estilo alcanza la mayor altura. Llega a arrancar lágrimas de emoción. Como en el relato de las andanzas de Torquato Tasso, el poeta que sufrió la locura y la prisión, y escribió cosas como estas:
 

“Bajo el peso de mis infortunios, he renunciado a toda idea de gloria; me consideraría feliz con sólo apagar la sed que me devora. [...]”

 

“Piango il morir: non piango il morir solo,
Ma il modo (...)
Mi saria di conforto aver la tomba,
Ch’altra mole innalzar credea co’ carmi”

 

“Torquato Tasso, bergamasco por afecto, no sólo por origen, habiendo perdido primero la herencia de su padre y luego la dote de su madre (...) y, tras una servidumbre de muchos años y de largas fatigas, al no haber pedido nunca jamás en medio de tantas miserias la fe que tenía en esta ciudad, se atreve a pedirle su ayuda, suplicando al señor duque de Ferrara, en otro tiempo mi protector y benefactor, que me devuelva mi patria, mis parientes, mis amigos y a mí mismo (...)”

 

...

[“Patria, parenti, amici / Voi dunque non avete?”, preguntaba Gilda a Rigoletto, quien respondía a su hija: “Patria! parenti! dici? / Culto, famiglia, patria, / Il mio universo è in te!” (“¡Religión, familia, patria, / tú eres todo mí universo!”). Ella era su única patria, su única amiga y toda su familia: “”. La maledizione del bufón...]

...

El final de los días de Tasso recuerda al de don Quijote. Arrepentido de su vida y de sus obras, se refugia en la fe, para alegría del beatísimo Chateaubriand, que dice al hilo de la conversión de otro amigo:

“...cuando se pasa de la firme incredulidad a la indecisión, se está a dos pasos de llegar a la certidumbre.”
Cap. 4, libro 42

Pero volviendo a Tasso, cuenta Chateaubriand:

“Virgilio le rogó a Augusto que arrojara al fuego la Eneida; Tasso suplicó a Cintio que quemara la Jerusalén...”

Algo de esto colgué aquí hace un tiempo...

...

En fin, dejaré a mano las Memorias, en un estante bajo de mi biblioteca, porque creo que aún volveré a ellas más de una vez. Y vuelvo a aconsejar que hipotequéis el piso, si es necesario, para comprar esta joya, de lectura obligatoria.

 

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08/08/2007 23:53 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand No hay comentarios. Comentar.

20/07/2007

Seres de nada y de tiniebla

 


"Seres de nada y de tiniebla, nuestra impotencia y nuestra potencia están bien determinadas: no podemos procurarnos a voluntad ni la luz ni la vida; pero la naturaleza, al darnos unos párpados y una mano, ha puesto a nuestra disposición la noche y la muerte."


Chateaubriand
Memorias de ultratumba
Libro trigésimo octavo, capítulo 6
Ed. Acantilado, 2006


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20/07/2007 21:10 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand Hay 1 comentario.

14/06/2007

Grafomanías




“Deberían tener las leyes—dice Montaigne—un poder coercitivo contra los escritores ineptos e inútiles, como lo tienen contra los vagos y maleantes. Así se apartaría de las manos de nuestro pueblo a mí y a cien otros. La grafomanía se ha convertido en un síntoma de un siglo salido de madre.”


Chateaubriand
Memorias de ultratumba
Libro duodécimo, capítulo 2
Ed. Acantilado, 2006



14/06/2007 00:12 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand Hay 4 comentarios.

08/03/2007

Nuevos monumentos para la nueva religión


 


“El aspecto de Filadelfia es monótono. En general, lo que se echa de menos en las ciudades protestantes de los Estados Unidos son las grandes obras arquitectónicas: la Reforma, joven aún y que no hace ningún sacrificio a la imaginación, raramente ha levantado esas cúpulas, esas naves aéreas, esas torres gemelas con que la antigua religión católica ha coronado Europa. Ningún monumento en Filadelfia, en Nueva York, en Boston, ni pirámide que sobrepase la mole de los muros y de los tejados: este nivel parejo que hace más triste la vista.“

 

Memorias de ultratumba

Chateaubriand 

Libro VI, capítulo 7, pág. 179


 

08/03/2007 01:06 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand No hay comentarios. Comentar.

05/03/2007

Chateaubriand, el Gaviero



En un apéndice a la novela Amirbar, el trasunto de Álvaro Mutis hace un repaso de las improbables lecturas de Maqroll, el Gaviero. Entre éstas se cuenta el libro que ahora me ocupa:

"Otro libro que le vi con regularidad que indicaba ser uno
de sus favoritos de siempre, era Mémoires d'Outre—Tombe de Chateaubriand. Se trataba de la edición corriente en tapas amarillas de los Classiques Garnier. Daba la impresión de que se iba a desencuadernar en cualquier instante. Su entusiasmo por la prosa del vizconde era tema favorito en la alta marea de sus libaciones. Una noche, en Bizerta, en una tabernucha del puerto, me recitó, casi completa, la escena del encuentro en Córdoba de René con Natalie de Noailles. Al terminar la parrafada no hizo comentario alguno. No hacía falta. Su exaltación se asomaba al rostro, nacida de la prosa ondulante y regia del vizconde."


No es de extrañar, teniendo en cuenta que es el propio vizconde quien nos narra en un breve fragmento, deslumbrante y fugaz, su experiencia como gaviero amateur:



“Mi refugio durante el día, cuando quería evitar a los pasajeros, era la gavia del palo mayor; trepaba a ella ligero ante los aplausos de los marineros. Me sentaba allí dominando las olas.

 

El espacio, que se extendía en un doble azul, parecía una tela preparada para recibir las creaciones futuras de un gran pintor. El color de las aguas era semejante al del cristal líquido. Largas y altas ondulaciones abrían en sus hondonadas puntos de fuga hacia los desiertos del océano: estos vacilantes paisajes volvían sensible a mis ojos la comparación que se hace en las Escrituras de la tierra tambaleándose ante el Señor, como un hombre ebrio. Por momentos se hubiera dicho que el espacio era estrecho y limitado, por falta de un punto de relieve; pero si una ola alzaba la cabeza, o se curvaba, imitando una costa lejana, o un banco de cazones pasaba por el horizonte, entonces había una escala de medida. La extensión se revelaba sobre todo cuando una neblina, reptando por la superficie pelagiana, parecía acrecentar la inmensidad misma.

 

Una vez que había bajado de la cofa del mástil como en otro tiempo del nido de mi sauce, siempre reducido a mi existencia solitaria, cenaba una galleta, un poco de azúcar y un limón; a continuación, me acostaba, bien en la cubierta del puente sobre mi abrigo, bien bajo el puente en mi coy: sólo tenía que extender un brazo para llegar de mi lecho a mi ataúd.”


 

Memorias de ultratumba
Chateaubriand

Ed. Acantilado, 2006

Libro VI. Cap. 5, pag. 266

 

05/03/2007 21:18 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand No hay comentarios. Comentar.

02/03/2007

La sombra del padre

 



El ajuste de cuentas al padre es uno de los tópicos de la literatura autobiográfica (Freud mediante). Y existe una figura paterna que parece pasar de unas obras a otras, como un fantasma, para dibujar esa figura autoritaria, taciturna, lejana, soberbia, despótica, cruel, que marca y traumatiza al narrador niño. Esta figura queda petrificada por la muerte, que fija al padre como una estatua que jalona el pasado del personaje. Así ocurre en las “Memorias de ultratumba”, desde cuyas primeras páginas el autor se ocupa con empeño de ese padre terrible. Pero hacia el comienzo del libro IV Chateaubriand refiere las palabras de otro personaje que ve el problema desde la orilla opuesta. La muerte ha invertido y pervertido el orden natural para llevarse al hijo, y dejar como testigo al padre (“el feroz mariscal de Montluc”), él mismo imagen de ese tirano que páginas antes acaba de retratar el autor, y que habla así de su propio hijo:

“Aquel pobre muchacho —decía— jamás vio en mí más que una apariencia fría y llena de desprecio; ha muerto creyendo que no he sabido ni amarlo ni estimarlo como se merecía. ¿Para qué disimulé el afecto particular que sentía por él en mi corazón? ¿No era él en realidad quien debía gozar íntegramente de mi cariño? Me reprimí y sufrí las penas del infierno por mantener esa vana máscara, y me perdí el placer de su conversación, y también su afecto, y el que él pudo llegar a sentir por mí no podía ser sino muy frío, pues jamás recibió de mí más que rudeza y un trato despótico.”


Memorias de ultratumba
Chateaubriand

Ed. Acantilado, 2006
Libro IV, Cap. 6, p. 157


02/03/2007 01:15 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand Hay 9 comentarios.

20/05/2006

Quince páginas de Chateaubriand

20/05/2006 20:58 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand Hay 4 comentarios.


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