Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006.



Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole
ed è subito sera.
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.
Salvatore Quasimodo

Catedral de San Pablo, Londres, durante un bombardeo. 29 de Diciembre de 1940
"Y luego Inglaterra, el sur de Inglaterra, probablemente el paisaje más acicalado del mundo. Cuando se pasa por allí, en especial mientras uno va recuperándose del mareo anterior, cómodamente sentado sobre los blandos almohadones del tren de enlace con el barco, resulta difícil creer que realmente ocurre algo en alguna parte. ¿Terremotos en Japón, hambrunas en China, revoluciones en México? No hay por qué preocuparse, la leche estará en el umbral de la puerta mañana temprano y el New Statesman saldrá el viernes. Las ciudades industriales, una mancha de humo y miseria oculta por la curva de la superficie terrestre, quedaban lejos. Allí, en el sur, Inglaterra seguía siendo la que había conocido en mi infancia: las zanjas de las vías del ferrocarril cubiertas de flores silvestres, las onduladas praderas donde grandes y relucientes caballos pastan y meditan, los lentos arroyuelos bordeados de sauces, los pechos verdes de los olmos, las espuelas de caballero en los jardines de las casas de campo; luego la serena e inmensa paz de los alrededores londinenses, las barcazas en el río fangoso, las calles familiares, los carteles anunciando partidos de criquet y bodas reales, los hombres con bombín, las palomas en la Plaza de Trafalgar, los autobuses rojos, los policías azules... todos durmiendo el sueño muy profundo de Inglaterra, del cual muchas veces me temo que no despertaremos hasta que no nos arranque del mismo el estrépito de las bombas."
George Orwell
Homenaje a Cataluña. 1938
"La primera edición de Kristus och Judas lleva este categórico epígrafe, cuyo sentido, años después, monstruosamente dilataría el propio Nils Runeberg: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas (De Quincey, 1857). Precedido por algún alemán, De Quincey especuló que Judas entregó a Jesucristo para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una vasta rebelión contra el yugo de Roma; Runeberg sugiere una vindicación de índole metafísica. Hábilmente, empieza por destacar la superfluidad del acto de Judas. Observa (como Robertson) que para identificar a un maestro que diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante concursos de miles de hombres, no se requiere la traición de un apostol. Ello, sin embargo, ocurrió. Suponer un error en la Escritura es intolerable; no menos tolerable es admitir un hecho casual en el más precioso acontecimiento de la historia del mundo. Ergo, la traición de Judas no fue casual; fue un hecho prefijado que tiene su lugar misterioso en la economía de la redención. Prosigue Runeberg: El Verbo, cuando fue hecho carne, pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la carne; para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre. Judas, único entre los apóstoles intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito de Jesus. El Verbo se había rebajado a mortal; Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator (el peor delito que la infamia soporta) y ser huésped del fuego que no se apaga. El orden inferior es un espejo del orden superior; las formas de la tierra corresponden a las formas del cielo; las manchas de la piel son un mapa de las incorruptibles constelaciones; Judas refleja de algún modo a Jesús. De ahí los treinta dineros y el beso; de ahí la muerte voluntaria, para merecer aun más la Reprobación. Así dilucidó Nils Runeberg el enigma de Judas."
Jorge Luis Borges
Tres versiones de Judas, 1944
“Soy creyente- me dijo el padre Memnar-, y si mi fe está bien fundada, aquél en quien creo lo sabe aunque no le haga declaraciones oficiales. En el transcurso de las historia, el intelecto confeccionó varios modelos de Dios considerando cada uno de ellos como el único verdadero. Es un error, ya que el modelaje es codificación, y un misterio codificado deja de ser un misterio. Los dogmas parecen eternos sólo al comienzo del camino hacia las lejanías de la civilización. Primero Dios fue imaginado como un padre severo, luego como un pastor y cultivador, más tarde como un artista, lleno de amor por lo creado. Por tanto los hombres tuvieron que desempeñar sendos papeles de niños buenos, ovejitas obedientes y, finalmente, el de su claque, siempre entusiasta. Sin embargo, es infantilismo suponer que Dios hubiera creado para que su creación le amara de antemano por lo que habrá allá, si lo de aquí no es demasiado satisfactorio como si Él fuera un concertista que prepara un “bis” de vida eterna para después de la caída del telón de la terrenal, en pago de interminables porciones de ‘bravos’ rezados. Esta versión teatral de la Teodicea pertenece a nuestro pasado, ya remoto...”
Viaje vigésimoprimero de Ijon Tichy
Diarios de las estrellas.
STANISLAW LEM
Hacer un blog es jugar a ser Horacio Oliveira en su celda del manicomio: se cuelgan artículos como quien clava chinchetas, y entonces se procede a enlazar piolines (hilos de colores) que cruzan la estancia pasando de chincheta en chincheta, para ir haciendo cada vez más tupida la telaraña.
Ejemplo: hemos hablado de los extraños teólogos de Lem, de sus drogas modificadoras de la conducta y de una sugerente cita de Zizek, y ahora viene Félix de Azúa y clava otra chincheta a la que podemos atar un nuevo puñado de piolines.
Habla Azúa de la realidad y la ficción, de su conflictiva relación en la literatura actual, y reflexiona sobre el papel de la publicidad:
¡Pues anda que la legalidad! ¿Quién puede condenar (o premiar) a alguien que lleve un psicotrópico en el cuerpo desde su nacimiento? Y sin embargo, ese fármaco lo llevamos ya todos inyectado en vena desde niños y se llama "publicidad y propaganda". Luego insiste en su lúcida ceguera: "Hoy es posible implantar un chip en un ratón y teledirigirlo. Obviamente, será posible hacer lo mismo con un ser humano. (...) ¿Cómo experimentará ese ser humano el control remoto? ¿Tendrá consciencia de que le controla una fuerza exterior? ¿Creerá ser él mismo el emisor de las órdenes? Me inclino por la segunda hipótesis, (...) se sentirá libre">>
Y aquí es donde abandono las ideas de Azúa (no dejéis de leerlas) para llevar el agua a mi molino, y atar un nuevo piolín que me lleve, por otro camino, de Zizek a Lem, y tiro porque me toca:
En el vigesimoprimer viaje de Ijon Tichy, aquel fraile teólogo termina hablando al viajero del estado terminal del proselitismo en el planeta. Sus habitantes han llegado a desarrollar técnicas que permiten el control mental del prójimo, de suerte que para inculcar la fe en los incrédulos, y los "veraderos" principios de la misma en sus oponentes, les basta con lavar los cerebros de estos y volver a rellenarlos con la fe verdadera. Salvación garantizada. Claro, el problema está en que con una "humanidad" salvada, ¿qué terreno quedaría para demostar la fe? La opción escogida por esos peculiares predicadores es no hacer nada. Esa es la única vía que encuentran para demostrar la firmeza de su fe.
¿Ciencia ficción? Lo que hace Stanislav Lem es teología ficción.
Estos polacos...

"Los holistas-pluralistas-behavoristas-fisicalistas manifestaron que, según las enseñanzas de la física, la regularidad en la naturaleza tenía únicamente un carácter estadístico. Igual que no se podía prever con una exactitud absoluta el camino de un electrón aislado, tampoco se sabía con certeza cómo se comportaría una patata aislada. La experiencia nos dice que el hombre peló millones de veces las patatas, pero era forzoso admitir la posibilidad de que en un caso entre millones, las patatas pelarían al hombre."
Viaje 25º de Ijon Tichy
Diarios de las estrellas
Stanislav Lem
Pd.- Recomiendo el relato: desternillante repaso a la ciencia y a la filosofía humanas. Simpático este Lem...
Después de una reciente conversación con algunos estudiantes, recordé aquello que decía Richard de Bury, algunos siglos atrás y en pérfidos latines, sobre la "gens scholarium" (Est enim gens scholarium perperam educata communiter et, nisi majorum regulis refraenetur, infinitis infantiis insolesat. Aguntur petulantia, praesumptione tumescunt; de singulis judicant tanquam certi, cum sint in omnibus inexperti), y regresé a su Philobiblon, donde vine a dar con esta otra bellísima cita, en la que el sabio nos habla de los libros:
"Hi sunt magistri qui nos instruunt sine virgis et ferula, sine verbis et cholera, sine pannis et pecunia. Si accedis, non dormiunt; si inquirens interrogas, non abscondunt; non remurmurant, si oberres; cachinnos nesciunt, si ignores. O libri soli liberales et liberi..."
Por ahí circula, en nuestro latín degenerado, una versión algo libre y "moderna" del dicho: “Los libros son maestros que nos enseñan sin férula ni azotes, sin gritos ni enfados, sin vestiduras vanas y sin monedas. Si acudís a ellos súbitamente nunca los encontraréis durmiendo, si los interrogáis nunca disimulan sus ideas, si os habéis equivocado no murmuran, si cometéis una necedad nunca se burlarán de vosotros. ¡Oh libros! ¡Los únicos poseedores de la libertad, los únicos que nos permiten disfrutarla!”.

Vale.
"Uno de mis cuentos preferidos es Syllabus, breve narración de Juan Benet en la que se observan ciertas conexiones fortuitas con el paradigmático Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. En el cuento de Benet nos encontramos con el profesor Canals, brillante catedrático jubilado, que da un ciclo de conferencias a sus incondicionales y exhibe en ellas desparpajo, inteligencia y erudición, hasta que observa que algo está fallando en medio de su luminoso paseo triunfal: un joven prematuramente calvo y de pelo rubicundo que toma asiento siempre en una silla separada del resto del auditorio sigue sus disertaciones con un ademán de insolente desdén e indiferencia por lo que allí se dice. Poco a poco veremos cómo, en su afán de captar casi exclusivamente la admiración del joven insolente, el profesor Canals va adaptando su discurso al díscolo e indiferente oyente, que jamás cambia de actitud; es más, el joven abandona las conferencias antes de que éstas terminen. Un día, el de la última disertación del ciclo, el preocupado profesor Canals dirige todas sus ideas y palabras exclusivamente al joven impasible; es decir, traiciona todos sus saberes y, tratando de evitar que una vez más el indiferente abandone la sala antes de tiempo, lee y dicta lo que cree que el díscolo y silencioso joven quiere oír. Y el fracaso de Canals aún se hace mayor, más estrepitoso. Porque el joven acaba levantándose con flema y, tras dirigirle al profesor una mirada cargada con su mejor menosprecio, abandona el local sigilosamente en el momento en que el conferenciante se estaba incorporando en su asiento en un último e inútil intento de retener al implacable joven esquivo.[...]"
Enrique Vila-Matas
(Sigue en El país)
Del papiro al pergamino, del pergamino al papel...
http://www.elpais.es/fotogalerias/popup_animacion.html?xref=20060420elpepunet_1


Pero Moratín es de los pocos que creen en la muerte de Sebastián. El sebastianismo es el tema en que el libro de Crespo alcanza más altura, y donde resulta más desconcertante. ¿Cómo entender el sebastianismo? La historia es engañosamente clara: en medio de una crisis absurda en el que debería haber sido el reino más próspero de su tiempo, el joven rey don Sebastián parte a la conquista de Marruecos, como un cruzado iluminado. Allí, en la batalla de Alcazarquivir, se pierde su rastro. Nadie lo vio morir, no fue hecho prisionero, y nunca regresó. Pero muchos en Portugal se dieron a esa suerte de mesianismo que aguardaba el regreso del joven rey, como Artús, como Quetzalcoalt, como el Mesías. Mientras tanto, Felipe II de España se hace con el trono portugués, y ambos reinos permanecen unidos durante casi medio siglo, hasta la época en que, no muy lejos, els segadors se rebelaban (por cierto, otro piolín: una vez vi un documento de comienzos del diecisiete en que aparecía la expresión "nación catalana", pero mejor no entrar en esos temas). El caso es que el sebastianismo marca el carácter portugués, y aquí debéis leer a Crespo, que lo explica mejor.
No anda lejos el mito de Sebastián de la historia El encubierto, en las Germanías valencianas. Y algo he leído de su relación con la rebelión comunera, o con Cataluña (Bernabé El Encubierto), o con las rebeliones moriscas. Y también aparecerá esta figura recurrente en otras ocasiones a lo largo de los siglos. Como en Brasil, cómo no. Y aquí toca leer a Vargas Llosa, en su guerra del fin del mundo. En todo esto flota el mesianismo, la ansiedad y el deseo por el apocalipsis; quizá no tanto la esperanza en la renovación, en el renacimiento, como el deslumbramiento por el irresistible encanto de la destrucción; la necesidad de una catarsis... El caos, en fin, la atracción del abismo. Me callo.
Creo que se impone una lectura calmada de Crespo, un retorno al inevitable Pessoa, y un viajecito a Lisboa.
Pessoa:
"O Encoberto":
"Que Símbolo final
Mostra o sol já desperto?
Na Cruz morta e fatal
A rosa do Encoberto"
Acabo de instalar un cacharrito muy moderno que me dice cuánta gente cruza este umbral, e incluso de dónde viene (con una precisión geográfica, bien es cierto, digna de un cartógrafo medieval), y me ha sorprendido ver por ahí un pasaporte guatemalteco. Si fuera de un poquito más allá, sacaría a colación a Salarrué. Pero bueno, podemos contar con Miguel Ángel Asturias para rendir homenaje a ese pequeño país de grandes escritores (bajitos). Viene al caso, también, por la mención que hacíamos antes a Guimaraes, a su "Gran Sertón: Veredas", esa novela que tanto tiene que ver con Paradiso, de Lezama Lima, y que vive en ese mundo literario multinacional donde se crean lenguajes, donde las hablas indígenas se cruzan con la cervantina para demostrar que dos y dos son más de cuatro, y se inventan literaturas:
"...¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas, a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra lumbre de alumbre, sobre la podredumbre, Luzbel de piedralumbre!¡Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre..., alumbra, alumbre...!
Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado, perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de las calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola.
La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse rabiosos, se mordían [...]"
(Además, Vernon, también asoma por aquí su velluda pezuña el viejo demoño ;-)
Si alguien quiere oir a Asturias recitar eso de "alumbre, lumbre de alumbre..." que pinche aquí si se atreve. Pero ojo, que se atenga a las consecuencias (se diría al escucharlo va a aparecerse el Maligno...)
Vale.

Me voy a la playa. Pero antes, y como postre de mi lectura de Crespo, dejo una cita interesante:
"Durante el dominio de los Austrias, el español pasó a ser la segunda lengua de Lisboa. "El bilingüismo -escribe Saraiva- fue moneda corriente incluso entre el pueblo de Lisboa; el teatro representado era casi todo español, y no era preciso traducir los textos. A pesar de ello (tal vez por ello), había la noción de que la lengua portuguesa era un tesoro que debía ser protegido", en vista de lo cual se publicaron durante aquel periodo obras gramaticales, se prestó mucha atención al habla popular, y apareció el diccionario de proverbios portugueses del P. Bento Teixeira."
De "Lisboa"
Ángel Crespo.