
"Habría un diluvio, luego un terremoto. Un eclipse sumiría al mundo en tinieblas tan absolutas que todo debería hacerse al tacto, como entre ciegos, mientras a lo lejos retumbaba la batalla. Millares morirían de pánico. Pero, al despejarse las brumas, un amanecer diáfano, las mujeres y los hombres verían a su alrededor, en las lomas y montes de Canudos, al ejército de don Sebastián. El gran rey habría derrotado a las camadas del Can, limpiado el mundo para el Señor. Ellos verían a don Sebastián, con su relampagueante armadura y su espada; verían su rostro bondadoso, adolescente, les sonreiría desde lo alto de su cabalgadura enjaezada de oro y diamantes, y lo verían alejarse, cumplida su misión redentora, para regresar con su ejército al fondo del mar."
Así de bien escribe Vargas Llosa sobre la rebelión del Conselheiro, a finales del XIX en la región semiárida de los sertones brasileños. No creo que sea lo mejor que ha hecho el limeño, y ya hacia la mitad se me hizo un tanto cuesta arriba la lectura. Pero lo traigo para hablar de "Los sertones", obra del brasileño Euclides da Cunha, en la que se inspira la novela de Vargas. Antes de leer estos libros había oído decir, incluso, que ésta era casi un plagio de la obra de Cunha, o que la del brasileño era una novela. A estas alturas ya no sé qué es una novela, pero digan lo que digan los entendidos no sé qué tiene "Los sertones" de novela. En primer lugar no se trata de una obra de ficción, sino de una descripción detallada de la región de los sertones, seguida de una minuciosa relación de las campañas que emprendió el gobierno brasileño para aplastar la rebelión de los iluminados seguidores del Conselheiro. Da Cunha asistió a las mismas como periodista "empotrado", a la manera de los que acompañan a las tropas yankees en Irak, aunque su visión de cómo se condujo la campaña es muy crítica. Y sin embargo, también es durísimo con los rebeldes. De hecho en ningún momento muestra dudas acerca de su lugar entre los represores. Tiene muy clara la diferencia entre "ellos" y "nosotros", y aunque es crítico con la dureza de las tropas, no es para nada complaciente con los iluminados.
En este sentido el enfoque de Vargas Llosa es completamente distinto. Él opta por presentar a los rebeldes como unos oprimidos a los que la miseria y el oscurantismo conducen a una rebelión que se sale de los esquemas revolucionarios europeos (representados por el personaje anarquista Galileo Gall), y que es utilizada por los bandos que se disputan el gobierno en su disputa permanente. Además, aunque se basa en los hechos históricos, no deja de ser una novelización, con personajes ficticios, que nada tiene que ver con el planteamiento de Da Cunha.
Pero lo llamativo de la obra de Da Cunha es que casi la mitad de la misma es una descripción detalladísima sobre todos los aspectos de los sertones: geología, botánica, zoología, clima, historia, antropología... Otra cosa es el rigor científico de sus explicaciones. Parece un hombre al tanto de la ciencia de su tiempo, pero no deja de chocar la visión que se tenía de cuestiones como la psicología (aquí Vargas se divierte haciendo a su Galileo Gall un experto en frenología) o las razas. Uno lee cosas como ésta:
“Y el mestizo [...] menos que un intermediario, es un degenerado, sin la energía física de los ascendientes salvajes, sin la elevación intelectual de los ascendientes superiores, Contrastando con la fecundidad que, tal vez, posee, revela casos de hibridez moral extraordinarios.”
También desorienta Cunha al dejar entrever sus posiciones políticas. Sin dejar de lado sus críticas al modo desastroso en que se condujo la campaña contra el Conselheiro, enternece encontrar explicaciones como la siguiente. Hablando del salvaje asesinato de Apulcro de Castro (periodista crítico con el ejército) a manos de Antonio Moreira César, quien llegaría a ser uno de los generales que trató de sofocar la revuelta de Canudos, dice así:
“Fue en 1884, en Río de Janeiro. Un periodista, o mejor, un alucinado, creó, obrando con excesiva libertad, gracias a la lenidad de las leyes represivas, un escándalo permanente de insultos intolerables en la Corte del antiguo Imperio; y habiendo alcanzado al ejército parte de las alusiones indecorosas, que por igual abarcaban a todas las clases, desde el último ciudadano hasta el monarca, fue desgraciadamente resuelta por algunos oficiales, como supremo recurso, la justicia fulminante y arrebatada del linchamiento.”
Y el amigo Moreira César le pegó una puñalada en la espalda al pobre periodista. En fin, no deja de ser simpática esa referencia a la "excesiva libertad" y a la "lenidad de las leyes represivas". Y al leer el capítulo completo me temo que no se percibe demasiado el tono irónico que uno quiere encontrar...
Pero lo que más me ha gustado de estas lecturas (que no ha sido mucho, la verdad) es descubrir de qué formas tan distintas puede inspirar una obra a otros autores. Por una parte la técnica de Da Cunha deriva en la más bien convencional novela de Vargas Llosa. Por otra, nada menos que en Benet. Porque pocas influencias resultan tan claras como la de "Los sertones" en "Volverás a Región". Sobre todo en ese comienzo en que describe con la minuciosidad de Da Cunha la estructura geológica, la orografía, botánica, zoología, etc. de Región. Tanto que choca cómo el resultado parece ajustarse más a la aridez de Los sertones que a la realidad de las montañas leonesas. La Región benetiana parece hallarse más bien en los páramos del gran sertón, o en un lugar tan remoto como aquél. Pero también la descripción de las campañas militares debe algo a Da Cunha.
Sin embargo, el impulso es muy distinto. En Benet se trata del proceso de creación de un mundo literario que se enriquecería con el resto de su obra. Da Cunha pretende llegar a comprender cómo pudo suceder la catástrofe que relata, y para ello procede a estudiar el país, su geología, sus plantas, su clima, sus hombres, su historia, para ir poco a poco aproximándose a la figura del Conselheiro y a sus seguidores. No pretende hacer una enciclopedia, ni una novela: Da Cunha busca un por qué, y en su búsqueda agota lo racional (como la ciencia de su tiempo, que cree ingenuamente que puede explicar el mundo). Ahí entra Vargas Llosa y empieza la novela. Pero tampoco basta. Haría falta un Pessoa para poner de manifiesto lo inexplicable.
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Autor: Té la mà Maria
Fecha: 17/05/2007 18:59.