
Cuenta don Juan Andrés, acerca del Milán ilustrado, lo siguiente:
“Te hablaré en lugar de éstos de otro, que aunque tal vez pensado por fines políticos y de propio interés, no deja de ser útil al público, y contribuir a la educación y al provecho de los pobres, y por ello puede de algún modo entrar entre los piadosos. Cuando por las nuevas disposiciones del emperador José II quedó vacío el antiguo esgástulo, pensó un fabricante de Como en aprovecharlo, y lo obtuvo del gobierno para establecer allí sus fábricas según el método que había ideado. En él mantiene siempre en ejercicio unos cuarenta telares de ropas de seda, y algunos otros ociosos ahora, que tal vez con el tiempo podrá emplearlos. Para trabajar en estos telares y en algunas otras obras análogas, mantiene niños y niñas, que si mal no me acuerdo eran más de cuarenta los niños, y las niñas cerca de ochenta. Éstas tienen sus directoras y maestras, y dormitorios grandes y con mucha limpieza; como también tienen los suyos aparte los niños, y sólo se juntan para algunos ejercicios de religión, y alguna rara vez para alguna labor. Las ventajas que consiguen los niños y niñas son alojamiento y mantenimiento, aprender un arte u oficio, y lograr educación cristiana y civil. Los gastos del dueño de la fábrica son grandes, como podrás figurarte, en camas, víveres y tantas cosas que lleva consigo el mantenimiento de dos comunidades semejantes. Con todo, como él me decía, no faltan ventajas que los compensen: las manos de tantas personas dirigidas y gobernadas a su modo, el ahorro de tiempo de éstas, no teniendo que perderlo en ir y volver a sus casas y desviarse del trabajo, la facilidad y comodidad de aprovechar todos los días por lluviosos y malos que sean, y varias otras que la experiencia le enseña, le compensaban abundantemente los gastos, cuidados, fatigas y penas que lleva consigo un establecimiento semejante, y se daba por muy contento, y esperaba que de día en día fuese prosperando más y más, y produjese mayor ganancia a su fábrica y más provecho al público. ¡El señor le bendiga y dé todo cumplimiento a sus deseos! Cuanto contribuye a educar y emplear el pueblo bajo, y a librarlo de la mendiguez y ociosidad, jamás se podrá alabar como merece: la mendicidad proviene casi siempre de la falta de educación, de la flojedad, poltronería, desaplicación y pereza en los primeros años, y a veces también del desamparo y falta de auxilio y medios en los que tal ve se hubieran aplicado a aprender algún oficio para ganarse el pan y vivir honradamente sin envilecerse a pordiosear.”
No aclara don Juán cómo se organizaba la alimentación de semejante tropa. Sospecho que se comían a los que no podían resistir hasta el final de la jornada... Pero bueno, hay que reconocer que, al margen de lo acertado de los elogios a este Henry Ford ilustrado, no deja de soltar don Juan Andrés alguna perla de las suyas:
“Y quien asista y dé medios para esta educación de la gente pobre merece más elogios, premios y estatuas que tantos políticos y militares que no tienen otro mérito que el de haber saqueado los pueblos, haber muerto millares de hombres y haber deshonrado a la humanidad. “
Cartas familiares del abate D. Juan Andrés a su hermano D. Carlos Andrés, dándole noticia del viage que hizo a varias ciudades de Italia en el año 1791, publicadas por el mismo D. Carlos. Tomo IV. 1793
En Cartas Familiares (Viaje de Italia), vol. II. Juan Andrés. Ed. Verbum, 2004