
Al regreso de mi viaje por el Congo (gracias, mr. Hochschild) he decidido quedarme un tiempo en la Inglaterra victoriana que recrea Ian Gibson en "El erotómano", su biografía del empresario, bibliófilo, cervantista y pervertido Henry Spencer Ashbee (mon semblable, mon frère, y no precisamente por los aspectos empresarial y filológico), pero me ha parecido un libro aburridísimo y a punto he estado de arrojarlo por la ventana (algún día lo haré, lo juro). Entonces me he acercado a los anaqueles de mi biblioteca, desde los que, como de costumbre, todos los libros me tendían sus bracitos
(tal que así:

Hasta que uno se ha arrojado a mis brazos: "La guerra del fin del mundo", de Vargas Llosa. Ha sido una larga espera. Presiento que me gustará.
Pero antes me ha dado tiempo a ojear (y también con hache) aquella "Literaturas germánicas medievales" del viejo Borges, donde he recuperado aquella referencia que hace al gran Alejandro:
"Las Cruzadas llevan al Oriente la imaginación de los hombres; hacia 1130, el predicador Lamprecht se inspira en un libro francés para redactar su Alexanderlied, que es una vida fabulosa de Alejandro de Macedonia. En el último libro, Alejandro ha conquistado la tierra y quiere conquistar el paraíso. Finalmente, arriba con sus ejércitos al pie de un muro interminable; desde lo alto le arrojan una piedra preciosa. Esta piedra, puesta en el platillo de una balanza, pesa más que todo el oro del mundo, pero el platillo sube cuando en el otro ponen una pizca de polvo. Alejandro comprende que esa piedra es, de algún modo, él, que no se sacia con todos los tesoros del orbe y que será menos, al fin, que un poco de tierra (Juvenal (Sátiras X, 147) ha expresado la misma idea. También Quevedo, en el soneto Llama a la Muerte:
Fallecieron los Curios y los Fabios,
Y no pesa una libra, reducido
A cenizas, el rayo amanecido
En Macedonia a fulminar agravios
También, con más belleza, Hugo (Chants du crépuscule, II):
Le pélerin pensif...
Serait venu peser, à genoux, sur la pierre,
Ce qu'un Napoleón peut laissier de poussière
Dans le creux de la main).
Después lo envenenan en Babilonia "y sólo guarda seis pies de tierra, como el más pobre de los hombres que ha venido a este mundo".
Esto me ha recordado lo que puso el Bardo en boca de Hamlet:
"Alejandro murió, Alejandro fue enterrado, Alejandro se convirtió en polvo. El polvo es tierra, con la tierra se hace el barro, y con el barro en que se convirtió, ¿por qué no se puede tapar un barril de cerveza?
Muerto y hecho barro, el imperial César
rellena un boquete y el aire intercepta.
¡Ah, que aquella tierra que al mundo arredró
tape una pared y corte un ventarrón!"
Ya colgué algo sobre el tema. Literatura, en fin, que nos permite decir así de bonito que no somos nada...
Vale.
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Autor: Tito Kokin
Fecha: 23/03/2007 12:52.
Autor: Settembrini
Fecha: 23/03/2007 19:59.