
Todavía embobado por la poesía de Chateaubriand, he querido aplacar la mala conciencia que me ha dejado semejante baño reaccionario recurriendo a las memorias de un par de revolucionarios. En 1970 Teresa Pàmies (la señora mamá del Sergi escritor del mismo apellido, según leo por esas webs de Dios) fue galardonada con el premio Josep Pla por su obra "Testamento en Praga", en la cual va alternando las memorias de su padre (Tomás Pàmies, viejo dirigente marxista exiliado y muerto en Praga) con fragmentos de su cosecha, a modo de diálogo con el padre muerto. Ambos son dos revolucionarios de la vieja escuela. La política está presente en su vida y en sus palabras de un modo que hoy muchos no entenderían. Recomendable para saber cómo y por qué se luchó en su día, y para admirar una forma de hacer literatura comprometida y sin concesiones a la estética, ni al pudor, ni a nada, más que a la verdad (aunque no coincida con la nuestra).
A mí me ha llegado, particularmente, un fragmento en el que el viejo Pàmies esboza en un simple párrafo toda una ética del trabajo, dando una lección que deberían haber aprendido Orwell y su caballo estajanovista (Rebelión en la granja está disponible en línea, por cierto):
No imaginéis a vuestro padre desbarrando ahora en su vejez, sino pasando revista a su vivir complicado, pero siempre guiado por un sentido de justicia y de trabajo, pues no olvidéis, hijos, que la piedra de toque del revolucionario es el trabajo. El hombre ha de amar el trabajo; lo ha de necesitar como el aire, como la sal y el pan. Si huye del trabajo no es hombre social, o sea: no es hombre. Y a ver si nos entendemos. No me atribuyáis actitudes que no tengo ni he tenido nunca, en el sentido de considerar al hombre como una máquina de hacer cosas. Precisamente he procurado siempre no convertirme en máquina porque no hay mayor desastre que un hombre domesticado, y por eso siempre os he dicho: “Hijos, no os dejéis domesticar.”
Testamento en Praga
Tomás y Teresa Pàmies
Ed. Destino, 1971
Y ahora, para ir completando, vamos a tirar unos cuantos piolines, a la manera de Horacio Oliveira:
Piolín 1
Piolín 2
Piolín 3
Piolín 4
Piolín 5
Piolín 6
Piolín 7
Hala, a leer.