
“En Venecia hay suficiente civilización para que la vida encuentre en ella sus delicias. Lo fascinante del cielo evita que exista la necesidad de una mayor dignidad humana; una fuerza de atracción exhala de estos vestigios de grandeza, de la huella de las artes de que se está rodeado. Los restos de una antigua sociedad que produjo tales cosas, llenándoos de indiferencia por una sociedad nueva, no os dejan ningún deseo de futuro. os gusta sentiros morir con todo cuanto muere a vuestro alrededor; os preocupáis únicamente de revestir con elegancia cuanto queda de vuestra vida a medida que ésta se va despojando. [...] ¡Que no pueda encerrarme en esta ciudad en armonía con mi destino, en esta ciudad de los poetas, por donde pasaron Dante, Petrarca, Byron! ¡Que no pueda terminar de escribir mis Memorias a la luz del sol que cae sobre estas páginas! El astro aún incendia en estos momentos mis sabanas de la Florida y se pone aquí al fondo del Gran Canal. No lo veo ya; pero a través de un espacio abierto en esta extensión solitaria de palacios, sus rayos hieren la bola de la Dogana, las entenas de las barcas, las vergas de los navíos, y el portal del convento de San Giorgio Maggiore. La torre del monasterio, trocada en columna de color rosa, se refleja en las ondas; la fachada blanca de la iglesia es iluminada tan violentamente que distingo los más mínimos detalles esculpidos por el escoplo. Las fachadas de los almacenes de la Giudecca están pintadas con una luz ticianesca; las góndolas del canal y del puerto se hallan inmersas en la misma luz. Venecia está aquí, sentada a orillas del mar, como una bella mujer que se extinguirá con el día; el viento de la tarde alborota sus perfumados cabellos; muere saludada por todos los encantos y todas las sonrisas de la naturaleza.”
Memorias de ultratumba
Libro 39, capítulo 4
Chateaubriand
![]()
Autor: Javert
Fecha: 03/08/2007 17:57.
![]()
Autor: isabelbarcelo
Fecha: 04/08/2007 09:56.