Venimos de la feria...



 
Disculpen las ausencias, como decía el político cursi aquel, pero es que acabo de regresar de un viaje de incógnito a la capital del reino, y no he podido actualizar debidamente este invento. Tenía que ir a la feria del libro -es un vicio que tengo- y comer cocido con unos amigos -mi espíritu autodestructivo, que me pide cocido en pleno verano. Como de costumbre ha sido más satisfactoria la comilona. Me temo que he encontrado la feria más apagada que de costumbre. Es cierto que había un gentío descomunal, pero me llevado la impresión de que tenían los mismos cuatro libros en todas las casetas, salvo esas pocas ediciones atrevidas que presentan ciertas casas, y que este año no me han resultado muy apetitosas. Además, este año sólo se hacía descuento en la feria, y no en las demás librerías matritenses, de manera que la oferta se limitaba a la escasa colección ferial. Eso me ha privado de un Vasari baratito: tendré que tirar de internet. En fin...

Otra cosa que me ha impresionado es el hecho de que los libreros madrileños parecen estar más pedantes y resabiados que nunca, ya que no dejaban de despotricar de todo y de todos, exhibiendo un carácter insufrible y lanzando como mazazos opiniones contundentes sin cuento. Y no generalizo gratuitamente: es que estaban todos así. Digo yo que si les habrán echado algo al catering o al agua. Además, los dependientes me han tratado, prácticamente todos ellos, con una exquisita, estudiada y meritoria falta de educación. Podría concluir que el problema estaba en mí, pero a un acompañante mío le han descerrajado dos groserías y a otro me lo han dejado temblando a fuerza de desplantes e insolencias. Lo mismo ha sido el cocido.

El caso es que he hecho del masoquismo virtud, y le he comprado a una indeseable un ejemplar de "La montaña mágica" -versión carísima y deliciosa de Edhasa, que tendré que leer con atril o ponerme a hacer pesas, aunque quizá me pierda acariciando las páginas-, y a otro ganapán una suerte de guía de Venecia que se llama "Venecia: arte y arquitectura", y que parece bastante jugosa.

Nada más, porque la sensación no era precisamente de comodidad, de manera que hemos puesto pies en polvorosa. No sin antes sorprenderme, porque este año he visto escritores. Ya, parece una tontería, pero es que el año pasado aquello parecía un estudio de televisión o un reality callejero. Claro que también he visto guiñoles, recaudadores de oenegés, cegetistas convocantes de protestas, cámaras, cámaras, cámaras, un economista deslenguado, la ausencia de Jodorowsky (que tenía una muchedumbre ansiosa de autógrafos ante su fantasma, por lo que deduzco que ellos sí lo veían, y tratándose de él no sería raro), gente preguntando por Marías, gente ignorando a la Montero, dependientes hastiados, pájaros defecadores en compradores incautos (casi me desgracia la Montaña cierto gorrioncillo suelto de vientre), príncipes dieciochescos buscando cenicientas zapato en mano (no he bebido) y un soletón absolutamente espantoso.

El caso es que me he dirigido calle arriba hasta el ángel caído (qué maravilla), y calle abajo hasta la cuesta Moyano -que se ha cansado de serlo y se ha tumbado creyéndose prado-; más concretamente hasta la casa del verdadero ángel caído, quien no es otro que ese viejo librero de viejo, que apenas disimula su condición luciferina. Cuando vea la cosa mal le venderé mi biblioteca y mi alma. Seguro que me hace un precio. Hoy sólo le he comprado dos novelas, una que perdí y otra que no pensaba leer, y que he tenido que llevarme dado su absolutamente escandaloso precio: "Las partículas elementales" de ese odioso autor francés, y "La invención de Morel", del viejo amigo de Borges. A euro por barba, oigan. Así da gusto.

Para terminar he visitado la casa del libro, donde me he enfadado al no encontrar descuentos, aunque al final he comprado un libro de oferta que se llama "El fantasma del rey Leopoldo", sobre aquel canalla monarca belga del que ya hablaremos, si se tercia.

Y nada más. Pobreza obliga.

Vale.

04/06/2006 23:42 Autor: settembrini. Enlace permanente. Tema: Ferias.

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Autor: Anónimo

Visito todos los días la Feria y he sido tratada bien y mal, pero, en general, bien. Están cansados y la gente no suele ser amable y apagada claro que está, son 247 casetas menos y son trescientas mil pesetas cada una; nadie las amortiza.

La feria está en un parque público, lo cual es un disparate tremebundo y hay guiñoleros, barquilleros, echadores de cartas y,lo que es mucho peor, montones de gentes que "pasean" por allí, con los niños, que se pierden, los perros, aterrados y ciclistas y patinadores intrépidos que regatean al viandante que se juega la vida en cuanto se despega de las casetas. Los gorrienes antes no podían desgraciar nada aunque apuntaran bien; una caca de un bicho que come grano, se quita con toda facilidad sin dejar mancha, pero los del Retiro y, lo que es mucho peor, las palomas, tienen todos diarrea por efecto de unos seres absurdos, las viejas de la zona, que les bajan platitos con los restos de su comida. Los pájaros del Retiro comen paella, cocido y chuletas de ternera, si a mano viene.

Así las cosas, cuando yo he estado a llevarle y firmarle mi libro a Rosa Montero, tenía cola, en la Librería de mujeres, donde son amables y tienen de cortina la tricolor.
Los libros, como siempre, los mismos.

La FNAC, La Casa del Libro y El Corte Inglés, no hacen descuento, no lo necesitan, seguís comprando allí. Las librerías normales sí lo hacen durante la Feria. En Pérgamo hacen el 10%, regalan marcapáginas de diseño, catálogos, envuelven para regalo con papel y una ramita seca y son absolutamente amables.

En la Feria hay una caseta, la nº 7, Editoriales Independientes Argentinas, donde tienen todo lo que ha publicado Cesar Aira (En España hay como cinco cosas), a 7 u 8€ cada novela; me he comprado seis y me han regalado una mínima (casi todas lo son) y una maravilla editada por ellos: el libreto de la ópera de Stravinsky "La carrera del libertino", de W.H Auden y Ch. Kallman, en edición preciosa y bilingüe (8€).

Muy simpático Gibson, dedicando la vida de Machado (que yo había comprado en Pérgamo) y completamente solo Benjamín Prado dedicando su Mala gente que camina (y vamos de Machado), pintándome una estrella de la suerte y jaleando mi libro. Tiene su gracia dedicar desde fuera al de dentro entre risas y besos.

La feria, con su mugre y su jaleo, tiene un encanto que no se borra ni cuando firma Florinda Chico.

Fecha: 05/06/2006 03:40.


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Autor: Anacrusa

No, Anónimo no, Anacrusa. Que pensando en que me tengo que acordar de escribir que la nieve es blanca con minúscula para que me aceptre el comentario, no me acuerdo de poner mi nombre.

Fecha: 05/06/2006 03:42.


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Autor: isabelbarcelo

No sé si tu experiencia de maltrato se limita a la feria del libro. Puedo decirte que, en general, hoy parece que cuando vas a una tienda te hacen un gran favor sólo con dejarte entrar. Ya los buenos modos han decaído mucho. Yo fui a la feria del libro de Valencia y también encontré - como siempre - que en todas partes había los mismos libros (léase:los best-sellers) y eso deprime un poco. Es lo que hay. Al menos pudiste comerte un cocido. Saludos.

Fecha: 06/06/2006 19:36.


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Autor: Eduardo

Enhorabuena. Salir de allí sin cátaros ni templarios tiene mérito. Yo este año no me he atrevido a pisar la Feria por no verlos.

Fecha: 09/06/2006 12:54.


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