“La ciudad de Herculano quedó enterrada por los ríos de ceniza que fluyeron de la erupción del monte Vesubio en el año 79 d.C. (la misma erupción que destruyó, y conservó, Pompeya). Las excavaciones del siglo XVIII revelaron una sala en la famosa Villa de los Papiros que contenía un revoltijo de fragmentos de rollos ennegrecidos por el fuego de la erupción. Aunque estaban demasiado quemados para poder leerlos, la distribución de la sala misma era un perfecto ejemplo de biblioteca romana, cuyos nichos en los muros eran los armarios donde estaban cuidadosamente instalados. [...] Un equipo de la universidad Brigham Young y de la Biblioteca Nacional de Italia en Nápoles, están usando técnicas de imagen digital para descifrar los restantes fragmentos. [...] Quedan diez mil fragmentos; los miembros del equipo creen que podrán descifrarlos todos.
Mucho antes de la caída de Roma, Platón y Aristóteles llegaron a la conclusión de que no hay ningún sistema político que no sufra la decadencia. Y como corolario a esta regla, podría añadirse que no hay biblioteca que no termine por desaparecer, dejando una laguna que las futuras generaciones habrán de rellenar. La tragedia de la Villa de los Papiros es la tragedia de la biblioteca a lo largo de la historia: al reunir los libros en un lugar, las culturas y los reyes los han sacrificado inevitablemente al tiempo. Así ocurre con la gran mayoría de las bibliotecas de la antigüedad, desde Asia Menor a España, desde Alejandría a Pérgamo. Los investigadores que trabajan en los fragmentos de Herculano ofrecen la tentadora posibilidad de hallar alguna de las muchas obras de la antigüedad perdidas entre los fragmentos. Pero incluso si el último de los caracteres carbonizados no ofreciera nada nuevo, una cosa sería cierta: la biblioteca primitiva más completa accesible a nosotros en la actualidad sobrevivió precisamente porque se quemó.”
Library, an unquiet history
Matthew Battles
Vintage, 2004