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Resumen

02/07/2006

Abierto por vacaciones

 

 

SHYLOCK.-  ¡Oh!, no, no, no, no. Mi intención al decir que es bueno es haceros comprender que lo tengo por solvente. Sin embargo, sus recursos son hipotéticos; tiene un galeón con destino a Trípoli; otro en ruta para las Indias; he sabido, además, en el Rialto que tiene un tercero en Méjico y un cuarto camino de Inglaterra. Posee algunos más, esparcidos aquí y allá. Pero los barcos no están hechos más que de tablas; los marineros no son sino hombres; hay ratas de tierra y ratas de agua; ladrones de tierra y ladrones de agua; quiero decir piratas.”

El mercader de Venecia
William Shakespeare


Venecia es una nación edificada sobre el robo. Su ascenso hasta la condición de primera potencia comercial –o una de las primeras-, está marcado por dos episodios de bandidaje o piratería. El primero es el robo de las reliquias de San Marcos. En el año del señor (o del demonio) 828, un par de mal llamados mercaderes venecianos, desembarcaron en el puerto de Alejandría y se hicieron con los restos del santo. Cuenta la leyenda que la divinidad desencadenó una oportuna tormenta que mantuvo a los alejandrinos refugiados en sus casas, mientras los piratas trasladaban el botín hasta su nave. Una vez en ella, y con el fin de ocultar las reliquias a los ojos y narices de los pérfidos aduaneros infieles, tuvieron la ocurrencia de poner en salazón al pobre santo: y así, oculto bajo una porción de tajadas de marrano salado, se mantuvieron a salvo de las aterradas manos de los musulmanes, que no osaron escarbar en la maloliente tocinera. De allí a Venecia no hubo más contratiempos –deus ex machina meteorológico, travesía impecable-, y no tardaron los restos del evangelista en descansar en tierras vénetas. Aquello supuso un empujón al prestigio isleño comparable a la victoria en un mundial de fútbol, como poco, y llevó a San Marcos a convertirse en el capitán indiscutible del santoral veneciano, en detrimento del pobre San Teodoro, que en vano se exhibe victorioso sobre el dragón en lo alto de una columna gemela a la de San Marcos –en versión león alado-, en aquella piazzetta donde los turistas, para mayor escarnio, lo confunden –si es que se fijan en él- con su colega San Jorge, también muy de matar lagartos.


El otro episodio es uno de los más infames de la historia de la humanidad –y ya es decir. Se trata del saqueo de Constantinopla que llevaron a cabo los europeos en aquella peor llamada “cuarta cruzada” del año 1204. Por “sugerencia” del dux Enrico Dandolo (viejo, ciego y ambicioso), los cruzados hicieron un alto en su camino a tierra santa para tomar Constantinopla a sangre y fuego, y robar hasta las piedras. El botín de aquel saqueo –cuya mayor parte tocó a Venecia- vino a adornar la ciudad de la laguna, y aún hoy se puede contemplar sus restos: son las columnas que adornan la fachada de San Marcos, los magníficos pilares que se alzan en la fachada sur, la escultura de los tetrarcas que guardan la cámara del tesoro, en la que se custodia medio centenar de reliquias y joyas también fruto de la rapiña. O los caballos que coronan las puertas de la basílica. O el icono de la Virgen Nicopeia, que los ejércitos bizantinos llevaban a la batalla para lograr la victoria, y ante la cual rezan ahora un puñado de beatos turistas, como si de una vulgar estampita se tratase. En parte, podría decirse (exagerando un poco) que los monumentos venecianos son las ruinas de Bizancio.


Es por eso que uno no se siente tan indignado cuando viene a ser víctima de este hospitalario pueblo. Dicen que Venecia es una de las ciudades más seguras del mundo, y es cierto. Uno puede pasear tranquilamente por sus puentes, por sus canales, por los callejones más siniestros y los barrios más tenebrosos sin temor a que aparezca un navajero o una banda de asaltadores. Y es que en Venecia el robo es una institución, algo tan legal como el honrado comercio. Los ladrones no tienen necesidad de malvivir y buscarse el pan por las esquinas, a la intemperie. ¿Para qué? Tienen todos su local, su tiendecita, su restaurante. Y los turistas acuden encantados a entregarles el dinero sin que tengan que abandonar sus refugios, turistas que además se van tan felices, tan satisfechos, tan pobres. Además, qué honor para un sudoroso y colorado viajero occidental, tan de clase media y tan turista, el verse encumbrado a la categoría de un alejandrino del siglo IX, a la de un súbdito bizantino del XIII, qué honrosa compañía. Reconozcámoslo: así da gusto dejarse robar. Así se pagan con gusto mil pesetas (de las antiguas o de las modernas) por una botellita de agua y un café. Botines más ricos se han llevado los antepasados de estos piratas de tierra firme, que ya no necesitan ni embarcarse para hacerse con el oro. La verdad es que han mejorado. Chicos listos.


En fin, fuera de bromas, Venecia es una enferma que goza de muy buena salud y, a pesar de las ratas, las palomas, los venecianos, los turistas y los apocalípticos sigue siendo –y lo será por muchos años- la ciudad más hermosa.

 

Bueno, pues que ya estoy de vuelta.

Vale.
 

02/07/2006 01:53 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Venecia Hay 2 comentarios.

03/07/2006

Brodsky veneciano

 



Cuelgo, tal cual, un texto saqueado de otro blog:


"Il Messaggero. Brodsky en Venecia. En Venecia, un día de diciembre de 1989, hacia las 18 hs., algunas personas (entre las que se encontraban quien relata esto en el Corriere della Sera, Armando Torno) buscaban a Joseph Brodsky. ¿El motivo?: esa tarde tenía lugar la presentación de su nuevo libro, La calle de los incurables. Brodsky no se había presentado a la cita en el hotel, no estaba en su habitación y no había dejado ninguna indicación al conserje. Había desaparecido. Armando Torno, ligeramente intranquilo, comenzó a buscarlo -¿lo mismo hicieron los demás?- sin una meta fija. Las agujas giraban y Brodsky no aparecía. La busqueda del escritor que dos años antes había recibido el Premio Nobel, y que probablemente se había olvidado de la presentación, comenzó así. Pero buscar a alguien por las cales de Venecia es algo verdaderamente cansador: se suben escaleras, se bajan escaleras, se recorren calles, se exploran rincones, se escrutan velozmente miles de rostros, y sin darse cuenta uno aparece en el mismo punto de donde partió. Ninguna pista de Brodsky. Esa tarde había en las calles menos gente de lo que era habitual. Finalmente, Torno llegó al Palazzo Patriarcale, allí donde nace la Calle del Angelo. Brodsky se había materializado como un milagro, estaba allí, sentado en un rincón, al lado de un viejo que reparaba paraguas. El artesano ajustaba cada paraguas como si fuese una pieza preciosa, con sumo cuidado, con esos gestos lentos que revelan un antiguo afecto por el propio oficio. Y Brodsky, con sus pequeños anteojos de revolucionario ruso, observaba."

Últimas de Babel


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Y de otro lugar, este otro hermoso texto veneciano -en homenaje a Brodsky y a la Ciudad- de Calvo Serraller:

"Agua

  Francisco Calvo Serraller


       La primera vez que el poeta arribó a Venecia fue en un día de invierno, frío, brumoso y en el crepúsculo. Durante el largo trayecto del 'vaporetto', recorriendo el gran canal de punta a cabo, desde la estación de ferrocarril hasta San Marcos, la noche transformó el agua en una humeante lámina negra, extrañamente imbuida de un silencio aún más subrayado por el ronroneo del motor, el chapoteo en las orillas y el ronco quejido de alguna bocina. Las luces amarillas cruzando la oscura niebla como exhalaciones quiméricas y el penetrante olor gélido de las algas fueron aumentando la sensación de irrealidad del poeta, que pronto se dejó ganar por la melancolía.
     Según como el poeta, Joseph Brodsky (1940-1996), lo describió, en un pequeño ensayo inolvidable, titulado 'Fondamenta degli Incurabili' (1989), este lento trayecto nocturno en el 'vaporetto' era como el paisaje de un pensamiento coherente a través del subconsciente, donde la oscuridad, la bruma, el inestable suelo de la embarcación de retardada deriva, todo, finalmente, remitía a una meditación sobre el agua, sin duda, el elemento primordial de Venecia. Pero, para Brodsky, la acuidad del agua no era allí sólo una obviedad física, sino también el resultado de que "en esta ciudad el ojo adquiere una autonomía parecida a la de la lágrima", con la única diferencia de que ésta no se separa del cuerpo, sino que lo subordina completamente.
     Pensaba yo en ello al contemplar, en la Galería de la Academia, la escalofriante 'Pietà', que pintó el último Tiziano, con su marmórea arquitectura blanca atravesada por la diagonal de dolor del grupo de figuras que acompañan al Cristo yacente, y, sobre todo, con sus extraños colores como de agua. En el centro, al pie de la dorada hornacina, el azul intenso de la túnica de la Virgen; a un lado, el verde oliva azafranado de la mujer que grita; en el otro, el rosa fucsia, veteado de luz, del hombre que se agacha. Agrios colores del llanto y de la desesperación, cierto, pero también los que convierten el estremecido cuerpo del contemplador en algo subordinado al ojo.
     He aquí la función, según Brodsky, de Venecia, que permanece estática mientras nosotros nos movemos. La aprendemos gracias al agua en la que flota y, también, a la lágrima que nos permite ver, "porque nosotros marchamos" concluye el poeta "y la belleza permanece. Porque nosotros nos dirigimos hacia el futuro mientras la belleza es el eterno presente. La lágrima es una regresión, un homenaje del futuro al pasado". En cualquier caso, la belleza sobrevive al hombre; la lágrima, al que llora; el amor, al que ama."
 

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Por cierto, leo en "La letra sin sangre entra" que Venecia es la ciudad con más metáforas por metro cúbico del orbe. Y aporta una, tomada de Brodsky, que bien podría ser la más bella (o la más verdadera): "Dice el maestro ruso que las callejuelas venecianas le recuerdan a los pasillos de una biblioteca." Eso era, sí...

(Menciono lo de la verdad y la belleza porque, según Ignacio Carrión, Brodsky no deseaba crear belleza alguna: le importaba la verdad. Aunque, paradójicamente, sospecho que la apostilla de Serraller, eso de que "la belleza sobrevive al hombre; la lágrima, al que llora; el amor, al que ama", no es más que una consoladora mentira: las lágrimas se olvidan; y qué decir de los amores cicatrizados, o de las bellezas marchitas...)


Vale.

 

03/07/2006 03:23 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Venecia Hay 1 comentario.

04/07/2006

Intertextuality And The Fear Of Writing

 


Ojalá dispusiera de frases no conocidas, de expresiones extrañas, en algún nuevo lenguaje jamás empleado antes, libre de repeticiones, de palabras rancias ya desgastadas por los antepasados», dijo Khakheperresenb, escriba egipcio, hace, más o menos, cuatro mil años."

http://www.rbuenaventura.com/


El otro día leí la cita anterior en el blog de Ramón Buenaventura (traductor de Roth, por cierto, a quien casualmente menciona Portnoy), y haciendo una búsqueda más exhaustiva para comprobar la veracidad de la cita, he dado con el siguiente post en el blog de Carlos Ferrero, en el que afirma haber leído la misma frase, o similar, en cierto artículo de Quim Monzó. Éste dice haberla extraído del libro "The literature of replenishment", de John Barth. "Hablaba de un escriba egipcio del año 2000 antes de Cristo, Khakheperresenb, que se lamentaba de lo trillados que estaban ya los recursos literarios: "Ojalá tuviese frases que no fuesen conocidas, expresiones extrañas, en una nueva lengua que nunca haya sido utilizada, libre de la repetición, sin ninguna expresión que se haya vuelto rancia, que los hombres antiguos hayan dicho..."

Y como dice el amigo Carlos: "cuarenta siglos antes de Borges y su Pierre Menard, autor del Quijote, de Jacques Derrida y de Roland Barthes, la tesis fundamental del posmodernismo sobre la intertextualidad (conexión entre los textos) ya había sido puesta por escrito. Dicha tesis se podría resumir, en una simplificación muy grosera, diciendo que cualquier texto no es más que una acumulación de citas. En otras palabras: siempre que hablamos, estamos citando lo que otros ya han dicho."

Habla también de cierto artículo que lleva el inspirador título de "Intertextuality And The Fear Of Writing", de Carl Leggo, en el cual se atribuye la cita original a un tal Walter Jackson Bate (The Burden of the Past and the English Poet, 1970.)

Lo que me lleva a la reflexión apuntada por Ferrero, y de la que me apropio para decir que al citar a Ferrero, que cita a Monzó, que cita a Barth, que cita a Leggo, que cita a Bate, que cita a Khakheperresenb, "entro a formar parte de un coro de creación textual con cuatro mil años de antigüedad; y, de manera no muy distinta a la de una carta en cadena, invito a mis lectores a continuar las conexiones intertextuales citando a Leggo, que cita a Barth, que cita a Bate, que cita a Khakheperresenb, quien (por supuesto) se quejaba de la inevitable necesidad de citar a otros."


Vale.

04/07/2006 00:25 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Egipto Hay 4 comentarios.

08/07/2006

Malditos malditos

 




Hace un tiempo tuvimos noticia de ese inverosímil personaje llamado Raúl Barón Biza:

En el lamento de Portnoy

En Peinate

En Wikipedia

En Letras libres

...

Pero el tema no podía quedar así. Barón Biza es un agujero negro que parece atraer la realidad a un universo paralelo tan ficticio como su imposible historia. A su alrededor la locura y la cordura se entremezclan, se confunden, como en su vida.

Ahora resulta que no es sólo un maldito. Ahora resulta que tiene lectores:


La coctelera

El aleph


En fin, esto se pone interesante.

Más aún.

 

08/07/2006 01:39 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Barón Biza Hay 6 comentarios.

10/07/2006

El Diletante

 




[Habla Goethe:] “El diletantismo es noble, y quien es noble es diletante. Por el contrario, es vulgar todo lo que significa gremio y especialidad y profesión. ¡Diletantismo! ¡Malditos filisteos! ¿Habéis sospechado siquiera que el diletantismo está en estrecho parentesco con lo demoníaco y con el genio, porque no se encuentra ligado y no está creado; ver una cosa con los ojos frescos, el objeto en su pureza, tal y como es, y no como quiere la tradición que uno lo vea, y no como lo ve la chusma, que de todas las cosas, tanto físicas como morales, tiene sólo una imagen de segunda mano? Porque yo pase de la poesía a las artes y de éstas a la ciencia, y la arquitectura y escultura y pintura me sean tan familiares como la Mineralogía, Botánica y Zoología, tengo que ser un diletante. ¡Déjalo! De joven deduje observando la catedral de Estrasburgo que habían pensado darle a la torre una coronación de cinco puntas, y el plano lo ha confirmado. ¿Y no iba a poder hacer iguales estudios en la Naturaleza? Como si todo no fuera un conjunto, el Todo; como si no comprendiera uno algo de esto que tiene unidad, y la Naturaleza no se abriera a uno que es, él mismo, una Naturaleza...”

Carlota en Weimar
Thomas Mann
Ed. Edhasa, 2006


10/07/2006 23:55 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann No hay comentarios. Comentar.

11/07/2006

Una nueva generación

 




“-[...] Es grande y viejo y poco inclinado a permitir que se valore lo que viene después de él. Pero la vida continúa, no se detiene ni ante el más grande, y nosotros somos hijos de la nueva vida, una nueva generación, y no somos en manera alguna cabras sentimentales, sino más bien cabezas independientes y progresistas, con el valor de vivir su época y su gusto, y ya conocemos nuevos dioses. Conocemos y amamos pintores como los religiosos Cornelius y Overbeck, a cuyos cuadros él, yo misma se lo he oído decir, les dispararía de buena gana con la pistola, y el celestial David Caspar Friedrich, del que declara que podrían mirarse sus cuadros lo mismo al derecho que al revés. “¡Esto no prosperará!”, tronaba él, un auténtico trueno de tirano, no puede negarse, [...] dejemos que suene, con todo respeto, mientras que escribimos en nuestros libros de poesía versos de Uhland y leemos encantadas los cuentos soberbiamente fantásticos de Hoffmann.

-No conozco a esos autores –dijo Carlota fríamente-. No me dirá usted que, con toda su fantasía, alcanzan al poeta de Werther.

-No le alcanzan –replicó Adela [Schopenhauer]-, y sin embargo, ¡perdóneme la paradoja!, le superan, simplemente porque están más adelantados en el tiempo, porque representan un nuevo escalón, están más cerca de nosotros, son más nuestros análogos, porque tienen que decirnos algo más nuevo, más propio que una grandeza que se destaca con rigidez de roca ordenando y también prohibiendo a la nueva era. ¡Le ruego que no nos crea irrespetuosos! El tiempo es el que es irrespetuoso, al abandonar lo viejo y producir lo nuevo. Ciertamente que este tiempo aporta cosas más pequeñas después de lo grande. Pero son las adecuadas a él, y a nosotros sus hijos, las que viven y están presentes, las que nos afectan, y hablan con una inmediatez a la que es ajeno el respeto hacia los corazones y a los nervios de las suyas.”



Carlota en Weimar
Thomas Mann
Ed. Edhasa, 2006

 

11/07/2006 00:18 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann Hay 1 comentario.

13/07/2006

Política




“-Sin embargo –contestó Augusto-, la política no es una cosa aislada, sino que se encuentra en cien relaciones con las que forma un todo y algo inseparable en el pensamiento, la fe y la opinión portadora de voluntad. Está contenida, ligada a todo lo demás, a lo moral, estético, a lo que en apariencia es sólo espiritual y filosófico; y felices los tiempos que, sin apercibirse de ella, permanecen en ese estado de inocencia en que nada ni nadie, fuera de sus estrictos adeptos, habla su idioma. En períodos tales, no políticos en apariencia, podría llamarlos períodos de latencia política, es posible amar y admirar lo bello con libertad e independencia de la política, con la que, sin embargo, se halla en una correspondencia tranquila, pero inquebrantable. Lástima que no ha sido nuestra suerte vivir en unos tiempos tan suaves y tolerantes. Los nuestros tienen una luz agria de claridad implacable, y en cada cosa, en cada cuestión humana, en cada belleza, hacen irrumpir y ponerse de manifiesto la política que le es inherente. Yo soy el último en negar que de aquí se desprende mucho dolor y pérdida, mucha separación amarga.”


Carlota en Weimar
Thomas Mann
Ed. Edhasa, 2006


...

"Carlota en Weimar surge de una anécdota en apariencia nimia, la llegada a Weimar del personaje que sirvió de inspiración a Goethe en Desventuras del joven Werther, y su posterior encuentro con el que fuera su apasionado adorador cuando éste cuenta ya setenta y siete años y se halla en la cima de su fama. Sin embargo, no son pocos los méritos y alicientes que ofrece al lector de nuestros días esta obra maestra. Por un lado, el ya célebre capítulo séptimo es recordado como uno de los más espléndidos monólogos interiores de todos los tiempos, que Francisco Ayala explicó como el buceo de Thomas Mann, "a través del alma de su criatura, en los problemas psicológicos y literarios de la creación poética" ("Prólogo" a Las cabezas trocadas). Pero además, esta novela, escrita ya en el exilio y publicada por primera vez en 1939 en Estocolmo, se ha leído a menudo como la respuesta de Mann ante la grave amenaza que para la cultura alemana suponía el totalitarismo hitleriano."


13/07/2006 23:32 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Mann No hay comentarios. Comentar.

15/07/2006

La muerte y las moscas

 




Hace más de veinte años, el heterodoxo Jean Genet fue testigo de la matanza de los campos de Sabra y Chatila, en el Líbano. Poco después escribió un opúsculo llamado "Cuatro horas en Chatila", que puede encontrarse en cientos de lugares a lo largo y ancho de la red. Es descaradamente parcial, políticamente incorrecto, muy recomendable. Pero, sobre todo, es deprimente. Y más aún leída un cuarto de siglo después, cuando siguen tronando las bombas en el Líbano, en esa guerra infinita:

"A la vuelta de Beirut, en el aeropuerto de
Damasco, encontré jóvenes fedayines escapados del
infierno israelí. Tenían dieciséis o diecisiete años:
reían, eran parecidos a los de Ashlun. Morirán igual
que ellos. El combate por un país puede llenar una
vida muy rica, pero corta. Es la elección, recuérdese,
de Aquiles en la Ilíada."

(No interminable, "Que no tiene término o fin". Infinita: "Que no tiene ni puede tener fin ni término". Hay poetas en la RAE)


Pero esta obrita, pese a todo, es recomendable para comprobar que toda la fuerza de la imagen puede quedar en nada -una simple estampa sin vida- frente a un puñado de palabras bien tejidas:


"Una fotografía tiene dos dimensiones, la pantalla
de un televisor también, ni la una ni la otra pueden
recorrerse. De un lado al otro de una calle, doblados
o arqueados, los pies empujando una pared y la
cabeza apoyada en la otra, los cadáveres, negros e
hinchados, que debía franquear eran todos palestinos
y libaneses. Para mí, como para el resto de la
población que quedaba, deambular por Chatila y
Sabra se parecía al juego de la pídola. Un niño
muerto puede a veces bloquear una calle, son tan
estrechas, tan angostas, y los muertos tan cuantiosos.
Su olor es sin duda familiar a los ancianos: a mí
no me incomodaba. Pero cuántas moscas. Si levantaba
el pañuelo o el periódico árabe puesto sobre
una cabeza, las molestaba. Enfurecidas por mi gesto,
venían en enjambre al dorso de mi mano y trataban
de alimentarse ahí. El primer cadáver que vi era el de
un hombre de unos cincuenta o sesenta años.
Habría tenido una corona de cabellos blancos si una
herida (un hachazo, me pareció) no le hubiera abierto
el cráneo. Una parte ennegrecida del cerebro estaba
en el suelo, junto a la cabeza. Todo el cuerpo estaba
tumbado sobre un charco de sangre, negro y coagulado.
El cinturón estaba desabrochado, el pantalón
se sujetaba por un solo botón. Las piernas y los
pies del muerto estaban desnudos, negros, violetas y
malvas: ¿quizá fue sorprendido por la noche o a la
aurora?, ¿huía? Estaba tumbado en una callejuela
inmediatamente a la derecha de la entrada del campamento
de Chatila que está frente a la embajada de
Kuwait. ¿Cómo los israelíes, soldados y oficiales,
pretenden no haber oído nada, no haberse dado
cuenta de nada si ocupaban este edificio desde el
miércoles por la mañana? ¿Es que se masacró en
Chatila entre susurros o en silencio total?
Las fotografías no captan las moscas ni el olor
blanco y espeso de la muerte. Tampoco dicen los saltos
que hay que dar cuando se va de un cadáver a otro. "


Es curioso. El periodista Robert Fisk escribió un memorable artículo acerca de la guerra de Irak, en el que también busca la clave del horror en las moscas y en el olor de la muerte. Es una metáfora de aquello que no puede darnos ni la imagen ni la palabra. Lo que nos llega a través de la fotografía, de la televisión o de la literatura tiene siempre algo de ficticio. Puede ser una explicación. Si no...

...

Pero no acabaré así este sábado. Que nos salve el pequeño filósofo guatemalteco:


"Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres. Hace años tuve la idea de reunir una antología universal de la mosca. La sigo teniendo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que era una empresa prácticamente infinita. La mosca invade todas las literaturas y, claro, donde uno pone el ojo encuentra la mosca. No hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema, una página, un párrafo, una línea; y si eres escritor y no lo has hecho te aconsejo que sigas mi ejemplo y corras a hacerlo; las moscas son Euménides, Erinias; son castigadoras. Son las vengadoras de no sabesmos qué; pero tú sabes que alguna vez te han perseguido y, en cuanto lo sabes, que te perseguirán para siempre. Ellas vigilan. Son las vicarias de alguien innombrable, buenísimo o maligno. Te exigen. Te siguen. Te observan. Cuando finalmente mueras es probable, y triste, que baste una mosca para llevar quién puede decir a dónde tu pobre alma distraída. Las moscas transportan, heredándose infinitamente la carga, las almas de nuestros muertos, de nuestros antepasados, que así continúan cerca de nosotros, acompañándonos, empeñados en protegernos. Nuestras pequeñas almas transmigan a través de ellas y ellas acumulan sabiduría y conocen todo lo que nosotros no nos atrevemos a conocer. Quizá el último transmisor de nuestra torpe cultura occidental sea el cuerpo de esa mosca, que ha venido reproduciéndose sin enriquerecerse a lo largo de los siglos. Y, bien mirada, creo que dijo Milla (autor que por supuesto desconoces pero que gracias a haberse ocupado de la mosca oyes mencionar hoy por primera vez), la mosca no es tan fea como a primera vista parece. Pero es que a primera vista no parece fea, precisamente porque nadie ha visto nunca una mosca a primera vista. A nadie se le ha ocurrido preguntarse si la mosca fue antes o después. En el principio fue la mosca. (Era casi imposible que no apareciera aquí eso de que en el principio fue la mosca o cualquier otra cosa. De esas frases vivimos. Frases mosca que, como los dolores mosca, no significan nada. Las frases perseguidoras de que están llenas nuestros libros.) Olvídalo. Es más fácil que una mosca se pare en la nariz del papa que el papa se pare en la nariz de una mosca. El papa, o el rey o el presidente (el presidente de la república, claro; el presidente de una compañía financiera o comercial o de productos equis es por lo general tan necio que se considera superior a ellas) son incapaces de llamar a su guardia suiza o a su guardia real o a sus guardias presidenciales para exterminar una mosca. Al contrario, son tolerantes y, cuando más, se rascan la nariz. Saben. Y saben que también la mosca sabe y los vigila; saben que lo que en realidad tenemos son moscas de la guarda que nos cuidan a toda hora de caer en pecados auténticos, grandes, para los cuales se necesitan ángeles de la guarda de verdad que de pronto se descuiden y se vuelvan cómplices, como el ángel de la guarda de Hitler, o como el de Jonhson. Pero no hay que hacer caso. Vuelve a las narices. La mosca que se posó en la tuya es descendiente directa de la que se paró en la de Cleopatra. Y una vez más caes en las alusiones retóricas prefabricadas que todo el mundo ha hecho antes. Pues a pesar tuyo haces literatura. La mosca quiere que la envuelvas en esa atmósfera de reyes, papas y emperadores. Y lo logra. Te domina. No puedes hablar de ella sin sentirte inclinado hacia la grandeza. Oh, Melville, tenías que recorrer los mares para instalar al fin esa gran ballena blanca sobre tu escritorio de Pittsfield, Massachussetts, sin darte cuenta de que el Mal revoleteaba desde mucho antes alrededor de tu helado de fresa en las calurosas tardes de niñez y, pasados los años,sobre ti mismo en el crepúsculo te arrancabas uno que otro pelo de la barba dorada leyendo a Cervantes y puliendo tu estilo; y no necesariamente en aquella enormidad informe de huesos y esperma incapaz de hacer mal alguno sino a quien interrumpiera su siesta, como el loquito Ahab, ¿Y Poe y su cuervo? Ridículo. Tú mira la mosca. Observa. Piensa."

Augusto Monterroso


15/07/2006 20:48 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Genet Hay 1 comentario.

17/07/2006

Mommsen en Atenas

 




“Hace años, uno de mis profesores en la universidad de Bucarest tuvo la oportunidad de asistir a una serie de conferencias del famoso historiador Theodore Mommsen. Por ese tiempo, a comienzos de la década de 1890, Mommsen era ya muy viejo, pero conservaba una mente lúcida y su memoria sorprendía por su precisión y amplitud. En su primera conferencia, Mommsen estaba describiendo Atenas durante la época de Sócrates. Fue hacia el pizarrón y bosquejó, sin la menor anotación de apoyo, el plano de la ciudad tal como era en el siglo V; procedió luego a señalar la ubicación de los templos y edificios públicos y a mostrar dónde habían estado algunas de las fuentes y los parques más famosos. Su vívida reconstrucción del escenario donde había transcurrido el Fedro fue verdaderamente notable. Después de citar el pasaje donde Sócrates pregunta dónde habita Lisias, y Fedro contesta que con Epícrates, Mommsen indicó la posible ubicación de la casa del último, explicando que el texto dice que “la casa en que Maroquia solía vivir” se hallaba “cerca del templo de Zeus Olímpico”. Mommsen continuó describiendo gráficamente el camino que Sócrates y Fedro siguieron mientas caminaban a la vera del río Iliso, e indicó después el lugar donde probablemente se habían detenido para mantener su memorable diálogo, en un “lugar apacible” a la sombra de un “alto plátano”.

Asombrado por el extraordinario despliegue de erudición, memoria y penetración literaria de Mommmsen, mi profesor permaneció en el anfiteatro después de la conferencia. Vio entonces a un ayuda de cámara entrado en años que se aproximó y tomó amablemente a Mommsen del brazo encaminándolo hacia la salida. En ese momento, un estudiante que todavía estaba allí explicó que el famoso historiador no sabía ir solo a su casa. ¡La mayor autoridad viviente sobre la Atenas del siglo V se perdía en su propia ciudad, la Berlín guillermina!

[...]

Mommsen ilustra admirablemente el significado existencial de "vivir en el mundo propio". Su mundo real, el único importante y significativo para él, era el mundo clásico grecorromano. Para Mommsen, el mundo de los griegos y los romanos no era simplemente historia, es decir, un pasado muerto recuperado mediante una anamnesis historiográfica; era su mundo, el lugar donde él podía moverse, pensar, disfrutar la beatitud de estar vivo y ser creador."


En “Ocultismo, brujería y modas culturales
Mircea Eliade
Ed. Paidós


17/07/2006 23:52 Autor: settembrini. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

20/07/2006

Pedazos de mármol

 




"Quiero terminar recordando el famoso juicio que siguió a la primera exhibición de Brancusi en el Armony Show de Nueva York. Los funcionarios aduaneros de Nueva York se negaron a aceptar que algunas de las esculturas de Brancusi -por ejemplo, Mlle. Pogany y Una musa- fueran realmente obras de arte y les aplicaron un elevado impuesto como bloques de mármol. No debemos ser demasiado duros en nuestro juicio sobre esos funcionarios, pues en el posterior juicio respecto de ese impuesto un conocido crítico norteamericano de arte afirmó que esas esculturas eran ¡meros pedazos de mármol pulido! La orba de Brancusi era tan nueva en 1913 que incluso algunos especialistas de arte no podían verla."


En “Ocultismo, brujería y modas culturales
Mircea Eliade
Ed. Paidós

20/07/2006 23:56 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

21/07/2006

Enkidu

 




Leo en el libro de Mircea Eliade unas reflexiones sobre la muerte, sobre el modo de afrontarla en las diferentes culturas y sobre su papel en la literatura actual. Habla de los signos de la muerte que los críticos han rastreado en la novela de los últimos siglos, de los símbolos que la acompañan (el mar, el puente, el barco, el perro, el psicopompo...) Me pierdo buscando rastros en mi biblioteca, y acabo dando, cómo no, con la vieja historia de Gilgamesh, el hombre que no quería morir, el primer hombre de la literatura, el primer hombre. Gilgamesh viaja hasta el final del mundo en busca de la inmortalidad -Eliade menciona también este arquetipo-, pese a los consejos de la sabia tabernera:


"Pero la Tabernera le habló a él, a Gilgamesh:
"¿Por qué ese vagar, Gilgamesh?
La vida sin fin que tú persigues no la encontrarás jamás.
Cuando los dioses crearon a los hombres,
les asignaron la muerte,
reservándose la inmortalidad para ellos solos.
En cuanto a ti, llena la panza,
vive alegre noche y día;
celebra fiestas todos los días,
baila y diviértete noche y día.
Engalánate con vestiduras adecuadas,
lávate, báñate;
Mira con ternura a tu pequeño que te coge de la mano,
y haz feliz a tu mujer apretada contra ti,
porque tal es el único futuro de los hombres."


Tantos milenios para esto. Recuerdo a Fausto, cuando se lamenta de lo poco que ha aprendido.

Por suerte, dejo de lado el tema al releer el fragmento que más me fascina de la historia de Gilgamesh: cuando Enkidu, el salvaje, se convierte en hombre.


"El Cazador se fue, llevándose consigo a la cortesana Lalegre
Emprendieron el viaje, tomaron el camino,
Y al cabo de tres días, llegaron al lugar indicado.
Cazador y Cortesana, instalados en su rincón
Permanecieron allí uno, dos días, cerca de la aguada.

Luego la manada llegó para abrevar:
Llegaron las bestias para disfrutar con el agua.
Enkidu en persona, natural del desierto,
pastaba en compañía de las gacelas;
en compañía de su manada, abrevaba en la aguada,
disfrutaba del agua en compañía de las bestias

Lalegre lo vio, a este ser humano salvaje,
este temible joven en plena estepa:
"¡Helo aquí!" Dijo el cazador. "Desnúdate, Lalegre.
Descubre tu sexo, que él tome tu voluptuosidad,
y no temas agotarlo.
Cuando te vea así se abandonará sobre ti:
deja pues caer tu vestido para que él se acueste sobre ti,
y haz con él, con este salvaje, tu trabajo de mujer:
entonces su manada, que se había criado con él, le será hostil.
Mientras a ti él te mimará con sus arrumacos."

Y Lalegre apartó sus velos
y descubrió su sexo para que él tomase su voluptuosidad,
sin temor a agotarlo.
Cuando ella dejó caer su vestido él se acostó sobre ella,
y ella hizo con él, con este salvaje, su trabajo de mujer;
mientras la mimaba con sus arrumacos.

Seis días y siete noches, Enkidu, excitado,
hizo el amor con Lalegre.
Una vez saciado del placer que ella le había dado,
se dispuso a reunirse con su manada.

Pero, al ver a Enkidu, escapan las gacelas,
y las bestias salvajes se apartan de él.
Con su cuerpo vacío de fuerza, quiso elevarse,
con sus rodillas paralizadas perseguir a sus bestias.
Enkidu estaba débil, incapaz de correr como antes.
Pero había madurado. ¡Se había vuelto inteligente!

Regresó para sentarse a los pies de la Cortesana.
Con los ojos clavados en su rostro
comprendía todo lo que ella le decía.
La Cortesana se volvió entonces hacia él, hacia Enkidu:
"Eres hermoso, Enkidu, semejante a un dios.
¿Para qué recorres la estepa con las bestias?
Déjame conducirte a Uruk la de los cercados[...]"


La epopeya de Gilgamesh: El gran hombre que no quería morir
Edición de Jean Bottéro
Traducción del francés de Pedro López Barja de Quiroga.
Akal Oriente, 1998.



21/07/2006 23:26 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

28/07/2006

Bailar con el Diablo

 




“El grupo literario revolucionario del Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu) encuentra en Fausto al héroe que se eleva como titán por encima de las leyes, normas y convenciones. En la obra de uno de ellos (Klinger), “La vida, las obras y el viaje al infierno de Fausto” (1791), éste se convierte en revolucionario social que pide ayuda al diablo para hacer desaparecer las injusticias. Convertido en nihilista, pide al diablo su propia aniquilación.”

De la introducción de F. Palau-Ribes Casamitjana al Fausto, de Goethe
Planeta, 1990


28/07/2006 21:27 Autor: settembrini. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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