
Termino ya con las Memorias de ultratumba. Esta edición completa del Acantilado confirma que debemos colocar a estos señores en nuestro santoral particular, reservado a los editores heroicos, bravos y voluntariosos, capaces de publicar a Hermann Broch o a Chateaubriand sin miedo a terminar en la miseria. Mil gracias, porque nos dan bien de leer.
En cuanto a las Memorias, qué decir, más que su calidad crece y crece conforme nos acercamos al final. Chateaubriand las fue escribiendo a lo largo de más de treinta años, de manera que su evolución se va reflejando en la obra, en estas memorias escritas sobre la marcha, en vivo. Y va ganando en maestría conforme pasan los años. El libro cuadragésimo es en el que su estilo alcanza la mayor altura. Llega a arrancar lágrimas de emoción. Como en el relato de las andanzas de Torquato Tasso, el poeta que sufrió la locura y la prisión, y escribió cosas como estas:
“Bajo el peso de mis infortunios, he renunciado a toda idea de gloria; me consideraría feliz con sólo apagar la sed que me devora. [...]”
“Piango il morir: non piango il morir solo,
Ma il modo (...)
Mi saria di conforto aver la tomba,
Ch’altra mole innalzar credea co’ carmi”
“Torquato Tasso, bergamasco por afecto, no sólo por origen, habiendo perdido primero la herencia de su padre y luego la dote de su madre (...) y, tras una servidumbre de muchos años y de largas fatigas, al no haber pedido nunca jamás en medio de tantas miserias la fe que tenía en esta ciudad, se atreve a pedirle su ayuda, suplicando al señor duque de Ferrara, en otro tiempo mi protector y benefactor, que me devuelva mi patria, mis parientes, mis amigos y a mí mismo (...)”
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[“Patria, parenti, amici / Voi dunque non avete?”, preguntaba Gilda a Rigoletto, quien respondía a su hija: “Patria! parenti! dici? / Culto, famiglia, patria, / Il mio universo è in te!” (“¡Religión, familia, patria, / tú eres todo mí universo!”). Ella era su única patria, su única amiga y toda su familia: “”. La maledizione del bufón...]
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El final de los días de Tasso recuerda al de don Quijote. Arrepentido de su vida y de sus obras, se refugia en la fe, para alegría del beatísimo Chateaubriand, que dice al hilo de la conversión de otro amigo:
“...cuando se pasa de la firme incredulidad a la indecisión, se está a dos pasos de llegar a la certidumbre.”
Cap. 4, libro 42
Pero volviendo a Tasso, cuenta Chateaubriand:
“Virgilio le rogó a Augusto que arrojara al fuego la Eneida; Tasso suplicó a Cintio que quemara la Jerusalén...”
Algo de esto colgué aquí hace un tiempo...
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En fin, dejaré a mano las Memorias, en un estante bajo de mi biblioteca, porque creo que aún volveré a ellas más de una vez. Y vuelvo a aconsejar que hipotequéis el piso, si es necesario, para comprar esta joya, de lectura obligatoria.