Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.

Resumen

02/11/2007

Vestidos de fiesta

 


Oigo a una escritora reclamar, en una tertulia radiofónica, que Hacienda le desgrave de sus impuestos ciertos gastos "de carácter profesional", como, por ejemplo, "los vestidos de fiesta".

Literatura, en fin...


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02/11/2007 21:01 Autor: settembrini. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

06/11/2007

El porqué de todas las cosas

 



Capítulo IV. «De los monstruos»

60.
P.- ¿Por qué nacen monstruos en la tierra?
R.- Por muchas causas, que son éstas: flaqueza de la virtud generante, o por mucha abundancia; por accidente en la matriz; por aprehensión eficaz y viva, y por constelación e influjo especial.

61.
P.- ¿Por qué no hay ahora gigantes como en los pasados siglos?
R.- Porque está ya en los últimos desmayos la naturaleza, sin fuerza y vigor para engendrarlos, aunque hay nación hacia el Oriente que es de género gigánteo.

62.
P.- ¿Por qué son monstruos los capones?
R.- Porque ni son hombres ni mujeres?

63.
P.- ¿Por qué no nacen con cola los hombres como los demás animales?
R.- Porque se sientan y no pudieran sentarse si la tuvieran. Linaje de hebreos hay que tienen, y nacen con rabillos.

64.
P.- ¿Por qué no tienen barbas los capones?
R.- Porque con la mucha abundancia que tienen de pituita son muy fríos, y con la falta de calor tienen cerrados y constipados los poros.

65.
P.- ¿Por qué todos tienen voz de tiples?
R.- Porque recibe poco aire la caña del pulmón y ése es muy blando y sutil, y así sale la voz. Y porque la mucha humedad y pituita les embaraza las vías y órgano de la voz, como sucede en los que están acatarrados que teniendo voz muy gruesa hablan en tiple. Y como sale por muy angosta estrechura, sale sutil y delgada. Lo que también sucede en los clarines, chirimías y cornetas.

Andrés Ferrer de Valdecebro: El porqué de todas las cosas
Edición de Antonio Bernat Vistarini y John T. Cull.
Prefacio de Georges Beaumatin.

http://www.studiolum.com/es/medioporque.htm


 

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06/11/2007 00:49 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

07/11/2007

Rebaños de ovejas negras


H.P. Lovecraft: Contra el mundo, contra la vida
Michel Houellebecq
http://www.siruela.com/catalogo/catalogo.php3?ficha=899

A la vista de cómo titula Houellebecq los primeros capítulos de este libro, resulta difícil resistir la tentación de leerlo:

Literatura ritual 

  • Acometed el relato como un radiante suicidio
  • Pronunciad sin desmayo el gran no a la vida
  • Entonces veréis una poderosa catedral
  • Y vuestros sentidos, portadores de indecibles desórdenes
  • Trazarán el esquema de un delirio integral
  • Que se perderá en la innombrable arquitectura de los tiempos


Es el relato de la fascinación del novelista por la figura del tenebroso Lovecraft, oscuro, extravagante, solitario, racista, apocalíptico, inadaptado...

“Howard Phillips Lovecraft es un ejemplo para todos los que quieren aprender a malograr su vida y, llegado el caso, a triunfar con su obra. Aunque esto último no está garantizado. A fuerza de practicar una política de total no compromiso con las realidades vitales, uno se arriesga a caer en una apatía completa e incluso a dejar de escribir; y eso es justamente lo que estuvo a punto de pasarle a Lovecraft en varias ocasiones. Otro peligro es el suicidio, que hay que aprender a sortear; Lovecraft tuvo siempre a mano, durante varios años, una botellita de cianuro. Puede ser un truco enormemente útil, siempre que uno aguante el tipo. Lovecraft lo aguantó, no sin dificultades.”


Lovecraft es más que un fabulador, más que un inventor de mitos o un escritorcillo de historietas de terror:
http://www.centrostudilaruna.it/lovecraftmodernidad.html

Lovecraft es el último reaccionario, y al contrario de sus predecesores (que al menos tenían a Dios), sí llega a vivir el siglo XX, y sabiendo que no hay vuelta atrás, se revela como un profeta apocalíptico. No es un iluminado clarividente como Kafka, que intuye y define el conflicto del individuo con la sociedad y consigo mismo, sino que anuncia el terror del hombre acorralado entre el vacío de unas creencias muertas y el imparable curso de un mundo en constante cambio. (“Lo que aborrecemos es el cambio en sí.”) La suya es una literatura, en palabras del Houellebecq, nacida del odio.

Houellebecq descubre al Lovecraft enfrentado a los fenómenos que él aborda también en sus libros, desde una perspectiva ajena a la modernidad: democracia, libertad, sexo, inmigración, megalópolis, desempleo, competencia... Encuentra en él, quizá, una coartada, un semejante, que lo redime de ser un mero bufón que con su máscara reaccionaria busca la provocación, con fines publicitarios o crematísticos. (Algún día comprenderé a Houellebecq. Al menos yo sí quiero hacerlo...)


 
En cuanto a Lovecraft, no tarda en crear escuela, y despojado de lo más profundo (y lo más terrible) de su personalidad literaria, quedará convertido, a través de sus imitadores, en un batiburrillo de libros malditos, seres del ultramundo y monstruitos fabricados en serie. Quizá sea mejor así...


Por mi parte, puedo compartir la fascinación de Houellebecq por la figura del caballero de Providence, que basa su obra en la negación de la vida, por aquello del atractivo del mal. Es interesante asomarse al lado oscuro. Resulta estimulante; ayuda a pensar. Me seguirá intrigando, como me intriga aquél, pero no perderé el sueño por ninguno de los dos. Houellebecq es aficionado a optar por caminos que, cuando se toma a sí mismo demasiado en serio, no conducen a ninguna parte, en el mejor de los casos... Lo más sano es no tomarse nada demasiado en serio.

...

Por cierto, creo que lo verdaderamente perverso de la posmodernidad es el modo que ha encontrado de asimilar al rebelde, de domesticar la vanguardia. Apenas nacida ésta, ya se encuentra etiquetada, clasificada e incluida en los correspondientes repertorios. Estar fuera del sistema es ya un modo de estar dentro del sistema, absorbido por el sistema. 

Los real visceralistas asimilados, no digo más... http://www.infrarrealismo.com/

...

Una iluminación de Houellebecq:

“Tal vez el siglo XX perviva como una edad de oro de la literatura épica y fantástica, una vez que se hayan disipado las mórbidas brumas de las vanguardias desvaídas.”



 

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07/11/2007 19:37 Autor: settembrini. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

12/11/2007

Apocalipsis


E se
depois do apocalipse
descobrirmos

que ainda estamos
aqui?

http://amoreseusobjetos.blogspot.com/

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12/11/2007 00:47 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Los real visceralistas

12/11/2007 00:49 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Bolaño No hay comentarios. Comentar.

Una teoría y una casualidad


Los detectives salvajes es una novela sobre bartlebies.

La disolución de la literatura:


 




La casualidad:

 


Cosas de editores...


 

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12/11/2007 00:59 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Bolaño No hay comentarios. Comentar.

14/11/2007

Desnudo bajando una escalera

 


En "Bartleby y compañía", Vila-Matas nos habla de Duchamp como ejemplo de artista del No, negador de las palabras y de vocación embaucador:

Nadie atrapa al extraño impostor de Melville, como nadie consiguió atrapar nunca a Duchamp, el hombre que no confiaba en las palabras: “Las palabras no tienen absolutamente ninguna posibilidad de expresar nada. En cuanto empezamos a verter nuestros pensamientos en palabras y frases todo se va al garete”. Nadie atrapó nunca al embaucador de Duchamp, cuya fría hazaña reside, más allá de sus obras de arte y de no-arte, en haber ganado la apuesta de que podía embaucar al mundo del arte para que le honrara sobre la base de credenciales falsas. Eso tiene un gran mérito. Duchamp decidió hacer una apuesta consigo mismo sobre la cultura artística e intelectual a la cual pertenecía. Apostó este gran artista del No a que podía ganar la partida sin hacer prácticamente nada, con sólo quedarse sentado. Y ganó la apuesta. Se rió de todos esos estafadores inferiores a los que tan acostumbrados estamos últimamente, de todos esos pequeños estafadores que buscan su recompensa no en la risa y el juego del No sino en el dinero, el sexo, el poder o la fama convencional.

Con esa risa subió Duchamp a escena al final de su vida para recibir los aplausos de un público que admiraba su gran capacidad para, con la ley del mínimo esfuerzo, embaucar al mundo del arte. Subió a escena y el hombre del Desnudo bajando una escalera no tuvo que mirar los escalones. Por un largo y cuidadoso cálculo, el gran estafador sabía exactamente dónde estaban esos escalones. Lo había planeado todo desde el principio, como el gran genio del No que fue.

Descontexto

El Desnudo bajando una escalera es también uno de los motivos de Los detectives salvajes. Aparece justo antes del duelo entre Belano (trasunto de Bolaño) y el crítico Iñaki Echevarne (trasunto de Ignacio Echevarría), en la conversación en que Belano le pide a Guillem Piña (pintor, docente y falsificador) que le sirva de padrino:
 

Guillem Piña, calle Gaspar Pujol, Andratx, Mallorca, junio de 1994.[...]

"Así que un día Arturo apareció por casa de mi amiga y ésta me llamó por teléfono y yo salí de mi casa y fui a verlo. Fui a buen paso, fui corriendo. No sé por qué me puse a correr, pero lo cierto es que lo hice. Eran cerca de las once de la noche y hacía frío y cuando llegué vi a un tipo que ya tenía más de cuarenta años, igual que yo, y me sentí, mientras avanzaba hacia él, como el Desnudo bajando una escalera, aunque yo no bajaba ninguna escalera, creo.[...]

Una vez me preguntó si no me sentía deprimido. No, le dije, a veces me siento como el Desnudo bajando una escalera, lo que resulta incluso agradable si estás en una reunión con amigos, y no tan agradable si vas por el Paseo de Gracia, por ejemplo, pero en general me siento bien.[...]

Un día, poco antes de desaparecer por última vez, llegó a mi casa y me dijo: me van a hacer una mala crítica. Le preparé una infusión de manzanilla y me quedé callado, que es lo que se hace, creo, cuando uno tiene que escuchar una historia, ya sea triste o alegre. Pero él también se quedó callado y durante un rato estuvimos así, él mirando su infusión o la rodajita de limón que flotaba en su infusión y yo fumando un Ducados, creo que soy de los pocos que sigo fumando Ducados, digo, de los pocos de mi generación, incluso el mismo Arturo ahora fuma rubios ultra lights. Al cabo de un rato, por decir algo, dije: ¿te vas a quedar a dormir en Barcelona? y él negó con la cabeza, cuando se quedaba a dormir en Barcelona lo hacía en casa de mi amiga (en habitaciones separadas, aunque esta precisión lo enturbia todo), no en mi casa, cenábamos juntos, eso sí, y a veces salíamos los tres a dar vueltas en el coche de mi amiga. En fin, le pregunté si se iba a quedar a dormir y él dijo que no podía, que tenía que volver al pueblo en donde residía, un pueblo de la costa a poco más de una hora en tren. Y entonces otra vez nos volvimos a quedar callados los dos, y yo me puse a pensar en lo que había dicho acerca de la mala crítica, y por más que pensé no entendí nada, así que dejé de pensar y me puse a esperar, que es lo que hace, contra todo pronóstico, el Desnudo bajando una escalera, y precisamente en eso consiste su extraña crítica.

Durante un rato lo único que escuché fue el ruido que hacía Arturo al beber su infusión, sonidos apagados provenientes de la calle, el ascensor que subió y bajó un par de veces. Y de repente, cuando ya no pensaba ni escuchaba nada, lo oí que repetía que un crítico lo iba a vapulear. Eso no tiene demasiada importancia, le dije. Son gajes del oficio. Sí que tiene importancia, dijo él. A ti nunca te ha importado, dije yo. Ahora me importa, debo de estar aburguesándome, dijo él. A continuación me explicó que su penúltimo libro y su último libro tenían unas semejanzas que entraban en el territorio de los juegos imposibles de descifrar. Yo había leído su penúltimo libro y me había gustado y no tenía idea de qué iba su último libro así que no le pude decir nada al respecto. Sólo preguntarle: qué clase de semejanzas. Juegos, Guillem, dijo. Juegos. El jodido Desnudo bajando una escalera, tus jodidas falsificaciones de Picabia, juegos. ¿Pero dónde está el problema?, dije. El problema, dijo él, es que el crítico, un tal Iñaki Echavarne, es un tiburón. ¿Es un mal crítico?, dije yo. No, es un buen crítico, dijo él, al menos no es un mal crítico, pero es un jodido tiburón. ¿Y cómo sabes que te va a hacer la reseña de tu último libro si todavía no está ni siquiera en las librerías? Porque el otro día, dijo él, mientras estaba en la editorial, llamó a la jefa de prensa y le pidió mi anterior novela. ¿Y qué?, dije yo. Que yo estaba allí, delante de la jefa de prensa, y ésta le dijo hola, Iñaki, qué casualidad, Arturo Belano está aquí mismo, delante de mí, y el cabrón del Echevarne no dijo nada. ¿Qué tenía que haber dicho? Hola, al menos, dijo Arturo. ¿Y como no dijo nada, tú sacas la conclusión de que te va a destrozar?, dije. ¿Y qué si te destroza? ¡Es igual! Mira, dijo Arturo, Echavarne se peleó hace poco con el Catón de las letras españolas, Aurelio Baca, ¿lo conoces? No lo he leído, pero sé quien es, dije. Todo se debió a una crítica que hizo Echavarne sobre el libro de un amigo de Baca, no sé si la crítica estaba justificada o no, yo no he leído el libro. Lo único cierto es que aquel novelista tenía a Baca para defenderlo. Y la crítica que Baca le dedicó al crítico fue de esas que hacen llorar. Ahora bien, yo no tengo a ningún meapilas que me defienda, absolutamente a nadie, así que Echavarne se puede ensañar conmigo con toda tranquilidad. Ni siquiera Aurelio Baca podría defenderme pues en mi libro, no en el que va a salir, en el penúltimo, me burlo de él, aunque dudo mucho que me haya leído. ¿Tú te burlas de Baca? Me río un poco, dijo Arturo, aunque no creo que ni él ni nadie se percatara. Eso descarta a Baca como defensor, admití, mientras pensaba que yo tampoco me había percatado de aquella burla que ahora parecía preocupar a mi amigo. Pues que Echavarne se ensañe, dije yo, qué más da, todo eso no son más que nimiedades, deberías ser el primero en saberlo. Todos nos vamos a morir, piensa en la eternidad. Pero es que Echavarne debe tener ganas de desquitarse con alguien, dijo Arturo. ¿Tan malo es?, dije yo. No, no, es muy bueno, dijo Arturo. ¿Entonces? No se trata de eso, se trata de ejercitar los músculos, dijo Arturo. ¿Los músculos del cerebro?, dije yo. Los músculos de alguna parte, y yo voy a ser el sparring de Echavarne para su segundo round o su octavo round con Baca, dijo Arturo. Ya veo, la disputa viene de lejos, dije yo. ¿Y tú qué tienes que ver en todo esto? Nada, yo sólo voy a ser el sparring, dijo Arturo. Durante un rato estuvimos sin hablar, pensando, mientras el ascensor bajaba y subía y el ruido que hacía era como el ruido de los años en que no nos habíamos visto. Lo voy a desafiar a duelo, dijo Arturo finalmente. ¿Quieres ser mi padrino? Eso fue lo que dijo. Sentí como si me clavaran una inyección. Primero el pinchazo, luego el líquido que entraba no en mis venas sino en mis músculos, un líquido helado que provocaba escalofríos. La proposición me pareció descabellada y gratuita. Nadie desafía a nadie por algo que aún no ha hecho, pensé. Pero luego pensé que la vida (o su espejismo) nos desafía constantemente por actos que nunca hemos realizado, en ocasiones por actos que ni siquiera se nos ha pasado por la cabeza realizar. Mi respuesta fue afirmativa y acto seguido pensé que tal vez en la eternidad sí que existe o existirá el Desnudo bajando la escalera o tal vez El gran vidrio. Y luego pensé: ¿y si la reseña es buena? ¿Y si a Echavarne le gusta la novela de Arturo? ¿No sería entonces, además de un acto gratuito, una injusticia desafiarlo a duelo? [...]

Superloyds




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14/11/2007 23:49 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Bolaño No hay comentarios. Comentar.

15/11/2007

Los libros malos



 

70) En el primero de los fragmentos que Derain me envía de Schopenhauer se dice que los especialistas jamás pueden ser talentos de primer orden. Entiendo que Derain cree que me considero un especialista en bartlebys y pretende minar mi moral. «Los talentos de primer orden —escribe Schopenhauer— jamás serán especialistas. La existencia, en su conjunto, se ofrece a ellos como un problema a resolver, y a cada uno presentará la humanidad, bajo una u otra forma, horizontes nuevos. Sólo puede merecer el nombre de genio aquel que toma lo grande, lo esencial y lo general por tema de sus trabajos, y no el que pasa su vida en explicar alguna relación especial de cosas entre sí.»

¿Y bien? ¿Quién teme a Schopenhauer? ¿Y quién ha dicho que yo pretenda ser especialista en síndromes de Bartleby? Así que para mí el fragmento de Schopenhauer es inofensivo. Es más, no puedo estar más de acuerdo con lo que expresa. De especialista no tengo yo nada, soy un rastreador de bartlebys. En cuanto al segundo fragmento que me envía Derain, lo mismo: le doy toda la razón al pensador. Es más, me concede la oportunidad de hablar de un mal de raíz opuesta a la del síndrome de Bartleby, pero no por ello menos interesante de tratar. Un mal en el que, por cierto, me parece que Schopenhauer era un buen especialista. Ese mal al que él se refiere es el que destilan los malos libros, esos libros horrorosos que en todas las épocas han abundado: «Los libros malos son un veneno intelectual que destruye el espíritu. Y porque la mayoría de las personas, en lugar de leer lo mejor que se ha producido en las diferentes épocas, se reduce a leer las últimas novedades, los escritores se reducen al círculo estrecho de las ideas en circulación, y el público se hunde cada vez más profundamente en su propio fango.

Bartleby y compañía. Enrique Vila-Matas


 

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15/11/2007 00:15 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Vila-Matas Hay 3 comentarios.


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