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"XLIV
Degradación de los valores 6
Es propio de la lógica del soldado tirarle a un enemigo una granada entre las piernas;
es propio de la lógica del militar explotar al máximo todos los medios del poder militar, explotarlos hasta las últimas consecuencias, con el mayor radicalismo y, si es necesario, exterminar pueblos, destruir catedrales, bombardear hospitales y salas de operaciones;
es propio de la lógica del economista explotar los medios económicos de un modo absoluto y hasta las últimas consecuencias y, destruyendo toda competencia, ayudar al propio ente económico –ya sea negocio, fábrica, trust o cualquier otro tipo de corporación económica- a alcanzar el dominio exclusivo;
es propio de la lógica del pintor llevar hasta el límite y hasta las últimas consecuencias los principios pictóricos, con un radicalismo total, aun a riesgo de que surja una pintura completamente esotérica sólo comprensible para aquel que la produjo;
es propio de la lógica del revolucionario hacer que el ímpetu de la revolución prospere hasta las últimas consecuencias y con el mayor radicalismo, a fin de lograr el establecimiento de la auténtica revolución, como también es ciertamente propio de la lógica del político llevar su meta política hasta la dictadura más absoluta;
es propio de la lógica del fabricante burgués poner en práctica, con absoluto radicalismo y hasta sus últimas consecuencias, el lema “Enriqueceos”. De este modo, con estas consecuencias y con este radicalismo absoluto, han surgido las realizaciones mundiales de Occidente, para ser llevadas al absurdo en virtud de ese carácter absoluto que se anula a sí mismo: la guerra es la guerra, el arte por el arte, en política no existen escrúpulos, el negocio es el negocio. Todo esto quiere decir lo mismo, todo esto viene determinado por el mismo radicalismo agresivo, por aquella falta de consideración espantosa que casi me atrevería a calificar de metafísica; viene determinado por aquella lógica cruel que sólo se centra en el objetivo y nada más que en el objetivo, sin mirar a derecha y a izquierda. ¡Ah!, todo esto es el estilo del pensamiento de esta época."
Huguenau o el realismo
Hermann Broch
Debolsillo, 2006

Escritor austriaco cuya reputación descansa en varias novelas formalmente inventivas e intelectualmente ambiciosas. El tema de su obra maestra, Der Tod des Vergil (1945, la muerte de Virgilio) es el dilema del artista en un periodo de crisis histórica. El intento de Broch de reconciliar la visión científica del mundo con una concepción mística de la experiencia es a veces próxima a la de su contemporáneo austriaco Robert Musil, quien también llegó a la literatura tras seguir, inicialmente, una carrera técnica y comercial.
Hermann Broch nació en Viena en el seno de una bien situada familia judía. Su padre era Josef Broch, un industrial, y su madre Johanna Schnabel Broch. Tuvo al principio una educación privada, y más tarde una formación orientada a prepararlo para una puesto directivo en la empresa textil de su padre, en Teesdorf. Broch estudió en la Escuela Secundaria Estatal Real e Imperial (1897-1904), la Escuela Técnica de Manufactura Textil (1904-06), y en la Escuela de Hilado y Tejido de Mülhausen (1906-07). Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como administrador de la Cruz Roja austriaca. Desde 1907 hasta 1927 administró la empresa familiar en Teesdorf.
En los cafés de Viena Broch conoció a intelectuales como Robert Musil y Franz Blei, y a la periodista Ea von Allesch, antigua modelo de desnudos, que era llamada "la Reina del Café Central". Su primer marido fue un pianista inglés que murió en el frente durante la guerra. El teniente Johannes von Allesch, su segundo esposo, tuvo una crisis nerviosa tres meses después de su boda. Entre los invitados a la misma estaban los escritores Musil y Reiner Maria Rilke. Broch dejó a Milena Jesenská por ella -y Milena empezó su relación con Franz Kafka. En 1919 Broch se convirtió en crítico del Moderne Welt, en parte gracias a los contactos de Ea von Allesch. Ella animó a Broch en sus aspiraciones literarias y Broch le escribió apasionadas cartas. A veces Broch se quejaba de su frialdad. Ella era once años mayor que Broch, quien concluyó que los traumas maritales debían de estar tras sus problemas. Su romance comenzó a enfriarse en 1927. Broch la retrató en la segunda y tercera parte de su trilogía Die Schlafwandler (1931-32, Los sonámbulos). Ea fue también la femme fatale de Robert Musil en su obra Vinzenz und die Freundin bedeutender Männer (1923). Anna Herzog se convirtió en secretaria y nueva querida de Broch.
Después de trabajar durante muchos años en la empresa textil familiar, Broch se dedicó desde los 40 años a sus intereses intelectuales. Se divorció en 1923 y vendió la empresa en 1927. Desde 1926 a 1930 estudió matemáticas, filosofía y psicología en la Universidad de Viena, donde se organizó en 1929 el muy influyente Círculo de Viena. Sus miembros, incluidos Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Otto Neurath, Friedrich Waismann, y otros positivistas lógicos, lucharon contra la metafísica como precursora anacrónica de la ciencia. Intentaron añadir el aparato técnico y el rigor lógico de la lógica matemática moderna a la tradición empírica de Hume, Comte y Mach. El propio Broch vio que la única tarea de la literatura era tratar con los problemas cuyas soluciones elude la ciencia. Molesto con la reluctancia de sus profesores a considerar cuestiones metafísicas, Broch abandonó sus estudios.
A la edad de 45 Broch publicó su primera novela, la trilogía Die Schlafwandler (Los sonámbulos), que refleja la convicción spengleriana del autor de que la historia progresa en ciclos de desintegración y reintegración de sistemas de valores. Su tema central era la desintegración de los valores culturales en la Alemania del periodo entre 1880 y 1920. Los personajes de la novela experimentan los problemas sociales, políticos y económicos como periodos de dificultades personales y de transición. Paserow, un aristócrata prusiano y oficial del ejército, rompe con las opresivas convenciones para relacionarse con la prostituta bohemia Ruzena, pero termina en un feliz matrimonio con Elisabeth, su vecina y socialmente igual. Esch, el impetuoso contable, es una figura de transición. Su mundo se viene abajo cuando es despedido de su trabajo. Al final de un periodo de vagabundeo, se casa con la propietaria de un restaurante. Huguenau es la persona carente de valores, quien estafa y asesina en su camino al éxito social y financiero. Él resume un sistema social de valores tradicionales devaluados. Huguenau deserta del ejército, asesina a Esch, viola a Frau Esch y se convierte en un respetado hombre de negocios. La estructura de la novela consta de fragmentos de ensayos filosóficos, artículos periodísticos, diálogos y fantasías una tras otra.
La difusión del fascismo hizo a Broch abandonar sus proyectos literarios y en 1937-38 trabajó en la Völkerbund-Resolution (resolución de la Liga de Naciones), sugiriendo que reconocimientos internacionales y el refuerzo de los derechos humanos podrían detener la marea del fascismo. El interés de Broch en las fuentes psicológicas colectivas del nazismo fue más tarde expresado en Massenpsychologie (1951), que fue escrita con ayuda de varias fundaciones americanas durante la Segunda Guerra Mundial. Die Verzauberung (1976) [El maleficio] era una novela sobre la psicología de masas. La historia se desarrolla en un pequeño pueblo de montaña tirolés, donde los granjeros creen las promesas de un fanático fundamentalista e incluso participan en el asesinato ritual de una joven. Broch trabajó en el libro periódicamente desde los años 30, pero lo dejó inacabado. En el momento de su muerte, se encontraba escribiendo la tercera versión del texto.
Broch fue arrestado por los nazis el día de la anexión alemana de Austria, y detenido brevemente en 1938. Inspirado por las visiones de la muerte inminente en la prisión de Altausse, escribió unas pocas elegías, que se convirtieron en el núcleo de Der Tod des Vergil. Con la ayuda de James Joyce y otros escritores, Broch fue autorizado a emigrar de la Austria nazi. Se trasladó a Londres, después a Escocia, y finalmente a los Estados Unidos, donde se estableció primero en Princeton, New Jersey. Ea von Allesch cuidó de la madre de Broch, pero no pudo salvarla de los nazis y acabó muriendo en un campo de concentración. Ea murió en Viena en 1953.
Como Broch carecía de título académico, no se le permitió acceder a un puesto entre el profesorado de Princeton o Yale. Recibió una serie becas de diversas instituciones y compañías, tales como Guggenheim, Rockefeller, Bollingen, Oberlander, y la American Academy of Arts and Sciences. Desde 1940 Broch se involucró en el trabajo con refugiados, y entregó gran parte de su dinero a otros exiliados europeos.
La Muerte de Virgilio, uno de los grandes monumentos de la literatura del exilo, fue completada en los Estados Unidos. Las cuatro partes del libro están regidas por los cuatro elementos -agua, fuego, tierra y aire. La primera sección consiste en un retorno del poeta a Italia a través de las ruidosas y atiborradas calles del puerto, que lo llevan de su barco al palacio de Brundisium. La segunda es principalmente un sueño febril sobre el palacio del emperador Augusto. La tercera consiste en la decisión de Virgilio de que la Eneida había de ser destruida porque la sociedad está condenada y el poeta es innecesario, y su lucha con el emperador que quiere preservar la obra. En el último capítulo Virgilio finalmente acepta la muerte en una fantástica cabalgata que invierte la creación del universo.
En el marco de dieciocho horas, el poeta moribundo se somete a largas conversaciones filosóficas con su médico, con el emperador y con sus amigos. Las conversaciones con el César tratan en parte de la naturaleza del totalitarismo y la relación entre religión y estado. En su obra Broch trata de representar la transición de la vida a la muerte a través de una técnica musical y poética. Largas, casi desestructuradas oraciones, expresan la complejidad y el contenido estético y emocional de un simple pensamiento. Además con su lenguaje recursivo la novela es difícil de leer. Hannah Arendt y Aldous Huxley admiraron mucho el tratamiento que da Broch a la idea del arte como "una afiliación a la comunidad humana, que era el propósito del arte real en su aspiración hacia la humanidad." Por otra parte, Huxley estaba asombrado por muchos de los fragmentos cuasi-poéticos de la novela.
Broch estaba entre aquellos intelectuales convencidos de la decadencia de Occidente, pero también condenó la búsqueda de la belleza, que según él sólo puede conducir al kitsch. Este término se refiere, en sus obras, a la repetición.
"In science and art alike the important thing is the creation of new expressions of reality." - "Kitch is certainly not 'bad art'; it forms its own closed system, which is lodged like a foreign body in the overall system of art, of which, if you prefer, appears alonside it." (Broch in Kitch: an Anthology of Bad Taste by Gillo Forfles, 1969)
Broch pasó los últimos años de su vida en estrecho contacto con la Universidad de Yale, New Haven, Connecticut. En 1949 se convirtió en miembro de Saybrook College. En la víspera de su planeado retorno a Europa murió de un ataque al corazón; era el 30 de mayo de 1951. Aunque Broch se había convertido al catolicismo en su juventud, en el momento de su muerte se estaba planteando el retorno al judaísmo de su infancia.
Obra selecta:
Die Schlafwandler: Ein Romantrilogie: Passenow; oder, Die Romantik - 1888, 1931; Esch; oder, Die Anarchie - 1903, 1931; Huguenau, oder, Die Sachlichkeit - 1918, 1932 - Sleepwalkers: A Trilogy - suom. Unissakulkijat (Los sonámbulos: una trilogía: Passenow; o el Romanticismo- 1888, 1931; Esch; o la Anarquía- 1903, 1931; Huguenau, o el realismo- 1918, 1932)
Die unbekannte Grösse, 1933 - The Unknown Quantity
Die Entsühnung, 1934
James Joyce und die Gegenwart, 1936
Der Tod des Vergil, 1945 - La muerte de Virgilio
Die Schuldlosen, 1950 - Los inocentes
Der Versucher, 1953
Dichten und Erkenne, 1955
Massenpsychologie, 1959
Gesammelte Werke, 1952-1961 (10 vols.)
Short Stories, 1966
Der Bergroman, 1969 (4 vols.)
Zur Univärsitätsreform, 1969
Briefw. mit D. Brody, 1970
Gedanken zur Politik, 1970
Barbara, und andere Novellen, 1973
Hofmanstahl und seine Zeit, 1974 - Hugo von Hofmanstahl and His Time
Schriften zur Literatur, 1975 (2 vols.)
Die Vierzauberung, 1976 - The Spell
Kommentierte Werkausgabe, 1974-1981 (13 vols.)
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Mal traducido por Settembrini, más o menos de:
http://www.firstworldwar.com/poetsandprose/broch.htm
He decidido presentar al Vaticano una propuesta para canonizar a dos editores. El uno es, cómo no, Jaume Vallcorba, artífice de El Acantilado, ese taller de orfebres.

Entiendo que los milagros requeridos están acreditados. Son visibles y tangibles: están en cualquier librería. Y por si fuera poco, nos ofrecen ahora una edición en rústica (4 tomitos) de las Memorias de Ultratumba -que hace tiempo apareció en versión para potentados- al no tan abusivo precio de 39 euros. Sigue siendo un potosí, pero al menos la cifra no para el corazón, como los noventa eurazos de la otra. Además, es bien sabido lo poco rústicas que son las rústicas que hace esta gente. Una oportunidad, en definitiva. Otra más.
La segunda canonización que quiero proponer es la del desconocido (por mí) Santo que ha decidido y llevado a cabo la reedición de... tatachán... ¡Los sonámbulos! ¡Los sonámbulos! ¡Hermann Broch reeditado! ¡Aleluya!
Y es en Debolsillo. En tres maravillosos libritos de Debolsillo, buenos, bonitos y baratos. ¿Aún estáis ahí? Pero bueno, despegad los ojos de la pantalla y corred a vuestra librería de guardia. Es urgente que os hagáis con estos libros. ¡Hala!
Esto se merece un premio Nobel de Edición o algo así. Santos. Santos ya.
Vale.

Entre los Cuentos morales de Leopoldo Alas Clarín, tenemos el titulado Vario. Dejo aquí un fragmento:
"Lucio Vario, ¿por qué trabajas en vano? Trabajas para la muerte, trabajas para el olvido. Deja el arte, deja la vida, muere. Oye tu destino, el de tu alma, el de tus versos... Serás olvidado, se perderán tus libros. Tu suerte será la de tantos otros genios sublimes de esto que llamará pronto la antigüedad, el mundo. Dentro de poco un sabio pedante pretenderá saber todo lo que supo y pensó y soñó la antigüedad clásica. Llamarán lo clásico a lo escogido por la suerte para salvarlo del naufragio universal... por algún tiempo. Tú no serás grande para la posteridad porque se pederán tus obras; los ratones, la humedad, la barbarie de los siglos, y otros cien elementos semejantes, serán tus críticos, tus Zoilos, acabarán contigo, y la pereza del mundo tendrá un gran pretexto para no admirarte: no conocerte. En vano hoy la fama lleva tu nombre a las nubes; en vano Virgilio te admira, y lo dice; su testimonio se atribuirá a la amistad y a la dulzura; en vano Horacio hablará de tu vuelo aquilino en la región de la poesía épica; los pedantes del porvenir dirán que alabándote a ti alababan a Augusto, de quien fuiste el cantor cortesano; en vano vendrá dentro de poco un hombre severo, leal, noble, que se llamará Tácito, y elogiará tu famoso Thyestes; la posteridad no creerá en ti, no sabrá de ti. Perteneces al naufragio. Como tú, cientos y cientos de ingenios ilustres de esta tierra griega que buscas y de esta tierra itálica que dejas perecerán por el fuego, por la dispersión, por el polvo, por la sangre, por la barbarie y la ruina... y por la descomposición de la materia... Llegarán tiempos de escasez para el papiro egipcio, las membranas serán caras, faltará superficie duradera en que escribir; y sobre las mismas páginas que contengan las lecciones de vuestra sabiduría, vuestros ideales, vuestros sueños, vendrán otros hombres a escribir otra ciencia y otros errores, otros sueños, otras supersticiones, otras esperanzas, otros lamentos. Con tu tragedia de Thyestes naufragarán las tragedias de los trescientos cincuenta trágicos griegos, y la humanidad dirá que sólo hubo tres grandes trágicos en Grecia, los que se salvaron; pero aun de éstos perecerá casi todo. De los seiscientos historiadores helénicos, quedarán bien pocos. Y en tu tierra la misma suerte. Contigo perecerán Galo, Polión, Calvo y los venerables antecesores Ennio, Mevio, y Cinna, y Varron de Nasrbona... y todo el coro de la tragedia latina... Todavía ayer en Roma contemplabas el Tabulario con envidia... ¡Los archivos! ¡Ellos perecerán! Serán polvo, después del aire, nada. Visitaste el vicus sandalarius, refugio de libros nuevos y viejos... El Vicus y los libros serán ruina, polvo, viento. En vano habrá sido el afán de Pomponio Ático por acaparar copias y ediciones... En vano crecerá este prurito de almacenar volúmenes; Sanmonico Sereno; ¡cuán ufano se mostrará con su biblioteca de sesenta y dos mil tomos! Roma llegará a tener veintinueve bibliotecas públicas.... Un poco de polvo del desierto que se detiene un punto a engañar a la vanidad y a la curiosidad humana en forma caprichosa; seguirá soplando el viento del olvido, y el polvo voverá a cruzar el desierto... Vario, adelántate a la muerte, sé tú el olvido. No escribas, muere."
Curiosamente, Lucio Vario reaparece, años después, en las páginas de La muerte de Virgilio, del gran Hermann Broch, donde discute con éste para disuadirlo de su intención de quemar la Eneida:
"Sí, se reía [Virgilio]...y hasta se avergonzaba de esta risa a costa del embarazo de Lucio, sin preocuparse de que éste había querido realmente defender el eterno valor de la Eneida y por eso mismo había que volver a la seriedad:
-Homero fue el heraldo de los dioses; perdura corno la realidad de ellos. Sin amargura por las risas que le habían dedicado, Lucio repuso:
-Y tú eres el heraldo de Roma, perduras corno la realidad de Roma; perduras mientras Roma exista.... eternamente.
¿Eternamente? Él sentía el anillo en su dedo, sentía su cuerpo, sentía lo pasado.
-No -dijo-, nada terreno es eterno, Roma tampoco.
-Tú mismo has elevado a Roma a lo divino.
Era así y no era así. ¿De qué hablaba Lucio? ¿no era esto como una sobremesa en casa de Mecenas, deslizándose sobre la realidad, tocándola ya apenas? Cercado de tinieblas, dijo:
-En lo terreno nada se torna divino; he embellecido a Roma y mi obra no tiene más valor que las estatuas en los jardines de Mecenas... Roma no vive por la gracia de los artistas... Las obras de arte son demolidas, la Eneida quemada..."
(Por cierto, dejo aquí también un enlace a cierto texto interesantísimo de la catedrática Mª Dolores de Asís.)
Vale.