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Entre 1962 y 1964 el escritor e ingeniero Juan Benet trabajó en la construcción de la presa del pantano del Porma, en las montañas del noreste leonés que colindan con Asturias. Da la casualidad (???) de que el también escritor Julio Llamazares nació en un pueblo que quedaría sepultado por aquella presa de Porma que don Juan Benet construía en sus ratos libres mientras escribía su primera novela, "Volverás a Región", y que Llamazares ha edificado su obra desde, sobre y contra aquel su pueblo perdido y aquel horror que lo sepultó en la nada.

"En el otoño de 1983, el embalse del Porma, construido en los años setenta en la
cabecera de ese río, en las montañas de León, fue vaciado por completo para proceder a
la revisión de las instalaciones de la presa y al dragado del lodo y la maleza acumulados
al pie de ésta. De esa forma, las ruinas de los pueblos sepultados por el vaso del
embalse volvieron a emerger, como fantasmas, desde el fondo de las aguas, y sus
antiguos habitantes pudimos nuevamente visitar los lugares en los que, a pesar del agua
y del olvido, seguíamos teniendo -seguimos todavía- nuestra memoria primigenia y
nuestro origen. Se cumplía, de ese modo, la profecía literaria del ingeniero-novelista
Juan Benet, autor de las obras del embalse y de una novela escrita en ese tiempo a pie
de presa: Volverás a Región.
Yo regresé a Región, y bajé a Vegamián, el pueblo en que nací poco antes de empezar
las obras del embalse, y, durante varias horas, recorrí, hundiéndome en el lodo a cada
paso, los paisajes irreales y arruinados de mi infancia.[...]
Han pasado quince años desde entonces. Quince años de silencio y de nostalgia.
Quince años marcados por el signo de la resignación y el éxodo. Como un pueblo
maldito, arrojado de la tierra donde durante siglos vivieran sus abuelos y sus padres,
aquellos campesinos montañeses tomaron el camino que habría de llevarlos a lejanas
ciudades, desconocidas muchas veces, donde poder fundar un nuevo hogar y encontrar
un nuevo puesto de trabajo: ajena a sus temores y problemas, la vida seguía rondando
normalmente. Lo que ya nunca podrían encontrar sería aquella paz rural perdida y el
remedio a una nostalgia que lejos de extinguirse con los años, se acentúa y agranda y
cada mes de junio, allá por San Antonio, patrón que fue de Vegamián, les devuelve a las
orillas del pantano, a las praderas solitarias del monte Pardomino (su monte legendario),
para al hilo del reencuentro, celebrar una fiesta teñida de recuerdos y añoranzas. [...]
... no olvido aquella vieja leyenda montañesa que señala que el hombre, para poder
descansar eternamente, ha de ser enterrado en el mismo lugar en que nació. De lo
contrario, su espíritu y su cuerpo quedarían separados: el cuerpo en el lugar en el que
fue enterrado y el espíritu errando por los espacios infinitos, sin decidirse nunca entre el
cielo y el infierno."
http://folk.uio.no/jmaria/VazquezMontalban/Vazquez=Llamazares.pdf