Se muestran los artículos pertenecientes al tema Cansinos.
Me contaba hace un tiempo cierto amigo la siguiente anécdota:
"Cuenta Borges que Cansinos, que navego toda su vida en una digna penuria económica, tenía su casa repleta de volúmenes en todas las lenguas imaginables, pero carecía de estanterías para apilarlos. A un lado y a otro, sorteando columnas enteras de libros que llegaban hasta el techo como en uno de esos laberintos borgianos, pasaban de una habitación a otra, o llegaban al escritorio de Cansinos (primero en la calle de la Morería, después, con la ayuda de los amigos, en Menéndez Pelayo.) [...]"
Pero ahora quería recordar otra que, según creo, relata el propio Cansinos Assens en su "Novela de un literato". Yo la saqué de otro libro, del que he perdido la referencia. De todas formas, aquí os dejo la historieta (de una incorrección política atroz, valga esta advertencia para retinas sensibles):
"La autobiografía de Rafael Cansinos-Asséns tiene un gran interés, tanto literario, como histórico, como anecdótico. La biografía de este escritor olvidado se sitúa en la época de la edad de plata de la literatura española, del Madrid bohemio y del modernismo, en la que sobresalían escritores como Gómez de la Serna, Valle-Inclán o los hermanos Machado. La anécdota que voy a contar a continuación pertenece a esta gran obra, y tiene como protagonistas a éstos últimos y a uno de los más extravagantes difusores del modernismo en España: Francisco Villaespesa.
Cuenta Cansinos-Asséns, que en una ocasión, estando en casa de Antonio y Manuel Machado un muchacho, un tal Pinedo (Pinedito lo llamaban), que quería ser poeta e intelectual, los dos hermanos, Antonio de Zayas y Francisco Villaespesa, que también estaba allí, le hicieron creer que para ser un auténtico literato había que ser homosexual (cito textualmente):
-Sí –le decía muy serio Manuel Machado-, todos los genios han sido invertidos. No tiene usted más que ver..., Shakespeare, Oscar Wilde, Pierre Louys, y ahora, entre nosotros, Benavente...
Pinedito movía la cabeza:
-¿Hombre, Shakespeare?...
-¡Claro! ¿No ha leído usted los sonetos a lord Pembroke? (...)
Además de homosexual, todo artista e intelectual debía ser un delincuente y haber cometido por lo menos un crimen (de nuevo parafraseo a Cansinos):
-Sí –insistía Villaespesa-, para ser genial hay que ser invertido y también asesino. ¿No ha leído usted la biografía de Benvenuto Cellini?...
-¿Ni la obra de De Quincey, Del asesinato considerado como una de las bellas artes? –interroga Zayas.
-¡Hombre, hombre! ¡Asesinos también!...
-¡Claro! El artista es amoral... Yo, aquí donde usted me ve, he matado a una vieja... Y Antonio Machado ha estado en presidio por haber falsificado una letra... Aún le queda al andar el resabio del grillete..., ¿verdad, Antonio?
Antonio, muy serio, asentía sin dejar de afeitarse.
(...)
-El genio es la anormalidad –dogmatizaba Antonio de Zayas-. Sólo las medianías son normales... Pero por ser genial, bien vale la pena ser homosexual y hasta asesino.
-Entonces... –decía Pinedito con cómica resignación...
-¡Bravo! –gritaban todos-. Usted será genial, Pinedito."