Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.

Resumen

02/08/2007

Venecia ultratumba




“En Venecia hay suficiente civilización para que la vida encuentre en ella sus delicias. Lo fascinante del cielo evita que exista la necesidad de una mayor dignidad humana; una fuerza de atracción exhala de estos vestigios de grandeza, de la huella de las artes de que se está rodeado. Los restos de una antigua sociedad que produjo tales cosas, llenándoos de indiferencia por una sociedad nueva, no os dejan ningún deseo de futuro. os gusta sentiros morir con todo cuanto muere a vuestro alrededor; os preocupáis únicamente de revestir con elegancia cuanto queda de vuestra vida a medida que ésta se va despojando. [...] ¡Que no pueda encerrarme en esta ciudad en armonía con mi destino, en esta ciudad de los poetas, por donde pasaron Dante, Petrarca, Byron! ¡Que no pueda terminar de escribir mis Memorias a la luz del sol que cae sobre estas páginas! El astro aún incendia en estos momentos mis sabanas de la Florida y se pone aquí al fondo del Gran Canal. No lo veo ya; pero a través de un espacio abierto en esta extensión solitaria de palacios, sus rayos hieren la bola de la Dogana, las entenas de las barcas, las vergas de los navíos, y el portal del convento de San Giorgio Maggiore. La torre del monasterio, trocada en columna de color rosa, se refleja en las ondas; la fachada blanca de la iglesia es iluminada tan violentamente que distingo los más mínimos detalles esculpidos por el escoplo. Las fachadas de los almacenes de la Giudecca están pintadas con una luz ticianesca; las góndolas del canal y del puerto se hallan inmersas en la misma luz. Venecia está aquí, sentada a orillas del mar, como una bella mujer que se extinguirá con el día; el viento de la tarde alborota sus perfumados cabellos; muere saludada por todos los encantos y todas las sonrisas de la naturaleza.”

Memorias de ultratumba
Libro 39, capítulo 4
Chateaubriand

 

Etiquetas: ,

02/08/2007 00:36 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Venecia Hay 2 comentarios.

05/08/2007

De fuentes y ríos




Leo en las Memorias de ultratumba este fragmento sobre las fuentes de Danubio:

“Tras nacer en la Selva Negra, el Danubio va a morir en el mar Negro. ¿Dónde se encuentra su fuente principal? En el patio de un barón alemán, que utiliza a la náyade para hacer su colada. Cuando un geógrafo osó negar el hecho, el noble propietario entabló un proceso. Se decidió por sentencia que el nacimiento del Danubio estaba en el patio del mencionado barón, y que no habría podido estar en otra parte. ¡Cuántos siglos han sido necesarios para llegar de los errores de Tolomeo a esta importante verdad! Tácito hace descender el Danubio del monte Abnoba, montis Abnobae. Pero los barones hermonduros, cheruscos, marcomanos y cuados, que son las autoridades en que se apoya el historiador romano, no eran tan avisados como mi barón alemán.”

Hace tiempo colgué algo parecido sobre las fuentes de Nilo, pero lo que me ha recordado este fragmento es, como no, la búsqueda que lleva a Claudio Magris en su obra "El Danubio", de las fuentes de este río, para concluir que nace, efectivamente, en el patio de una casucha alpina; y más aún, que nace de un humilde grifo. El propio Magris ha comentado este episodio en un par de entrevistas:

"¿Y así surgen algunas de las historias reales y ficticias que fluyen con el río, como la búsqueda de los orígenes del Danubio?

La idea de los orígenes del Danubio también fue fundamental. Quisiera narrar un pequeño episodio. Al principio del libro hay una búsqueda de los verdaderos orígenes del Danubio que se disputan varias ciudades. Esto se convierte en una broma, un poco de ironía sobre esta pretensión de pureza, la pretensión del origen, de tener el monopolio, el derecho de la identidad. Entonces se demuestra cómo una búsqueda rigurosamente científica da como resultado que el Danubio nace de una llave o de un canalón que puede cerrarse provocando, después de un tiempo, la sequía en Viena o en Budapest. Por supuesto es una metáfora con varios significados, como el gran temor de que se agoten las aguas de la vida o para decir que estamos muy enterados acerca de las discusiones sobre los orígenes de la vida, pero sobre el origen mismo sabemos muy poco. En esa pequeña ciudad de la frontera con Eslovaquia, hay una placa que dice con orgullo: “Ésta es la verdadera fuente del Danubio”, y lo que yo hago es burlarme de la placa. Años después colocaron otro letrero en mi contra. Regresé para grabar con la televisión alemana y vi una placa que estaba junto a la otra y decía: “Ésta es la verdadera fuente del Danubio. No es cierto, como algunos han dicho, que el Danubio nazca de un grifo ni de los canalones de las casas vecinas”. Entonces recordé una frase melancólica de Borges: “La literatura sólo puede retratar el mundo, pero no puede cambiar el paisaje del mundo”, y yo, modestamente, en mi pequeño entorno, transformé el paisaje al provocar que se colocara esa placa en mi contra. El Danubio cambió un poco, y ésta es otra de las pequeñas historias danubianas."

http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/2606/pdfs/93_97.pdf

"-Hay en El Danubio un profundo ajuste de cuentas con la historia, es un ajuste moral, no sólo imaginativo, la erudición es deseo que fluye, como el Danubio, en intensidades diversas, con alegrías y desencantos, con la voluntad profunda de disolver fronteras literarias y geográficas...es un narrador y un autor que no temen saber demasiado....

-Saber demasiado. Creo que soy el que viaja: hay un lado muy cultivado, de gran cultura, erudición; pero por el otro, de cultura muy pobre, ridícula y tengo siempre la impresión, de que nuestra cultura, nuestro saber y erudición libresca, comprende muy poco, casi nada de la vida. La erudición, la verdadera cultura nos hace conscientes de nuestra debilidad. Hay una dimensión muy irónica, muy humilde que nos obliga  a descubrir que esta gran cultura, este saber maniaco, lleno de cosas, es muy débil frente a la vida. Por eso en este viaje la cultura es ironizada pero con amor, con respeto. Ese pobre yo que viaja, es un intelectual, y tiene la cabeza y el bolsillo llenos de las citas de los libros que ha leído, y cada vez que tiene dificultades en la vida, ante el amor, la enfermedad, ante sus amigos, la muerte, la vejez, inmediatamente, para defenderse, toma sus libros y cita: intenta construir una barricada, una muralla de cultura, de libros, de citas, contra la vida, contra las dificultades de la vida.
Pero la vida es siempre más fuerte que la cultura, cada barricada que levanta es muy débil ante el simple problema de vivir. Su conocimiento lo conduce a pensar que quizá el Danubio surge de una gotera, o de un grifo, que quizá el Danubio no existe. Eso quiere decir en el fondo que sabemos muy pocas cosas sobre la vida y su origen. Y descubrimos la posible inexistencia de el Danubio. Es decir, que el agua materna, sensual, viviente de la vida, quizá haya desaparecido. Y es la gran angustia de la civilización contemporánea, que la vida, que la sensualidad, la posibilidad de amar, del deseo, ha sido absorbida, canalizada.
Su pregunta es clave: saber demasiado, demasiado y poco: elegí el Danubio como paisaje simbólico del mundo, porque hasta un cierto momento soy yo el que viaja, a través de un río que atraviesa muchas culturas, terrenos, pueblos, civilizaciones, sistemas políticos, psicológicos, económicos, sociales, religiosos, etc. Hasta un cierto momento soy yo el que viaja, espera, cree...el que se hace la ilusión de poder comprender la realidad que lo rodea, de poder organizarla, de poder controlarla con su cultura germánica. Pero cada avance conduce a un territorio aún más desconocido: de lenguas y gestos ignotos.
Por eso el Danubio es símbolo de esta aventura, porque no es un río que se identifique solamente con un pueblo, como sí sucede con el Rin, es por ello un símbolo de la complejidad y la pluralidad de cada identidad. La moral. Esa es una dimensión fundamental de la vida y del libro. Soy el que viaja, no quisiera pensar en la moral, es como cuando usted viaja a Viena o a Roma y desea estar con los amigos, ver los paisajes, disfrutar, vivir. Uno desea olvidar la moral.
Cuando está usted enamorado, cuando ve el mar, cuando uno es feliz, no se piensa en eso. No obstante, la moral, es como la salud del cuerpo, algo necesario, la premisa fundamental de la vida. No pienso en mis rodillas, pero si me duelen descubro la necesidad que tengo de ellas, con la moral es lo mismo. Así que estamos obligados a descubrir la necesidad de la moral, de los valores. Viajo y río, soy feliz, la sensualidad aparece, aparece el vino... pero también topo con el sufrimiento, la violencia, las víctimas.
La historia es una complicación increíble de violencia, de injusticia, de clases sociales masacradas. Es entonces cuando se descubre la necesidad de la moral, la necesidad del buen combate como decía Saint Paul. La necesidad de dar una forma, un significado a la vida. Pero de pronto en Auschwitz soy yo, el viajero, quien descubre la necesidad de decir sí y no a la vida. Es un imperativo que tiene dos caras. Y así la lengua se vuelve de pronto la lengua de la moral, la lengua de la precisión.
La moralidad es algo que da significado también a cosas que no tienen nada que ver con la moral: cuando comemos, hacemos el amor, bebemos, no pensamos en la moral. Pero para poder amar, ser feliz con significado, hay que tener respeto a la moralidad. Y es por eso que la novela es también un viaje peligroso donde, sí, hay posibilidad de gozar, pero también el riesgo de perderlo todo. Tal vez sin esa exigencia la vida perdería su encanto. "

http://www.literaturainba.com/notas/entrevista_magris.htm

No está mal. Mirad a qué caudalosas reflexiones hemos llegado partiendo de un humilde grifo. No está nada mal...


Etiquetas: , ,

05/08/2007 15:18 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

08/08/2007

Tasso et al.



Termino ya con las Memorias de ultratumba. Esta edición completa del Acantilado confirma que debemos colocar a estos señores en nuestro santoral particular, reservado a los editores heroicos, bravos y voluntariosos, capaces de publicar a Hermann Broch o a Chateaubriand sin miedo a terminar en la miseria. Mil gracias, porque nos dan bien de leer.

En cuanto a las Memorias, qué decir, más que su calidad crece y crece conforme nos acercamos al final. Chateaubriand las fue escribiendo a lo largo de más de treinta años, de manera que su evolución se va reflejando en la obra, en estas memorias escritas sobre la marcha, en vivo. Y va ganando en maestría conforme pasan los años. El libro cuadragésimo es en el que su estilo alcanza la mayor altura. Llega a arrancar lágrimas de emoción. Como en el relato de las andanzas de Torquato Tasso, el poeta que sufrió la locura y la prisión, y escribió cosas como estas:
 

“Bajo el peso de mis infortunios, he renunciado a toda idea de gloria; me consideraría feliz con sólo apagar la sed que me devora. [...]”

 

“Piango il morir: non piango il morir solo,
Ma il modo (...)
Mi saria di conforto aver la tomba,
Ch’altra mole innalzar credea co’ carmi”

 

“Torquato Tasso, bergamasco por afecto, no sólo por origen, habiendo perdido primero la herencia de su padre y luego la dote de su madre (...) y, tras una servidumbre de muchos años y de largas fatigas, al no haber pedido nunca jamás en medio de tantas miserias la fe que tenía en esta ciudad, se atreve a pedirle su ayuda, suplicando al señor duque de Ferrara, en otro tiempo mi protector y benefactor, que me devuelva mi patria, mis parientes, mis amigos y a mí mismo (...)”

 

...

[“Patria, parenti, amici / Voi dunque non avete?”, preguntaba Gilda a Rigoletto, quien respondía a su hija: “Patria! parenti! dici? / Culto, famiglia, patria, / Il mio universo è in te!” (“¡Religión, familia, patria, / tú eres todo mí universo!”). Ella era su única patria, su única amiga y toda su familia: “”. La maledizione del bufón...]

...

El final de los días de Tasso recuerda al de don Quijote. Arrepentido de su vida y de sus obras, se refugia en la fe, para alegría del beatísimo Chateaubriand, que dice al hilo de la conversión de otro amigo:

“...cuando se pasa de la firme incredulidad a la indecisión, se está a dos pasos de llegar a la certidumbre.”
Cap. 4, libro 42

Pero volviendo a Tasso, cuenta Chateaubriand:

“Virgilio le rogó a Augusto que arrojara al fuego la Eneida; Tasso suplicó a Cintio que quemara la Jerusalén...”

Algo de esto colgué aquí hace un tiempo...

...

En fin, dejaré a mano las Memorias, en un estante bajo de mi biblioteca, porque creo que aún volveré a ellas más de una vez. Y vuelvo a aconsejar que hipotequéis el piso, si es necesario, para comprar esta joya, de lectura obligatoria.

 

Etiquetas: , ,

08/08/2007 23:53 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Chateaubriand No hay comentarios. Comentar.

10/08/2007

'Hijos, no os dejéis domesticar...'

 

Ellos estaban allí



Todavía embobado por la poesía de Chateaubriand, he querido aplacar la mala conciencia que me ha dejado semejante baño reaccionario recurriendo a las memorias de un par de revolucionarios. En 1970 Teresa Pàmies (la señora mamá del Sergi escritor del mismo apellido, según leo por esas webs de Dios) fue galardonada con el premio Josep Pla por su obra "Testamento en Praga", en la cual va alternando las memorias de su padre (Tomás Pàmies, viejo dirigente marxista exiliado y muerto en Praga) con fragmentos de su cosecha, a modo de diálogo con el padre muerto. Ambos son dos revolucionarios de la vieja escuela. La política está presente en su vida y en sus palabras de un modo que hoy muchos no entenderían. Recomendable para saber cómo y por qué se luchó en su día, y para admirar una forma de hacer literatura comprometida y sin concesiones a la estética, ni al pudor, ni a nada, más que a la verdad (aunque no coincida con la nuestra).

A mí me ha llegado, particularmente, un fragmento en el que el viejo Pàmies esboza en un simple párrafo toda una ética del trabajo, dando una lección que deberían haber aprendido Orwell y su caballo estajanovista (Rebelión en la granja está disponible en línea, por cierto):

No imaginéis a vuestro padre desbarrando ahora en su vejez, sino pasando revista a su vivir complicado, pero siempre guiado por un sentido de justicia y de trabajo, pues no olvidéis, hijos, que la piedra de toque del revolucionario es el trabajo. El hombre ha de amar el trabajo; lo ha de necesitar como el aire, como la sal y el pan. Si huye del trabajo no es hombre social, o sea: no es hombre. Y a ver si nos entendemos. No me atribuyáis actitudes que no tengo ni he tenido nunca, en el sentido de considerar al hombre como una máquina de hacer cosas. Precisamente he procurado siempre no convertirme en máquina porque no hay mayor desastre que un hombre domesticado, y por eso siempre os he dicho: “Hijos, no os dejéis domesticar.”

Testamento en Praga
Tomás y Teresa Pàmies
Ed. Destino, 1971


Y ahora, para ir completando, vamos a tirar unos cuantos piolines, a la manera de Horacio Oliveira:

   Piolín 1
   Piolín 2
   Piolín 3
   Piolín 4
   Piolín 5
   Piolín 6
   Piolín 7

Hala, a leer.

Etiquetas: ,

10/08/2007 01:35 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

27/08/2007

El Gran Piscator de Salamanca

 


 

Los chicos de Debolsillo han reeditado la Vida de don Diego de Torres Villarroel, considerada un modelo de la biografía moderna. Es la historia de un hombre a caballo entre dos épocas, que busca la ascensión social rompiendo los rígidos esquemas de su siglo. Lo curioso es que entre todas las posibles formas literarias escoja la picaresca para redactar su obra, y narrar su juventud goliardesca, sus andanzas como charlatán y su triunfo como astrólogo y adivino de pega, tarea de la que él mismo se burla no mucho más que de su papel como catedrático en Salamanca. Resulta interesante que uno de los rasgos más llamativos de este hombre moderno sea el cinismo:

     Aseguro que, habiendo sido mi nacimiento, mi crianza y toda la ocupación de mi vida entre los libros, jamás tomé alguno en la mano deseoso del entretenimiento y la enseñanza que me podían comunicar sus hojas. El miedo al ocio, la necesidad y la obediencia a mis padres me metieron en el estudio y, sin saber lo que me sucedía, me hallé en el gremio de los escolares, rodeado del vade y la sotana. Cuando niño, la ignorancia me apartó de la comunicación de las lecciones; cuando mozo, los paseos y las altanerías no me dejaron pensar en sus utilidades; y cuando me sentí barbado, me desconsoló mucho la variedad de sentimientos, la turbulencia de opiniones y la consideración de los fines de sus autores.

     A los libros ancianos aún les conservaba algún respeto; pero después que vi que los libros se forjaban en unas cabezas tan achacosas como la mía, acabaron de poseer mi espíritu, el desengaño y el aborrecimiento. Los libros gordos, los magros, los chicos y los grandes, son unas alhajas que entretienen y sirven en el comercio de los hombres. El que los cree, vive dichoso y entretenido; el que los trata mucho, está muy cerca de ser loco; el que no los usa, es del todo necio. Todos están hechos por hombres y, precisamente, han de ser defectuosos y oscuros como el hombre. Unos los hacen por vanidad, otros por codicia, otros por la solicitud de los aplausos, y es rarísimo el que para el bien público se escribe. Yo soy autor de doce libros, y todos los he escrito con el ansia de ganar dinero para mantenerme. Esto nadie lo quiere confesar; pero atisbemos a todos los hipócritas, melancólicos embusteros que suelen decir en sus prólogos que por el servicio de Dios, el bien del prójimo y redención de las almas dan a luz aquella obra, y se hallará que ninguno nos la da de balde, y que empieza el petardo desde la dedicatoria, y que se espiritan de coraje contra los que no se la alaban e introducen.

     Muchos libros hay buenos, muchos malos e infinitos inútiles. Los buenos son los que dirigen las almas a la salvación por medio de los preceptos de enfrenar nuestros vicios y pasiones; los malos son los que se llevan el tiempo sin la enseñanza ni los avisos de esta utilidad; y los inútiles son los más de todas las que se llaman facultades. Para instruirse en el idioma de la medicina y comer sus aforismos basta un curso cualquiera, y pasan de doce mil los que hay impresos sin más novedad que repetirse, trasladarse y maldecirse los unos a los otros; y lo mismo sucede entre los oficiales y maestros que parlan y practican las demás ciencias. Yo confieso que para mí perdieron el crédito y la estimación los libros después que vi que se vendían y apreciaban los míos, siendo hechuras de un hombre loco, absolutamente ignorante y relleno de desvaríos y extrañas inquietudes. La lástima es -y la verdad - que hay muchos autores tan parecidos a mí que sólo se diferencian del semblante de mis locuras en un poco de moderación afectada; pero en cuanto a necios, vanos y defectuosos, no nos quitamos pinta. Finalmente, la natural ojeriza, el desengaño ajeno y el conocimiento proprio, me tienen días ha desocupado y fugitivo de su conversación, de modo que no había cumplido los treinta y cuatro años de mi edad cuando derrenegué de todos sus cuerpos; y una mañana que amaneció con más furia en mi celebro esta especie de delirio, repartí entre mis amigos y contrarios mi corta librería y sólo dejé sobre la mesa y sobre un sillón que está a la cabecera de mi cama la tercera parte de Santo Tomás, Kempis, el padre Croset, Don Francisco de Quevedo y tal cual devocionario de los que aprovechan para la felicidad de toda la vida y me pueden servir en la ventura de la última hora.


Acabó el buen don Diego arrepentido de sus correrías como pícaro feroz, y más tarde quizá también de sus imposturas como intelectual (y como Rappel dieciochesco). Aunque no sé si estas actitudes que se suceden en los trozos de su Vida pecan también de impostura, y forman parte también del personaje literario en que él mismo se transforma. En fin, sea o no parte de la máscara, ahí queda el humor con que se toma la vida, a los demás y a sí mismo:
 

“Y por mí, desde ahora tienen todos el perdón y la licencia para gruñir y entrometer en los fracasos, las mentiras y ridiculeces que se les vengan a la boca y a la pluma. Yo arrojo la mía, quiebro mi zampoña y me escondo a reír a mis anchas de muchos y de muchas cosas; y los primeros gritos de la burla los echaré encima de mí, pues, a la verdad, estoy persuadido que no hay, en todos los entremeses, sayos de bobo y cagalasollas del mundo, despertador más poderoso de mis carcajadas que yo mismo, y más cuando me acuerde de lo cacareado y famoso que ha sido mi nombre desde los veinte años hasta hoy, y que antes de muerto, y muchas centurias después de difunto, he de ser citado por hombre insigne y, como quien no dice nada, por autor de libros, habiendo sido en todos los pedazos de mi vida un ignorante holgazán sin sujeción ni escuela.”


http://faculty-staff.ou.edu/L/A-Robert.R.Lauer-1/BIBVillarroel.html

27/08/2007 20:22 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Pícaros No hay comentarios. Comentar.


Blog Directory Top Blogs Best blogs ranking  Bitacoras.com Literature Blogs - Blog Top Sites blogs de viajes, educacion, tecnologia Unión de Bloggers Hispanos Add to Technorati Favorites
Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]