Animado por las palabras de Vila-Matas, me he decidido a (re)leer "El arte de la fuga", de Sergio Pitol. Aunque no es tan popular como otros autores latinoamericanos de su generación (o de la inmediatamente anterior), creo que casi ninguno tiene la vigencia y la influencia de este hombre. Al menos, en la literatura que hoy por hoy me parece más prometedora y la que más interesantes caminos puede abrir en un futuro próximo. "El arte de la fuga" se mueve en el ámbito de esa "no ficción" que tanto desconcierta a muchos contemporáneos. De él he leído que atraviesa una etapa de su carrera en la que ha abandonado la novela en favor de una combinación de autobiografía, ensayo y ficción, que repite el mismo libro, que es un excéntrico, un heterodoxo... (sin ir más lejos, los del Cervantes se lían al catalogar "El arte de la fuga" como ensayo y la "Trilogía de la memoria", que incluye a la anterior, como narrativa). Modestamente, creo que la suya es la novela del siglo XXI. O al menos abre caminos para los escritores del siglo XXI. No en vano entre sus "discípulos" (y perdón si la palabra no es la justa) se cuenta gente como Bolaño o Vila-Matas, para quien Pitol es "el mejor escritor vivo en lengua castellana". No sé si es exacto, pero leyendo "El arte de la fuga" lo parece.
Por cierto, Anagrama (cómo no) ha publicado su "Trilogía de la memoria" (El arte de la fuga , El viaje, El mago de Viena) en una asequible edición de bolsillo que espero acudáis a comprar en cuanto acabéis de leer estas líneas, si es que hay algún insensato que esté perdiendo el tiempo leyéndome a mí (qué lástima) en lugar de dedicar su tiempo a los Bolaños o Pitoles del mundo.
Y entrando en el terreno de la anécdota, que mi frivolidad me impide eludir, he leído en ese libro un pasaje curioso que recuerda a cierto episodio narrado por don Enrique el lunes pasado:
A finales de 1968 dejé la embajada de México en Belgrado, donde desempeñaba mi primer cargo diplomático. Me resistí a seguir colaborando con el gobierno mexicano después de Tlatelolco. Regresé a México y encontré la atmósfera irrespirable. Una amiga prometió ayudarme a obtener un trabajo en Londres como traductor en The Economist, que estaba por iniciar su publicación en español. Era casi seguro que comenzara a trabajar en octubre. Podría pasar el verano en Polonia invitado por Zofia Szleyen. La asistencia a un coloquio sobre Conrad, creía yo, me permitiría obtener la visa. Hice una escala en Barcelona para entregar la traducción de Cosmos, de Gombrowicz, a la editorial Seix Barral. La llevaba casi terminada; pensé que sería cosa de trabajar sólo un par de semanas más. El 20 de junio de 1969, a medianoche, llegué a Barcelona por la estación de Francia. Desconocía la ciudad. Le pedí a un taxista que me recomendara un hotel agradable de poco precio, me puso uno por la nubes que resultó ser un hostal en el rumbo de Escudillers. Pensaba esperar allí un dinero enviado de México para continuar mi viaje, así como también la invitación para el coloquio en Varsovia, o la privada de mi amiga Zofia, sin alguna de las cuales no podría recibir el visado polaco. En vez de las tres semanas que preveía pasar en Barcelona me quedé tres años[...]
Pitol estuvo en Barcelona hasta 1972, pajareando entre los ambientes literarios y la "gauche-divine", hasta que marchó a Varsovia como agregado cultural de la embajada de México. Al año siguiente, Vila Matas marchó a esa misma ciudad (como escala, dice, de un accidentado viaje a Alejandría que emprendió con una amante de Durrell) y, en un episodio similar al anterior, se quedó varado en la casa polaca de Sergio Pitol durante un tiempo que fue más que provechoso, como cuenta según la cita que recoge el Moleskine literario:
"Cuando conocí a Sergio, en Varsovia, yo tenía 25 años, y en España ningún escritor de su categoría me concedía un minuto ni me dedicaba tiempo para hablarme de literatura. Así que el magisterio de Sergio se dio, desde el primer momento, en la conversación en la sobremesa en su casa de Varsovia, a mi paso por esa ciudad (...) Fui a Varsovia inocentemente y me convertí en escritor gracias a Pitol y mi afición definitiva por la cultura la produjo el propio Sergio".
Empiezo a sospechar que Dios es Borges o vicecersa.
Vila-Matas, premiado, por Sergio Pitol
Sergio, un escritor que baila en el abismo, por Enrique Vila-Matas
Cronología de Sergio Pitol
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Autor: Portnoy
Fecha: 18/05/2008 11:00.
Autor: Settembrini
Fecha: 18/05/2008 16:17.
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Autor: Fuca
Fecha: 18/05/2008 17:40.
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Autor: Portnoy
Fecha: 18/05/2008 21:51.
Autor: Settembrini
Fecha: 19/05/2008 00:45.