“Míticos o reales, los bibiliocaustos tienen su explicación. A menudo son accidentales, como cuando Cesar quemó sus naves en el puerto de Alejandría. Las quemas de libros deliberadas son de dos tipos: puede tratarse de intentos de revisión, como la de Shi Huangdi [el primer emperador de China]; otro ejemplo viene del surgimiento del Islam, cuando los partidarios del Corán quemaban otros textos religiosos desautorizados. En este caso, la quema era una suerte de sacramento; los creyentes consagraban los libros a las llamas casi reverencialmente, por miedo a que ocultaran palabras verdaderas entre sus páginas llenas de errores. Los libros también pueden quemarse con el fin de borrar a sus autores y lectores de la Historia, como muestra la conquista de México.
Tras la caída de Tenochtitlán bajo Hernán Cortés, la conquista de México devino en una batalla de libros: concretamente, aquella entre las historias escritas de los mexica y la Biblia cristiana. La tecnología del libro había surgido en Mesoamérica(1) al menos mil años antes de la llegada de Colón, y había adquirido por esa época una sutileza y una sofisticación extraordinarias. En la escritura maya (probablemente el más complejo de los sistemas mesoamericanos) un signo podía ser un término del calendario, un nombre o incluso un símbolo fonético para una sílaba. Los materiales varían desde la piedra al cuero y otros. Los aztecas escribían sus libros en piel de ciervo especialmente preparada, o en un papel nativo hecho con fibras de pita; la escritura se pintaba con colores vibrantes mediante finos pinceles, y las cubiertas solían hacerse con piel de jaguar.
En los siglos posteriores a la conquista, los estudiosos han menospreciado la escritura jeroglífica de Mesoamérica, tachándola de “menos avanzada” que los jeroglíficos egipcios. Pero conforme siguen descifrándose los códices e inscripciones, está cada vez más claro que los antiguos críticos europeos se equivocaban. Por ejemplo, Gordon Brotherston dijo de la escritura icónica conocida en Nahuatl como “tlacuilolli”, que “funde en un enunciado lo que para nosotros son conceptos separados como letra, arte y matemáticas”. Conceptualmente, además, la escritura mesoamericana concilia su simplicidad aparente con sus profundidades ocultas. La mayoría de las historias aztecas, por ejemplo, se compusieron según el plan del más fundamental de todos los sistemas de ordenación mesoamericanos: el calendario. Pero estos calendarios incorporaban historia, adivinación, biografía y mitología, como un reflejo del mundo de la religión mesoamericana y las minucias de su historia. Asimismo existían otros géneros: entre el puñado de obras anteriores a la conquista que han sobrevivido, se encuentran un destacable herbario (libro que contiene nombres y descripciones de plantas útiles) y los estatutos fiscales aztecas. Pero las bibliotecas aztecas consistían principalmente en calendarios y anales, que eran reverenciados por el saber religioso y el poder adivinatorio que impartían.
Al reconocer la importancia de estos libros para los nobles y sacerdotes mexicanos, los conquistadores localizaron y quemaron todos los libros ilustrados aztecas que pudieron encontrar. Los escribas mexicanos sabían que su historia estaba en peligro. Continuaron produciendo códices en secreto; los españoles no erradicaron los últimos colegios de escribas en la montañosa Oaxaca hasta un siglo después. Pero los padres españoles encargados de la conversión de los mesoamericanos fueron implacables. Incapaces de separar el valor histórico de los libros aztecas de la amenaza religiosa que planteaban, quemaron libros dondequiera que los encontraron.
Les llevó sólo unos pocos años percatarse de su locura. Los libros perdidos aztecas contenían información sobre la historia, la etnografía y los idiomas de Mesoamérica, que demostrarían ser cruciales para cristianizar las culturas de México. Pocos años después de la conquista, según el historiador mexicano Miguel León Portilla, los misioneros comenzaron a enseñar a los nobles aztecas el uso del alfabeto latino para escribir en el idioma Nahuatl; unos pocos de los escribas que habían adiestrado siguieron colaborando con los europeos en la producción de libros que sintetizaran la escritura jeroglífica precolombina con la escritura fonética europea. La mayor de estas obras fue escrita por el franciscano Bernardino de Sahagún, cuya “Historia general de las cosas de Nueva España” es una vasta enciclopedia de la civilización mesoamericana, y trata la historia, etnobotánica, religión y medicina aztecas. Síntesis única de las tradiciones europeas y mesoamericanas del libro manuscrito, su mejor copia se conoce como el Códice Florentino, porque reside en la Biblioteca Lorenziana de Florencia, Italia, fundada por Cosme de Medici y diseñada por Miguel Ángel.
Pero los españoles no fueron los primeros en quemar libros en el Valle de México; los Aztecas habían descubierto por sí mismos cómo encuadernar libros y cómo destruirlos. Los ancestros de los gobernantes aztecas de Tenochtitlán habían sido los mexica, tribus nómadas que habían llegado del norte apenas mil años antes de la conquista de los españoles. Conforme los mexica cimentaron su control y empezaron a extender su influencia a lo largo de la región, sus sacerdotes se dieron cuenta de que las viejas crónicas de correrías y saqueos no contribuirían a ello. Los mexica se transformaron rápidamente en los aztecas, y crearon una nuevo orden aristocrático, nuevos impuestos y un nuevo sistema teocrático en el Valle de México. Tales transformaciones radicales requirieron asimismo basarse en una nueva historia. Y así los viejos libros serían reunidos y quemados. La decisión vino del propio Itzcoatl, primer emperador azteca, quien tomó parte en la composición de la nueva historia, escribiendo himnos al pasado azteca revisado. Los nuevos libros no dejaban duda sobre el origen remoto de los derechos aztecas sobre el ejercicio del poder. Tampoco sería ésta la última oportunidad de los escribas aztecas para revisar su historia. Cuando empezaron a colaborar con sacerdotes como el padre Bernardino en la recreación de las crónicas del imperio perdido, insertarían en sus historias presagios y oráculos retroactivos que “predecían” la venida de los conquistadores en términos mitológicos. Así satisfacían la vanidad de sus nuevos gobernantes, tal y como habían validado el poder de la compleja, brutal religión que habían sido obligados a abandonar.
(1).- DRAE: 1. adj. Perteneciente o relativo a Mesoamérica, región que los americanistas distinguen como de altas culturas, y cuyos límites se encuentran entre una línea que corre al norte de la capital de la República de Méjico, y otra que corta América Central por Honduras y Nicaragua.”
Library, an unquiet history
Matthew Battles
Vintage, 2004
Traducido por Settembrini (perdón...)

Autor: Magda
La destrucción de los libros por los conquistadores españoles tuvieron un fin muy distinto que la "destrucción" (muy entre comillas) de los libros por los pobladores mexicanos. Los conquistadores lo hicieron para que no quedara constancia de todo lo sucedido, entre otras cosas. Los tlacuilos (que escribian pintando, en imágenes o códices) eran personas muy sabias. Otra cosa interesante, que viene al tema, es que los mayas descubrieron el cero, no los árabes.
Posteriormente, ya realizada la conquista, cuando se implantó la imprenta, tampoco los españoles radicados y afianzados en México (es con x) permitían que los mexicanos publicaran o estaban totalmente vigilados, la censura era terrible.
Y asi es, los europeos estaban totalmentre equivocados, y en muchas cosas que aun desconocen. Es interesante el tema, y tu texto lo es también.
Te recomiendo mucho (y está en español) el libro de Tzvetan Todorov "La conquista de América: el problema del otro", es un excelente libro, y escrito por alguien que es ajeno y neutral en este tema.
Y sí, bien dices, México está en América del norte, después es América central y luego América del sur, y las tres conforman Latinoamérica.
Muchos saludos.
Fecha: 01/01/2007 00:50.
Autor: Settembrini
Gracias por tu aportación y tus consejos. Tomo nota. De todas formas, como dicen en las películas, el responsable de este blog no comparte las opiniones aquí vampirizadas. El texto es del tal Mathew Battle, que no es precisamente un experto en la materia, y contiene más de un detalle cuestionable. Pero bueno, la idea de fondo, y ciertos detalles que aporta, me parecían dignos de mención.
Saludos cordiales.
Fecha: 08/01/2007 02:17.

Autor: Flor
Hola Settembrini, como estas. Gracias por tus comentarios y traducciones tan utiles. A ver si me podes ayudar: tengo el dato de que Battlles fue el primero en utilizar la palabra "biblioclasta" (aquel que destruye libros). Tenes idea si en el libro que tradujiste existe este dato? Por otro lado quisiera saber en que año fue editado ese libro, lugar y editorial. Varias preguntas eh... muchisimas gracias
Fecha: 15/08/2008 02:10.