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Entre 1962 y 1964 el escritor e ingeniero Juan Benet trabajó en la construcción de la presa del pantano del Porma, en las montañas del noreste leonés que colindan con Asturias. Da la casualidad (???) de que el también escritor Julio Llamazares nació en un pueblo que quedaría sepultado por aquella presa de Porma que don Juan Benet construía en sus ratos libres mientras escribía su primera novela, "Volverás a Región", y que Llamazares ha edificado su obra desde, sobre y contra aquel su pueblo perdido y aquel horror que lo sepultó en la nada.

"En el otoño de 1983, el embalse del Porma, construido en los años setenta en la
cabecera de ese río, en las montañas de León, fue vaciado por completo para proceder a
la revisión de las instalaciones de la presa y al dragado del lodo y la maleza acumulados
al pie de ésta. De esa forma, las ruinas de los pueblos sepultados por el vaso del
embalse volvieron a emerger, como fantasmas, desde el fondo de las aguas, y sus
antiguos habitantes pudimos nuevamente visitar los lugares en los que, a pesar del agua
y del olvido, seguíamos teniendo -seguimos todavía- nuestra memoria primigenia y
nuestro origen. Se cumplía, de ese modo, la profecía literaria del ingeniero-novelista
Juan Benet, autor de las obras del embalse y de una novela escrita en ese tiempo a pie
de presa: Volverás a Región.
Yo regresé a Región, y bajé a Vegamián, el pueblo en que nací poco antes de empezar
las obras del embalse, y, durante varias horas, recorrí, hundiéndome en el lodo a cada
paso, los paisajes irreales y arruinados de mi infancia.[...]
Han pasado quince años desde entonces. Quince años de silencio y de nostalgia.
Quince años marcados por el signo de la resignación y el éxodo. Como un pueblo
maldito, arrojado de la tierra donde durante siglos vivieran sus abuelos y sus padres,
aquellos campesinos montañeses tomaron el camino que habría de llevarlos a lejanas
ciudades, desconocidas muchas veces, donde poder fundar un nuevo hogar y encontrar
un nuevo puesto de trabajo: ajena a sus temores y problemas, la vida seguía rondando
normalmente. Lo que ya nunca podrían encontrar sería aquella paz rural perdida y el
remedio a una nostalgia que lejos de extinguirse con los años, se acentúa y agranda y
cada mes de junio, allá por San Antonio, patrón que fue de Vegamián, les devuelve a las
orillas del pantano, a las praderas solitarias del monte Pardomino (su monte legendario),
para al hilo del reencuentro, celebrar una fiesta teñida de recuerdos y añoranzas. [...]
... no olvido aquella vieja leyenda montañesa que señala que el hombre, para poder
descansar eternamente, ha de ser enterrado en el mismo lugar en que nació. De lo
contrario, su espíritu y su cuerpo quedarían separados: el cuerpo en el lugar en el que
fue enterrado y el espíritu errando por los espacios infinitos, sin decidirse nunca entre el
cielo y el infierno."
http://folk.uio.no/jmaria/VazquezMontalban/Vazquez=Llamazares.pdf
Vladimir Vladimirovich Nabokov nació el 23 de abril de 1899, en el seno de una acomodada y aristocrática familia en San Petersburgo, Rusia. Su padre, Vladimir Dmitrievich Nabokov, era un eminente y respetado político liberal; su madre, Elena Ivanovna, era una noble y acomodada rusa con una herencia artística. De su padre, Nabokov parece haber heredado una fuerte ética y su amor por las mariposas; de su madre, una sensibilidad creativa y una innata espiritualidad. Nabokov, fue el mayor de cinco hermanos, y pasó su infancia en San Petersburgo y en la propiedad familiar de Vyra, a unas 50 millas al sur
Una serie de tutores contribuyeron a proporcionarle una educación diversa. En particular, el estudio del dibujo y la pintura agudizó su capacidad de observación e imaginación. En sus memorias (Habla, memoria) figura una evocadora descripción de sus lápices de colores: "El blanco solo, aquel albino larguirucho entre los lápices, conservaba su longitud original, o al menos lo hizo hasta que descubrí que, lejos de ser un fraude que no dejaba marca alguna en el papel, era el utensilio ideal pues me permitía imaginar todo lo que quisiera mientras hacía mis garabatos."
En noviembre de 1917, la familia Nabokov dejó San Petersburgo para marchar a la propiedad de unos amigos cerca de Yalta, en Crimea, en el despertar de los disturbios revolucionarios y la abdicación del zar Nicolás II el 15 de marzo. Su padre aceptó un puesto en el Gobierno Provisional, pero, tras ser encarcelado por las fuerzas bolcheviques, dejó Rusia para unirse a su familia en Crimea. Los Nabokov permanecieron allí durante 18 meses, durante los cuales Vladimir emprendió multitud de "safaris" de mariposas, capturando 77 especies de mariposas y más de 100 especies de polillas, que más tarde constituyeron la base de su primera publicación académica, en la revista inglesa "Entomologist" en 1923.
En 1937, Nabokov y su familia dejó Berlín por Paris debido a su disgusto con el régimen nazi y la herencia judía de la señora Nabokov. En Paris, siguió escribiendo en ruso, compuso unas pocas obras en francés y también escribió su primera novela en ingles, La verdadera vida de Sebastian Knight. Había decidido que su futuro más armonioso yacía en la lengua inglesa; dado que Inglaterra no estaba preparada para proporcionarle un puesto académico, los Nabokov se prepararon para emigrar a América.
En 1940, Vladimir Nabokov, Vera y Dimitri viajaron de París a Nueva York, escapando por poco a los invasores alemanes. En América, Vladimir trabajó al principio para el Museo de Historia Natural de Nueva York, clasificando mariposas. Publicó dos trabajos y recibió una buena paga del museo por sus dibujos entomológicos. Durante el verano de 1941 enseñó escritura creativa en la Universidad de Stanford, antes de asegurarse un puesto como profesor residente en literatura comparada e instructor de ruso en el Wellesley College. Más tarde trabajaría en Harvard, primero como entomólogo y después como profesor visitante, y en Cornell, como profesor de literatura rusa y europea, desde 1948 hasta 1958.
Durante los años 40, Nabokov se embarcó en una fructífera asociación con el New Yorker; además de su trabajo entomológico, dedicó buena parte de su tiempo en la preparación de sus lecciones, y publicó un trabajo académico sobre Gogol. Es posible que su comparativamente escasa producción literaria de ficción durante este periodo se debiera a un proceso de adaptación a la escritura en inglés; Vladimir aseguraría que esos años en Wellesley fueron los más felices, y sus actividades académicas fueron satisfactorias. En 1945 la familia Nabokov adquirió la ciudadanía americana. También compiló un volumen de memorias, publicado en 1951 con el título Conclusive evidence (más tarde revisado y publicado como Habla, memoria.)
Nabokov continuó persiguiendo mariposas durante sus vacaciones de verano, habitualmente en las Montañas Rocosas. Fue durante estos viajes a comienzos de los 50 cuando compuso la novela que grabaría su nombre en la cultura popular americana: Lolita. Inicialmente, incluso las editoriales americanas que admitieron las virtudes literarias de Lolita no estaban dispuestas a descubrir las ramificaciones legales de publicar una novela sobre la aventura de un hombre con su hijastra de doce años. Lolita fue primero publicada en Francia por Olympia Press en 1955, y generó una tormenta de indignación moral, así como un firme y significativo apoyo por su mérito artístico. Finalmente publicada en Estados Unidos en 1958 (y en Inglaterra al año siguiente), el Sturm and Drang sobre Lolita contribuyó a su remarcable éxito popular; permaneció seis meses como el libro más vendido en Estados Unidos (desplazado por el Dr. Zhivago de Boris Pasternak).
Aunque sugirió a la ligera sobre su Lolita que "ella es la famosa, no yo", las ganancias de la venta de la novela, combinada con la venta de los derechos para el cine y el guión, permitieron a Nabokov retirarse de Cornell en 1959 y dedicarse a la escritura.
En 1961, Vladimir y Vera se mudaron a Montreaux, Suiza, al menos en parte para estar cerca de Dimitri, quien estaba estudiando para hacer carrera en la ópera en Milán. Al principio lo consideraron una mudanza temporal, y se establecieron en el Hotel Palace de Montreaux, donde permanecieron durante el resto de sus vidas. Viviendo recluido, Nabokov continuó con la producción de sus originales novelas, incluyendo la singular Pálido fuego, y con la dirección de la traducción de su obra temprana del ruso al inglés.
La publicación de Gloria en 1971 completó el proceso de traducción de sus novelas rusas al inglés. Colaborando a menudo con su hijo Dimitri, Vladimir revisó y aumentó (aunque no siempre) sus primeras obras durante el proceso. La magistral sutileza lingüística de Nabokov le había permitido durante mucho tiempo componer traducciones literarias y académicas en ruso, inglés y francés. George Steiner resumió con admiración la filología de Nabokov: "... mientras que tantos exiliados se agarraron desesperadamente al artificio de su lengua nativa o quedaron en silencio, Nabokov se instaló en sucesivos idiomas como un potentado viajero."
Vladimir Nabokov murió el 2 de julio de 1977 en Montreaux, de una misteriosa dolencia pulmonar. Su legado de estimulante y aun lúdica ficción, densa, con exhuberancia creativa y un uso innovador del lenguaje, continúa gratificando y deslumbrando a los eruditos y a los lectores informales por igual. "El verdadero conflicto no se da entre los personajes de una novela, sino entre el autor y el lector", aseveró, "A largo plazo, no obstante, es sólo la satisfacción privada del autor lo que cuenta".
Esta biografía ha sido traducida por Settembrini, de la realizada por John Hamilton para Sociedad Internacional Vladimir Nabokov: http://www.libraries.psu.edu/iasweb/nabokov/bio.htm
Las imágenes de esta página son de Vladimir Nabokov: A Pictorial Biography, compilada y editada por Ellendra Proffer (Ann Arbor: Ardis Publishers, c1991).

"Y cuando Alejandro vio la inmensidad de sus dominios lloró,
porque no había más mundos por conquistar."
Probablemente todos hemos leído alguna vez esta hermosa cita, pero es difícil averiguar a quién se le atribuye. Durante muchos años se ha dicho que su autor es el poeta inglés John Milton (1608-1674), pero nunca se menciona el poema específico al que pertenece. Una búsqueda exhaustiva en los textos de Milton no ofrece ningún resultado. Aunque Milton hace algunas referencias a Alejandro en el Paraíso Perdido, nunca lo hace con las palabras antes citadas.
Otra búsqueda, ahora en internet, nos da multitud de respuestas a nuestra pregunta. En la dirección http://www.pothos.co.uk/alexander.asp?ParaID=96, aparece (o aparecía...) un artículo co-escrito por una tal Lyla Sparks, que nos pone sobre la pista correcta (espero). Ofrece este artículo datos aportados por diferentes personas, que giran en torno al origen de la enigmática cita. Por ejemplo: W.W. Tarn, en "Alexander The Great II" (1948), dice que la cita no aparece en ninguna obra clásica.
El Dictionary of Misinformation (1975) de Burnam, cita un pasaje de Plutarco como "prueba" de que la historia de las lágrimas de Alejandro es sólo un mito. Sería una distorsión apócrifa de los hechos, pues sabemos que el macedonio lloró, al menos, en dos ocasiones: Segrais observa que los historiadores comentan el llanto de Alejandro cuando leyó las heroicas acciones de Aquiles; y Julio César llora también cuando rememora las victorias de Alejandro.
Las referencias al llanto de César tras compararse con Alejandro también aparecen en Plutarco, como: "Cesar respondió gravemente, ’Por mi parte, prefiero ser el primer hombre entre estos compañeros, que el segundo hombre en Roma’. Se dice que en otra ocasión, cuando libre de los asuntos de Hispania, y tras leer en alguna parte la historia de Alejandro, se sentó muy pensativo y al fin rompió en llanto. Sus amigos se sorprendieron, y le preguntaron la razón del mismo. ’¿Pensáis que no tengo motivos para llorar, cuando considero que Alejandro a mi edad había conquistado tantas naciones, y yo no he hecho nada memorable en todo este tiempo?’, respondió." (Perdón por la nefasta traducción perpetrada por mi persona)
Otro texto que menciona la cita es "New Fourth Eclectic Reader, Lesson XXXVI (1866)" de McGuffey’s. "Alejandro vivió hace muchos cientos de años. Fue rey de Macedonia, uno de los estados de Grecia. Dedicó su vida a guerrear. Primero conquistó los otros estados griegos, y después Persia, y la India, y otros países uno a uno, hasta que todo el mundo conocido fue conquistado por él. Se dice que lloró, porque no había más mundos para que él los conquistara. Murió a la edad de treinta y tres, a causa de haber bebido demasiado vino. A causa de su gran éxito en la guerra fue llamado Alejandro el Grande."
Robert Hayman, en Quodlibets Book II, 95 (1628). "El Gran Alejandro lloró, y se entristeció, porque sólo había un mundo para ser ganado." Samuel Butler, en la primera parte de Hudibras (1663). "The whole world was not half so wide to Alexander, when he cried because he had but one to subdue, as was a paltry narrow tub to Diogenes."
En otras fuentes encontramos una cita muy similar: "Alejandro lloró porque no tenía más mundos para conquistar", atribuida a alguien muy socorrido: la leyenda.
Al fin, en algún foro de internet, alguien dice que ha encontrado la fuente de la cita: un ensayo de Plutarco, publicado en su "Moralia", titulado "Sobre el conocimiento de la mente". Dice así: "Alejandro lloró cuando escuchó a Anaxarco hablar sobre el infinito número de mundos en el Universo. Uno de los amigos de Alejandro le preguntó qué le ocurría, y él respondió: ’¡Hay tantos mundos, y todavía no he conquistado más que uno!’ ".
La cita de Moralia puede encontrarse en http://www.e-classics.com/, de modo que todos están invitados a comprobar la referencia ahí.
(Este mensaje es un refrito (mal) traducido del artículo publicado en http://www.pothos.co.uk/alexander.asp?ParaID=96.)
Vale.
Ahora en serio, no os perdáis la extraordinaria colección de carteles de la Guerra Incivil y la República que ha recopilado la Biblioteca Nacional en su página web, esa Isla de los Tesoros.
Vale.
"Si un fármaco puede hacerme más valiente, más lúcido y más generoso, ¿en qué queda la ética?"
Slavoj Zizek
El otro día, mientras buceaba en este mar de ficciones que es la red, me alarmé al leer que Arthur Koestler había sido descatalogado y condenado a la guillotina, destino común de los grandes autores en estos días. Era mentira, claro (o yo lo entendí mal). Gracias a San Google, Koestler sigue vivo y coleando (es un decir), bibliotecas públicas aparte. Pero bueno, pasó el susto, y quedó la melancolía. Me acordaba de tantos descabezados por el hacha editorial -como aquellos sonámbulos de Hermann Broch (Anagrama, edita pro nobis)-, y de tantos libros que pasan de la librería a la guillotina, para terminar convertidos en pasta de papel, y ésta transformada en cartón, y éste en cajas; o peor, en papel reciclado, ese en el que se imprimen los libros pestilentes que maledita Punto de lectura, encuadernados en cartulina mal encolada a unos tristes pliegos de papel ceniciento. Y eso en el mejor de los casos, que también se fabrican con este pseudopapel impresos oficiales, panfletos, prospectos de pomada para curar las almorranas y, lo último, el ABC. Aunque hay que reconocer que bien tratado, el papel refrito puede acabar pasando por nuevo, tan limpito y perfumado como un viejo libro de texto. Demos gracias por el reciclado. Pobres árboles.
Pero, insisto, ¿no es inquietante pensar que esos ejemplares guillotinados de Proust, Joyce o Balzac pueden acabar sirviendo de soporte para las letras de un Dan Brown?
Pensaba en estas parajodas existenciales, en estas puñetas de la vida, y recordaba al Lope más papelero. (Pero antes, recordad que hasta el siglo XIX el papel se fabricaba, en Europa, a base de trapos viejos: el trapero recogía ropa vieja -puros harapos- y la vendía al artesano quien, después de pudrirla, apalearla y martirizarla, la acababa reduciendo a pulpa; y así ésta, tras ser vertida sobre un bastidor y puesta a secar -simplificando mucho-, se convertía en aquel papel delicioso y mucho más longevo que el actual producto industrial, condenado a amarillear, quebrarse y reducirse a polvo por la acidez.) Vamos a Lope:
Toma ejemplo del papel,
que se hace de trapos viejos
y sube hasta los consejos
y a que escriba el rey en él.
¿Quién hay que aliento no cobre
viendo al papel que ha subido
a escribirle al rey, si ha sido
una camisa de pobre?
"Lo que ha de ser", Acto III
Y esto, a su vez, ¿no os recuerda las palabras de aquel taciturno príncipe danés? Sí, el hijo del primo inglés de Lope:
HAMLET
To what base uses we may return, Horatio! Why may
not imagination trace the noble dust of Alexander,
till he find it stopping a bung-hole?
HORATIO
’Twere to consider too curiously, to consider so.
HAMLET
No, faith, not a jot; but to follow him thither with
modesty enough, and likelihood to lead it: as
thus: Alexander died, Alexander was buried,
Alexander returneth into dust; the dust is earth; of
earth we make loam; and why of that loam, whereto he
was converted, might they not stop a beer-barrel?
Imperious Caesar, dead and turn’d to clay,
Might stop a hole to keep the wind away:
O, that that earth, which kept the world in awe,
Should patch a wall to expel the winter flaw!
But soft! but soft! aside: here comes the king.
O como alguien tradujo:
HAMLET
¡En qué bajos usos podemos caer, Horacio! ¿No podría la imaginación rastrear el noble polvo de Alejandro y encontrarlo taponando un barril?
HORACIO
Sería una busca demasiado rebuscada.
HAMLET
No, nada de eso; habría que seguirle con mesura llevados de lo probable. Es decir: Alejandro murió, Alejandro fue enterrado, Alejandro se convirtió en polvo. El polvo es tierra, con la tierra se hace el barro, y con el barro en que se convirtió, ¿por qué no se puede tapar un barril de cerveza?
Muerto y hecho barro, el imperial César
rellena un boquete y el aire intercepta.
¡Ah, que aquella tierra que al mundo arredró
tape una pared y corte un ventarrón!
Siempre igual, en fin. Todos los caminos conducen a Will.
Vale.

Curioso. El otro día comentaba aquella cita de Slavoj Zizek, en la que se preguntaba por el sentido de la ética en estos tiempos en que un fármaco puede hacer de nosotros seres más valientes, más lúcidos y más generosos. Un par de días después fallece un escritor llamado Stanislav Lem, yo me pongo a repasar los libros de este señor que conservo en mi biblioteca digital de libros robados, y me topo con este medicamento fantástico:
"ALTRUICINA: Preparado psicotransmisivo, destinado para todos los albuminosos. Produce la generalización de todas las sensaciones, emociones y vivencias de aquellos que las sienten en directo, encontrándose a una distancia no mayor de 500 codos de otras personas. Basado en el principio de la telepatía, no transmite, bajo garantía, ningún pensamiento. No actúa en los robots y las plantas. La intensidad de las sensaciones del individuo emisor se acrecienta gracias a su retransmisión secundaria por los receptores, siendo directamente proporcional a la cantidad de estos últimos. De acuerdo con el concepto de su inventor, la ALTRUICINA debe introducir en las sociedades el espíritu de fraternidad, comunión y amor, ya que los vecinos de una persona feliz son también felices, tanto más cuanto que lo es ella. Por lo tanto, desean a dicha persona una felicidad mayor todavía y, como lo hacen en su propio interés, sus deseos son fervientes y sinceros. Si alguien sufre, se precipitan a ayudarle para librarse a sí mismos de un sufrimiento inducido. Muros, paredes, hacinas y otros obstáculos materiales no debilitan la acción altruista. El preparado es soluble en agua; se lo puede introducir en la red de distribución urbana, ríos, pozos, etc. Un milimicrogramo es suficiente para una comunidad compuesta de cien mil individuos. No se asume responsabilidad alguna por resultados no coincidentes con las tesis del inventor. Por el representante de la Fase Sup. de Des.
Omnipotenciadora Ultimativa"
Esta droga la describe así Lem en su obra Ciberiada.
No llegan a tanto los fármacos de Zizek, pero yo me iría preparando. Poco puede sorprendernos ya la ciencia ficción: ha imaginado todo lo posible. De hecho, a veces parece que la realidad se haya convertido en un simple subgénero de la Sci-Fi. Pero volviendo a estas drogas literarias, es obligatorio recordar a Philip K. Dick, que también las imaginó en abundancia. Este asunto se lo dejo a mi amigo Portnoy, que es más ducho en estos temas. (Me refiero a ciencia ficción, no a las drogas. Vamos, creo...)
Vale.

"Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros propios sentimientos. Igualmente, cada periodo cultural produce un arte que le es propio y que no puede repetirse. Pretender revivir principios artísticos del pasado puede dar como resultado, en el mejor de los casos, obras de arte que sean como un niño muerto antes de nacer. Por ejemplo, es totalmente imposible sentir y vivir interiormente como lo hacían los antiguos griegos. Los intentos por
reactualizar los principios griegos de la escultura, únicamente darán como fruto formas semejantes a las griegas, pero la obra estará muerta eternamente. Una reproducción tal es igual a las imitaciones de un mono. A primera vista, los movimientos del mono son iguales a los del hombre. El mono puede sentarse sosteniendo un libro frente a sus ojos, dar vuelta a las páginas, ponerse serio, pero el sentido de estos movimientos le es ajeno totalmente.[...]"
Wassily Kandinsky
De lo espiritual en el arte
Premia, La nave de los locos
México, 1979
Vuestra simiedad no puede estar más lejos de vosotros que de mí la mía.
(F. Kafka, Informe para una Academia).
Informe para una Academia
de Franz Kafka | Interpretación y dirección José Luis Gómez | Teatro de La Abadía
Con una nueva puesta en escena
José Luis Gómez vuelve a encontrarse con Kafka
José Luis Gómez vuelve a encontrarse con una de las obras que le dieron a conocer en España en los años setenta, en una nueva puesta en escena que supone una relectura contemporánea y personal del texto y que, 30 años más tarde, resume su aprendizaje como ser humano y hombre de teatro.
Hace cinco años que el mono Pedro el Rojo fue capturado en la Costa de Oro y transportado en barco hasta Hamburgo, donde se encontró con la disyuntiva sobre su vida futura: ¿zoológico o variedades? Pedro, que se debate entre la salida de la adaptación o la muerte, opta por la primera, decide dejar de ser mono, renunciando a su propia identidad. Elige el teatro de variedades y se somete a un proceso educativo para olvidar su naturaleza simiesca y adoptar la humana. Tras estos cinco años de confusión, esfuerzo, renuncia, dolor y soledad, la Academia científica pide a Pedro un informe sobre su vida simiesca anterior, sobre todo aquello que tuvo que olvidar para sobrevivir y cuya renuncia le exige una urgente necesidad de autojustificación.
Y de ese precio que hay que pagar para sobrevivir en cualquier ámbito de la vida, por adaptarse, por ser “aptos” para formar parte de algo, por el dilema entre dejarse amaestrar o “morir”, trata Informe para una Academia. Una metáfora de la lucha interna de cada hombre, que mira a la libertad y a la necesidad en relación a la voluntad de acción como concepto vital.
En esta nueva puesta en escena no veremos a un mono dando su discurso, veremos a un ser humano “sometido al yugo” de su pérdida de identidad, encerrado en su microcosmos, ensayando su informe a lo largo de los días, antes de su actuación, durante sus ejercicios matutinos... hasta que llega la fecha señalada: el día de informar a los “excelentísimos señores académicos”.
Franz Kafka redactó este Informe para una Academia en la primavera de 1917, con el propósito de reunir varios relatos bajo el título genérico Responsabilidad. En noviembre fue publicado en la revista “El judío”, y posteriormente en el volumen de relatos Un médico rural. Por entonces anotaba en su cuaderno: “‘Conócete a ti mismo’ no significa ‘obsérvate’, que es la frase de la serpiente. Significa ‘hazte dueño de tus actos’. Ahora bien, ya lo eres, eres dueño de tus actos. De modo que la frase significa ‘¡Desconócete! ¡Destrúyete!, para que te conviertas en quien eres’”. Y, un poco más tarde: “En la lucha entre el mundo y tú, apoya al mundo”. La renuncia que plantea este pensamiento se reconoce en Informe para una Academia bajo la forma de la reconstrucción de la metamorfosis vivida por Pedro el Rojo y el dolor y esfuerzo que ésta ha conllevado.
Al texto original e íntegro de Informe para una Academia se incorporan en este montaje tres breves textos de Kafka con el mismo protagonista: una carta de su primer domador, que Pedro lee en la intimidad de su cuarto de estar, una entrevista que un periodista realiza a su actual empresario y domador, y otra al propio Pedro. Pedro escuchará en la radio estas entrevistas, realizadas por un conocidísimo periodista.
http://www.teatroabadia.com/temporada/ppropias/informe1.htm
Vamos encontrando a cada paso retales de historias, fragmentos de novelas que no acertamos a leer. A veces basta con reunir un par de esos pedazos de papel para reconstruir la literatura hecha de realidad. Suerte e imaginación. Y ganas de jugar a ser escritor, sin ensuciar de tinta una cuartilla.
Ejemplo: en las viejas librerías (seamos generosos) de la Cuesta de Moyano -donde Madrid empieza a serlo- encontré dos libros (en puestos distintos): el primero fue un ejemplar de Maurice, la novela de un torturado y oculto Forster. Este ejemplar tenía entre sus páginas una postal egipcia, ilustrada con la imagen de Hatshetsupt, la mujer que quiso reinar como hombre, en tiempos de la 18ª dinastía. En la portada del libro, una inscripción manuscrita: El Cairo a 5 de julio de 1985.
El segundo libro, fue este:
"El caso del lector medieval era muy diferente. De los pocos que sabían leer, sólo unos cuantos eran lectores habituales; en cualquier caso, el hombre corriente de nuestro tiempo ve probablemente más letra impresa y escrita en una semana que el erudito medieval veía en un año. Nada es más ajeno a lo medieval que el moderno lector, que mira superficialmente los titulares de un periódico y repasa sus columnas para buscar algún punto de interés, ojeando rápidamente las páginas para descubrir si merece la pena hacerlo más detenidamente y deteniéndose a recoger lo esencial de una página con una simple ojeada. Nada es tampoco tan ajeno a la modernidad como la enorme capacidad de la memoria medieval que, no mediatizada por las asociaciones de la letra impresa, podía aprender un idioma extranjero con facilidad y por los métodos aplicables a un niño, y podía retener en la memoria y reproducir largos poemas épicos y una complicada lírica. Dos puntos deben subrayarse aquí. El lector medieval, con pocas excepciones, no leía como nosotros leemos: se encontraba en el estadio del niño que está aprendiendo a leer; cada palabra era para él una entidad independiente y en ocasiones un problema que repetía para sí mismo en voz baja cuando había encontrado la solución: este hecho tiene gran interés para aquellos que dirigen las ediciones de los escritos que el erudito medieval reproducía. "
El aula sin muros
Edmund Carpenter y Marshall McLuhan
Libro agotadísimo...