Los anillos de Saturno, o El siete de Mann

 




Comenta Duquena una curiosidad acerca de "La montaña mágica", de Thomas Mann: la constante presencia del número 7 a lo largo de toda la novela.


En "El arte de la novela", Milan Kundera habla de su obsesión por este número, y de cómo forma parte de la arquitectura de sus novelas. Duquena se pregunta si será una mera casualidad que en Mann también aparezca este número (el número de las letras de los nombres de ciertos personajes, el propio nombre de mi tocayo, el tiempo que pasa Hans Castorp en el sanatorio -siete años-, los siete meses que tarda en declararse a Madame Chauchat, los siete minutos que tarda el termómetro en marcar la temperatura correcta, etc.) Pero, buscando información acerca de este asunto, he dado con un artículo de Sealtiel Alatriste en el que la presencia del siete en la obra de Mann se revela, quizá, como algo más profundo:


"Recuerda entonces un detalle nimio de
la novela con la que quiso cerrar su vida. Sobre
un piano alquilado Adrian Leverkühn
ha colgado un cuadrado de cuatro columnas
y cuatro líneas, que tiene un número diferente
en cada casilla. Era el cuadrado mágico
que aparece sobre la cabeza del misterioso
ángel de la Melancolía I de Durero. ¿Puede
todavía evocar el momento en que escribió
ese fragmento? Cómo va a olvidarlo, apenas
se le ocurrió la escena hizo que el narrador
dijera que la magia —o la curiosidad (de ese cuadrado)—
reside en el hecho de que, súmense
esas cifras como se quiera, de arriba a abajo,
de derecha a izquierda o diagonalmente,
se obtiene el mismo total de treinta y
cuatro.

No lo aclaró, pero esa cifra a su vez sumaba
siete, el número cabalístico que él imaginaba
que conectaba subterráneamente toda su vida.
Sus dos grandes novelas, para
no ir más lejos, pues si del número siete pendía
el destino de su Doktor Faustus, señalaba
al propio tiempo los siete días de una semana
que (había declarado en sus intenciones) no
serían suficientes para escribir la historia
de Hans Castorp, los siete meses que tampoco
le alcanzarían para terminarla, los siete
años incluso que, ¡Dios mío!, tampoco ser
ían suficientes para abarcar el mundo de
La montaña mágica. El siete daba razón
de los setenta años de nuestra edad, era el
siete veces siete de sus setenta y siete años,
una cábala contra el eterno dominio de los
anillos de Saturno.

Alguien lo habría notado, pero al igual
que en el grabado de Dure ro, aquel cuadrado
aritmético quería convertirse en un talismán,
en un objeto mágico que protegiera
a su héroe del poder maléfico de la melancolía.
Era una invocación de Júpiter. Aunque
Thomas Mann sospechaba que todos
esos antídotos eran un débil expediente
frente al destino real de la persona melancólica
—como Adrian Leve rkühn, como él
mismo— pues ésta se entrega, abnegada e
incondicional, a la voluntad del Mago Negro,
que de esta manera se convierte en la
principal y casi única opción para el intelectual,
el sabio, el artista."


Sealtiel Alatriste
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/1805/pdfs/104-106.pdf

 


 

 

20/01/2007 03:00 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann.

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