Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.

Resumen

18/07/2007

Cosas del tedio...

 




Contra-orden (Poética por la que me pronuncio ciertos días)


Esto es un poema.

Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:
Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el… (silencio),
Arena gratis,
Asesinos,
Etcétera.

Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa. Escupe dentro.

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.


Ángel González


18/07/2007 23:54 Autor: settembrini. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

20/07/2007

Seres de nada y de tiniebla

 


"Seres de nada y de tiniebla, nuestra impotencia y nuestra potencia están bien determinadas: no podemos procurarnos a voluntad ni la luz ni la vida; pero la naturaleza, al darnos unos párpados y una mano, ha puesto a nuestra disposición la noche y la muerte."


Chateaubriand
Memorias de ultratumba
Libro trigésimo octavo, capítulo 6
Ed. Acantilado, 2006


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20/07/2007 21:10 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand Hay 1 comentario.

22/07/2007

En el Castello Sforzesco

 

http://fa.rossoalice.alice.it/preview_fa1/ma/ax/maxart2/medium_9c31a5b205b8485405536fac8f8dee0c.jpg



Cuando añadí a mi anterior mensaje ese cuadro de Friedrich, que es uno de los símbolos del Romanticismo (así lo atestigua esa caótica Wikipedia de nuestros pecados), acudió a mi maltrecha memoria alguna imagen de mi último viaje a Italia, hace más de un año ya (“Y luego, cuando vuelva el otoño, iremos a Italia: Italiam!, es mi eterno ritornello”, dice el viejo Chateaubriand). Se trata de unos cuadritos que se conservan en la pinacoteca del Castello Sforzesco.

Por cierto, al entrar en esa misma sala se encuentra la Madonna con bambini, santi e angeli , de Filippo Lippi, que al parecer representa a los niños de cierta familia noble. Niños que no estaban solos, ya que a mi llegada encontré sentados en corro ante el cuadro, como completando el círculo, una veintena de niños menores de 8 añitos (y de carne y hueso) que soportaban la explicación de su maestra con la misma atención que los traviesos angeli, santi e bambini del retrato. Era tierna la imagen de los niños jugando sobre el puente de seiscientos años que los separaba, y parecía que los que gritaban a mi alrededor hubieran emergido del cuadro, o que yo me hubiera sumergido en él.




Entretenido con esta imagen, di inadvertidamente un pequeño salto de siglos para encontrarme ante una Venecia destruida. Se trataba de una serie de paisajes en los que una barca surcaba un mar en calma, con un cielo tormentoso al fondo, del que emergían diversas ruinas griegas y romanas. No costaba reconocer en estas imágenes la de Venecia misma hecha ruinas y pronto azotada por la tempestad. Pintados en el siglo XVIII, en el ocaso de la Serenísima, parecían anticipar su fin. Eran como sueños, en los que el artista se viera navegando entre los restos de la ciudad desolada, quizá en un futuro no demasiado lejano.

Eran, en cualquier caso, imágenes que parecían responder a los rasgos que establecen los tratados para la pintura romántica. Me encontraba así ante un romanticismo nacido en la laguna veneciana, como no podía ser de otra forma. Parecía más apropiado para este movimiento que su nacimiento oficial en el lejano y gélido norte. Poco después cubrí en parte alguna de mis innumerables lagunas aprendiendo que esos pintores llevan la etiqueta de “ruinistas”. Quede para los manuales el parentesco entre éstos y los Friedrich del norte, pero yo vi en esas ruinas mucho de lo que encuentro en las páginas de mi Chateaubriand.

Hablo de Leonardo Coccorante (Nápoles, 1680-1750) [Capriccio con architetture e mare calmo al chiaro di luna], Francesco Guardi (Venecia, 1712-93), etc. Es curioso que el romanticismo parezca anunciarse en la luminosa Venecia. En el XVIII su pretendido esplendor era engañoso, pero creía que el engaño surtía efecto y los venecianos no veían la miseria que escondía y disimulaba su falso esplendor. Quizá sólo para algunos iluminados la verdad era evidente, y la ruina inevitable. Y es asombroso el parentesco nórdico de este sentimiento.

En uno de los cuadros, unos gondoleros empujan sus barcas cargadas entre las ruinas. Parecen portar los restos del naufragio, o huir de la catástrofe. En cualquier caso es inconfundible la luz rosada del crepúsculo en la laguna.

Por cierto, que estoy a punto de leer la parte de las Memorias en que Chateaubriand narra su viaje a Venecia. Ya os contaré.

..............

Pero hablaba de Filippo Lippi. En la guía que llevaba (soy uno de esos turistas de Baedecker a los que ridiculizaban los novelistas del XIX) encontré dos breves noticias acerca de Lippi y su señor hijo. Las copio tal cual, que leídas del original no dejan de tener su gracia:

“Lippi, Filippino (1457-1504)
Pintor florentino, hijo de Fra Filippo (!). Sus obras más destacadas [...]
Lippi, Fra Filippo (h.1406-1469)
Pintor florentino, monje carmelitano que provocó un gran escándalo por su relación amorosa con una monja. [...]”

Debían ser unos tipos divertidos los artistas del Renacimiento. Como el llamado Sodoma, de quien dice mi guía:

“Sodoma (Gianantonio Bazzi) 1477-1549
Pintor nacido en Vercelli que trabajó principalmente en Siena y sus alrededores, donde fue una de las figuras más significativas de su tiempo junto con Beccafumi. Su estilo es de un eclecticismo abigarrado que mezcla de una manera casi siempre atractiva elementos anticuados con otros propios de la época. El origen de su apodo no precisa explicación.”

Esto me recuerda que tengo por ahí la “Vita” de Benvenutto Cellini, publicada hace poco por Alianza. Chateaubriand critica lo escandaloso de sus memorias. (El pobre anduvo enamoriscado de la deslumbrante Madame Recamier, y parece que fueron demasiado formales como para soltarse el pelo. Pobrecitos.)

.................

Pero volviendo a aquellos pintores italianos, decidme si no se nota cierto aire de familia con un Turner, por ejemplo...





Claro que los cuadros que citaba antes son minuciosamente ignorados por Google. Será que los he soñado...



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22/07/2007 03:55 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Venecia No hay comentarios. Comentar.

23/07/2007

Luna lunática, o Consejo para formales




La referencia que hacía a la formalidad de Chateaubriand y la Recamier me trajo a la mente cierto poema de Benedetti (Los formales y el frío). Y entonces recordé cierta descripción que hace el viejo amigo de las montañas alpinas, en la que se le acaba yendo la mano hasta rozar ligeramente la frontera con lo cursi. Fue una palabra, lapislázuli, la que me recordó (casualmente) otro poema de Benedetti, que -éste sí- copio aquí porque me parece delicioso y un buen mal-ejemplo. Ustedes lo sigan con salud:


          HOMBRE QUE MIRA LA LUNA

Es decir la miraba         porque ella
se ocultó tras el biombo de nubes
y todo porque muchos amantes de este mundo
le dieron sutilmente el olivo

con su brillo reticente la luna
durante siglos consiguió transformar
el vientre amor en garufa cursilínea
la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli

cuando los amantes ricos la miraban
desde sus tedios y sus pabellones
satelizaba de lo lindo y oía
que la luna era un fenómeno cultural

pero si los amantes pobres la contemplaban
desde su ansiedad o desde sus hambrunas
entonces la menguante entornaba los ojos
porque tanta miseria no era para ella

hasta que una noche casualmente de luna
con murciélagos suaves         con fantasmas y todo
esos amantes pobres se miraron a dúo
dijeron         no va más         al carajo selene

se fueron a su cama de sábanas gastadas
con acre olor a sexo deslunado
su camanido de crujiente vaivén

y libres para siempre de la luna lunática
fornicaron al fin como dios manda
o mejor dicho como dios sugiere.


Mario Benedetti



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23/07/2007 03:16 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Carpe diem


Imagem:Quintus Horatius Flaccus.jpg

El carpe diem lunático del anterior mensaje me ha recordado cierta polémica (polemiquilla, más bien) que se ventiló en tiempos por esos foros de dios, acerca de los conocidos versos de Horacio de los que viene esa expresión: 

Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Vt melius quicquid erit pati!
Seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum, sapias, uina liques et spatio breui
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.


Q. Horatii Flacci Carmina, I, XI

Una posible traducción es esta:

Saber no quieras, que el saberlo está vedado, el fin que a mi y a ti
Leucónoe, tiene predestinado los dioses, ni interrogues
los números babilonios. ¡Cuánto mejor será que nos resignemos
a cualquiera suerte! Ya sean muchos los inviernos que te reserva Júpiter,
ya el postrero sea éste que ahora quebranta el oleaje tirreno
contra los riscos de la opuesta orilla: sé cuerda, filtra tus vinos y
ajusta a corta vida la esperanza larga. Mientras hablamos, huye el envidioso tiempo.
Coge el día de hoy; no seas demasiado crédula en el día de mañana.

Quinto Horacio Flaco. Odas, I-XI. Versión de Lorenzo Riber. Aguilar: Madrid 1967


Y por aquí un breve resumen de la polémica y una amena explicación:

http://www.babab.com/no13/carpe_diem.htm


En fin, que no le dejan a uno ni siquiera ser un viejo verde...

Pero sí, ya lo dice el viejo Chateaubriand (cómo no): "[...] disponía de demasiado poco tiempo de vida como para perder este poco. Dice Horacio: Carpe diem, coge la flor del día. Consejo del placer a los veinte años, de la razón a mi edad." (Memorias de ultratumba, libro 36, cap. 10)


Vale.


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23/07/2007 19:38 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

24/07/2007

Paradojas de la censura




“Pocos años después, el santo papa Pío IV hizo revisar el proceso, que fue anulado: el cardenal y su hermano fueron restablecidos en todos sus honores, y el procurador general, que había contribuido más a esas muertes, fue ahorcado. Pío V ordenó la anulación del proceso. Todas las copias que existían en las bibliotecas fueron quemadas. Estaba prohibido conservar una, bajo pena de excomunión; pero el Papa no pensó que él mismo tenía una copia del proceso en su biblioteca y que de dicha copia se iban a hacer todas las que existen hoy día.”
 

La duquesa de Palliano

Crónicas Italianas

Stendhal

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24/07/2007 23:53 Autor: settembrini. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.


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