
La referencia que hacía a la formalidad de Chateaubriand y la Recamier me trajo a la mente cierto poema de Benedetti (Los formales y el frío). Y entonces recordé cierta descripción que hace el viejo amigo de las montañas alpinas, en la que se le acaba yendo la mano hasta rozar ligeramente la frontera con lo cursi. Fue una palabra, lapislázuli, la que me recordó (casualmente) otro poema de Benedetti, que -éste sí- copio aquí porque me parece delicioso y un buen mal-ejemplo. Ustedes lo sigan con salud:
HOMBRE QUE MIRA LA LUNA
Es decir la miraba porque ella
se ocultó tras el biombo de nubes
y todo porque muchos amantes de este mundo
le dieron sutilmente el olivocon su brillo reticente la luna
durante siglos consiguió transformar
el vientre amor en garufa cursilínea
la injusticia terrestre en dolor lapizlázulicuando los amantes ricos la miraban
desde sus tedios y sus pabellones
satelizaba de lo lindo y oía
que la luna era un fenómeno culturalpero si los amantes pobres la contemplaban
desde su ansiedad o desde sus hambrunas
entonces la menguante entornaba los ojos
porque tanta miseria no era para ellahasta que una noche casualmente de luna
con murciélagos suaves con fantasmas y todo
esos amantes pobres se miraron a dúo
dijeron no va más al carajo selenese fueron a su cama de sábanas gastadas
con acre olor a sexo deslunado
su camanido de crujiente vaivény libres para siempre de la luna lunática
fornicaron al fin como dios manda
o mejor dicho como dios sugiere.
Mario Benedetti